martes, 16 de marzo de 2010

Lo que puede hacer un simple pantalón.

Adoro los pantalones. Me gustan de cualquier tipo. Pero tengo un problema con una de las formas de pantalón; los largos campanas o rectos. Y es que es desquiciante ponerse unos pantalones con unos zancos de doce centímetros y seguir arrastrándolos.

Esto viene por algo concreto que me pasó el sábado pasado. Iba a una fiesta de cumpleaños en un bar de Tribunal. Para la ocasión vaqueros con boot cut, camiseta y botas de piel y madera. Hasta ahí todo perfecto.

Lo malo fue que al salir de casa empecé a notar que sólo se escuchaba uno de mis pies al andar. Y eso ya me molesta. Si hubiese llevado prácticamente cualquier tipo de zapato de tacón habría sido preocupante porque eso es que o he perdido uno o se me ha desgastado una tapa. Pero es más precupante aún cuando llevas botas con un tacón tan ancho como un puño.

Me miran y me siento ridícula, incluso parece que ando coja. Me asomo para ver mis talones y veo que voy arrastrando y pisando unos veinte centímetros de pantalón.

Aquí es cuando mi nivel de rabia se dispara y me acuerdo del tiempo perdido cosiendo el bajo, poniendo imperdibles y haciéndole un agujero más al cinturón.

Es lo que tiene ser bajita, que las rodilleras te llegan por los tobillos y los bajos acumulan mierda primero y se rompen después....

¿Pantalones bonitos para las bajitas?

domingo, 14 de marzo de 2010

Mi foto perdida.

Acabo de recordar una anécdota curiosa de hace unos cuatro o cinco años. Yo no era más que una adolescente sin acné pero con mucha tontería y un pavo tan grande en la cabeza que tenía vida propia.
Paseando por Granada con una amiga y una prima se nos acercaron tres guiris con sus sandalias y calcetines aunque muy fashion. Uno de ellos iba cargado con una cámara de fotos tan grande como las tetas que por entonces me hubiera gustado tener. También llevada un trípode pero evidentemente solo me fijé en la cámara.
La mujer guiri nos preguntó si nos importaba que nos hiciese una foto no sin antes comentar que era un fotógrafo muy famoso. La respuesta era obvia, si, of course, por supuesto, cómo no, yes, yes, yes....
No recuerdo exactamente en qué parte de Granada estábamos, pero sí el fondo de la foto. Una tienda cerrada con la puerta llena de graffitis. Unas ancianitas que había por allí empezaron a gritar: "¡Niña! que no te haga la foto ahí que eso é' mu' feo!" Yo ni me moví del sitio donde me colocó el fotógrafo pero mi amiga le dió la razón a las señoras y empezó a quejarse. Los pobres guiris no entendían nada de lo que mi amiga les decía y nosotras con nuestro cutre-inglés tampoco les entendíamos a ellos.
Después de un buien rato de escándalo, quejas, "oh my god", "pero por Dió" etc., mi amiga accedió a ponerse en su lugar y dejarse hacer la foto de una puta vez.

Pobre fotógrafo.

Y ahora que me acuerdo de esto me arrepiento no haberle preguntado a ese fotógrafo al menos su nombre. A lo mejor mi cara ha estado expuesta en una galería de arte londinense y no lo sé. A lo mejor mi look de aquélla época ha sido criticado y no he tenido oportunidad de defenderme alegando mi ataque de locura transitoria por el viaje y las hormonas adolescentes.

A lo mejor era Scott Schuman y le gustó nuestro look. Tal vez mi foto haya estado colgado en The Sartorialist o algo parecido y no lo sé. Una pena.....

miércoles, 10 de marzo de 2010

No cuaja.

Tras una larga temporada -una semana y algo- sin postear hoy solo voy a escribir una mierda de entrada. Tuve un virus informático, algo que jamás he entendido y que con el tiempo, tampoco entenderé.
Además llevo un par de semanas sin conversaciones del todo inspiradoras y por lo tanto no tengo ideas que terminen de cuajar.

Necesito una copa, a mi mejor amiga y a mi amigo gay. También me hace falta sexo, un masajista y un armario más grande.

lunes, 22 de febrero de 2010

domingo, 21 de febrero de 2010

Fumadores VS Ex-fumadores.

Desde hace algún tiempo cada vez que voy a un bar tengo que aguantar la conversación ya dada de sí, destrozada y desgastada del tabaco. Ya he contestado trescientas veces “desde los catorce” y “porque me gusta”.
No-fumadores se quejan
de que el humo les molesta. Comprensible. No-fumadores se quejan de que la ropa huele mal. Comprensible. No-fumadores se quejan de muchas cosas. Bueno, también comprensible. E incluso soportable.

