Posición de partida: Tienes los nuevos de Christian Louboutin.
- Socialismo: El gobierno nacionaliza tus zapatos y te paga el precio de las primeras alpargatas que te compres.
- Comunismo: El gobierno requisa tus zapatos y te da unas alpargatas (por supuesto grises e iguales a las de todo el mundo).
- Fascismo: El gobierno se apropia de tus zapatos y te vende unas alpargatas.
- Nazismo: Una vez requisados tus zapatos, el gobierno te encarcela para que no protestes – y evidentemente, te dejan descalza-.
- Democracia: El gobierno te deja tus zapatos y allá tu… vende los zapatos o tu armario para pagar los impuestos por tenerlos.