Lo que no es comprensible ni soportable son los ex-fumadores. Esos individuos que se quejan tanto. Más incluso, que los no-fumadores. Personas que pasan horas alardeando de la gran proeza de dejar de fumar, de las innumerables ventajas consecuencia de ello y de lo cabrones e intolerantes que somos los fumadores.

No lo aguanto. Soy una intolerante. Pero es que es inevitable. Con su aparente estoica actitud ante el tabaco ahora que lo han dejado, me bombardean con sus métodos inhumanos para haberlo conseguido. De pronto, tras haber abandonado el vicio se sienten unos elegidos e iluminados por una luz que antes el humo de sus cigarrillos tapaba se dedican a predicar su nueva religión de ex-fumadores, en realidad una imitación barata y además pesada de la de no-fumadores.

Creo que su maldito problema es una mezcla entre la mala exteriorización de su gran problema –la envidia que nos tienen a los fumadores- y de la idealización de los no-fumadores reales, a los que tienen en un pedestal tan alto que no saben cómo subirse.

Pero no me extraña su malestar. Dejar de fumar también tiene inconvenientes. El primero de ellos es que uno se convierte en ese tipo de personas calificadas como mono-tema: “llevo dos días sin fumar”, “llevo un mes sin fumar”, “dejar de fumar es lo mejor que he hecho en mi vida” y un largo etcétera. Las antes situaciones cómodas y cosas maravillosas que uno hacía pasan a ser terribles pues tenían implantadas el hábito del cigarro –tomar un café, una copa, el cigarrito de después de-. Dejar de fumar encima engorda y provoca trastornos alimenticios, desde ponerse como un tonel porque uno no puede dejar de comer hasta empezar a hacer mezclas extrañas con la comida y dejar de echarle azúcar al café.

El caso es que no puedo soportar ni comprender la lógica de un ex-fumador: Fuma, lo deja por su propia salud –a ver qué ex-fumador lo ha dejado por la salud de los demás- y luego viene a exigirme que yo lo deje porque afecta negativamente a los que están a mi alrededor.

*Nota: Y ahora en las bodas, ¿qué nos van a regalar? Tiene huevos que una no vaya a poder fumarse un puro ni en su propia boda….

jueves, 18 de febrero de 2010

Grandes Enseñanzas.

"Si un hombre se pide una hamburguesa, es que quiere esa hamburguesa y no la hamburguesa que ha pedido menos el trozo que tú te comas".

Chicas, ya sabéis.....

Cosas niños. I.

- ¿Por qué sin en España son las 12 en Ecuador son 6 horas menos? - Por que en España sólo tenemos 24 horas y en Ecuador sólo 6. - ¿Qué son los astros? - Los astros son asteroides que crecen en la tierra.

Cosas de niños (y adultos)

Los niños hacen lo que les da la gana mientras que los adultos les regañan. Y así, nos vamos haciendo con las nuevas generaciones y, si no conseguimos hacer de ellos adultos obedientes, no hay problema, para eso tenemos castigos.

En mi observación diaria de los últimos días he descubierto que los adultos casi nunca hacen lo que quieren. En realidad lo que hacemos a lo largo de un día va siendo, con el tiempo, cada vez más calculado, más organizado y preparado de antemano. Y no me vale la escusa del trabajo porque, algunos que gozamos de tiempo libre, tampoco nos dedicamos demasiado a hacer lo que nos viene en gana.

Pero es que encima somos tan hipócritas que criticamos esa vida que enseñamos supuestamente a vivir a los que vienen detrás. Nos quejamos de dinero, de amor, de comida, de tiempo, de ocio, de rutina….

Entonces, ¿qué hacemos? porque ni nos gusta nuestra vida eternamente planificada, ni soportamos la espontaneidad de la vida infantil….. Qué pena.

martes, 16 de febrero de 2010

Rabia.

Hoy mi nivel de rabia se ha disparado a tal punto que hasta he llorado. Insisto, de rabia, que no de pena.

Pero me ha dado aún más rabia cuando para descargar, le he dado una patada al sofá y en vez de desahogarme lo único que he conseguido ha sido casi romperme un pie - normal, estaba descalza-.

Suspender no es bueno ni para la mente, ni para el ánimo y menos aún, para la salud física.

lunes, 15 de febrero de 2010

¿Quién dijo que el inglés es fácil?

Entro a Tuenti. Mensajitos verdes. Una invitación a evento. Y me encuentro esto:

¿Quién dijo que el inglés es fácil?

Curso de 3 módulos:

1 - Modulo básico:

En español: Tres brujas miran tres relojes Swatch. ¿Qué bruja mira qué reloj?

En inglés: Three witches watch three Swatch watches. Which witch watch which Swatch watch?

2 - Modulo avanzado:

En español: Tres brujas 'travestis' miran los botones de tres relojes Swatch. ¿Qué bruja travesti mira los botones de qué reloj Swatch?

En inglés: Three switched witches watch three Swatch watch switches. Which switched witch watch which Swatch watch switch?

3 - Para masters:

En español: Tres brujas suecas transexuales miran los botones de tres relojes 'Swatch' suizos. ¿Qué bruja sueca transexual mira a qué boton de qué reloj 'Swatch' suizo?

En inglés: Three Swedisch switched witches watch three Swiss Swatch watch switches. Which Swedisch switched witch watch which Swiss Swatch watchswitch?

Ahora entiendo porqué le dicen wachi wachi al Inglés....

La abundancia no facilita las cosas.

Buscando modelito para salir de fiesta. Hecho. Pero me falta elegir zapatos. Opción uno: botas altas de piel. Queda bien pero poco tacón. Opción dos: sandalias de piel con tachuelas y taconazo. Queda bien pero me moriré de frío por mucho que se lleven las sandalias. Opción tres: Peep toe negro. Queda bien pero cambia totalmente el look. Opción cuatro: Peep toe granate. Ídem. Opción cinco: Botas altas de ante y taconazo. Mierda, llueve, pero queda genial. Pruebo varias opciones más. Hmm…no me decido. Bueno, tengo 15 minutos. Pruebo otro, vuelvo a las botas de piel. No. Pruebo otra vez con las sandalias. El frío me echa para atrás. Pruebo con bailarinas. Genial, pero necesito tacón –total, los pies me dolerán igual porque andaré de puntillas, por lo menos intentar evitar el dolor de cuello- Pruebo los Peep toe. Pruebo el ante. Pruebo sandalias, pruebo botines. Joder, llego tarde.

En inevitable. Cuando hay abundancia una no puede no comparar. Te gusta lo positivo de todo y sabes que si te pones las sandalias, por muy bien que queden, echarás de menos el calorcito de las botas, que si te pones las bailarinas, te arrepentirás de no llevar tacón y que si te pones los Peep toe, echarás de menos la comodidad del zapato plano. Me encantan los zapatos. Y es por eso que odio tener que decidirme por unos en concreto. Cada par tiene sus cosas buenas y sus cosas malas y cuantos más pares, más comparas.

Lo mismo ocurre con los novios/rollos/amigos especiales/amigos con categoría para bodas/follamigos y un largo etc. Cuando tienes muchos ex – lo que sea no puedes evitar comparar. Que si menganito hacía esto, fulanito decía aquello y Jaimito decía lo de más allá. Que si este me regalaba, el otro me llevaba, ese me decía, de aquél me gustaba. Y al final una termina buscando uno que tenga todas las cosas positivas de los anteriores, pero como con los zapatos, unas sandalias nunca serán calentitas ni unas bailarinas de harán las piernas kilométricas.
Me da la sensación de que aunque la abundancia, tanto de zapatos como de hombres, es divertida, al final termina siendo un problema; probar tantas cosas buenas y malas termina por frustrar a una que, en busca de la perfección, se gasta el sueldo en zapatos y llega siempre tarde a todas partes.

También habría que pensar en que los zapatos tienen una edad. Es decir, que una señora con juanetes no puede ponerse mis sandalias de vértigo. Y yo, no voy a utilizar zapatos ortopédicos a mi edad. Así que la búsqueda al menos, descarta, según la edad, algunos tipos de zapatos. Eso me consuela.

No obstante hay una búsqueda que creo puedo dar por zanjada. Ahora me faltan los zapatos perfectos…..

lunes, 8 de febrero de 2010

Suceso perruno.

Terrible. Subo en el ascensor. Abro las puertas -es un ascensor antiguo, así funciona- y cuando me doy la vuelta para cerrarlas oigo detrás de mí el ladrido de El Perro. La puerta de su casa abierta. Clic clic clic clic; las patas del perro que se me acerca. Oigo su respiración. Ladra. Mierda viene a por mí. Dueña sale detrás de el.

- ¿Pero porqué me ladra?

- Eso digo yo, ¿porqué te ladra?

-Ah, pues no sé.

- No te preocupes que no hace nada.



"No te preocupes que no hace nada" ¿Y a mí qué que no haga nada? Tu perro de metro y medio de largo por uno de alto me acojona. Joder.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cumplir años

Qué pesado se hace cumplir años. Mi abono ya no es naranja, sino rojo. El color de la pasión dirán algunos. Mentira podrida. El color del peligro y del prohibido. Peligro, menos sexo, peligro, arrugas, peligro, celulitis, peligro, más responsabilidades, peligro un largo etcétera. Prohibido, piyarse cogorzas a tal edad, prohibido, ser infantil, prohibido, ser irresponsablie, prohibido, preguntar la edad de los demás, prohibido, quejarte. Pero lo peor no es el color, es lo que cuesta, como si de un día para otro una se hubiese hecho rica.

Cumplir años es terrible, al menos, para mí. Ahora la gente espera más de mi, que sea más responsable, "que ya tienes una edad", que ya no eres una adolescente, que tienes responsabilidades, que ya no puedo depender tanto de mamá, que ya no puedo pedir dinero para salir, que ya no puedo hacer cosas de niños, que ya no puedo hacer el payaso....

Pero bueno, ¿es que tengo que cambiar en un día? Es que como ayer tenía una edad y hoy otra, tengo que cambiar mi forma de ser o de actuar...

Pues lo siento mucho (por vosotros más que por mi) pero no pienso dar de sí ni un poquito. Seguiré emborrachándome los fines de semana pertinentes, seguiré siendo una fumadora empedernida, seguiré siendo infantil y seguiré eludiendo responsabilidades. Que os den.

¡Ah! Por cierto, mi abono es naranja hasta junio.... lo que me da para una buena juerga.... o un par de zapatos.

sábado, 30 de enero de 2010

Defendiendo a las amigas

Entre amigos:

- Si tocas a mi amiga te hago pedacitos y luego te fumo como si fieras hierba.
- ¿En el sentido de que quieres defender a tu amiga o como medio para fumarte un buen porro?

Yo cada día, me sorprendo más....

viernes, 29 de enero de 2010

Sujetadores.

Anoche salí de fiesta a celebrar la masacre del último examen. Suspenso. Pero esto no viene a cuento. El caso es que hace unos días mi madre me regaló una camiseta pero con eso de que había que estudiar –cosa que claramente no hice- no la pude estrenar en su momento. Soy de esas personas que cuando se compran algo nuevo no pueden esperar para estrenarlo y anoche por fin, era la noche de la camiseta.

Pero la camiseta a pesar de ser la más pequeña que había en la tienda, me quedaba grande…. Y los que me conocen saben que no es porque sea una flacucha enclenque, sino que más bien soy menudita. Los tirantes me quedaban largos y daba igual como me pusiera, el sujetador se me veía. No tenía tiempo suficiente como para estar cosiendo, así que decidí probar con todos los sujetadores que tenía y no, no había opción de no llevar.

Lo de los sujetadores es todo un mundo. Hay sujetadores para cada tipo de camiseta y por supuesto, a mí me falta el adecuado para mi noche de estreno. Así que me probé uno, me lo quité, probé con otro, demasiado oscuro, me lo quité, probé con otro, demasiado exagerado, me lo quité, me probé otro, se veía todavía más, me lo quité. Y así durante media hora destrozándome las muñecas y los dedos abrochando y desabrochando sujetadores.

Ahora entiendo el miedo que tienen los hombres a los sujetadores. Son imposibles de desabrochar; y no me digáis que todos sois capaces de desabrocharlos con una mano en dos segundos porque no es cierto, ¡no puedo hacerlo ni yo!

Admiro a las mujeres que son capaces de ponerse un sujetador como Dios manda, es decir, abrochándolo en la espalda. Yo soy incapaz. Lo he intentado pero parezco una contorsionista y al final me acaban por crujir todos los huesos de la espalda. No puedo hacerlo. Tengo que abrocharlo por delante, darle la vuelta, subirlo y luego ponerme los tirantes. Y no sé porqué se me da tan mal, si es que tengo el pecho muy arriba o los brazos muy cortos.

De hecho, mi sujetador favorito es uno que se abrocha delante. Cuando lo descubrí me enamoré de él. Y me gustó aún más cuando Elmismoperomío fue a desabrocharlo.... tardó dos minutos, no exagero, en darse cuenta de que el broche estaba delante.

Sí, mi forma de ponerme un sujetador es tan cutre como los regalos de las cajas de cereales. Y nada sexy. No me atrevería a hacerlo delante de Elmismoperomío. Así que, cuando él está delante le pido a él que lo abroche; así mato dos pájaros de un tiro: yo no me tengo que contorsionar y por supuesto, él está encantado con poder hacerlo.
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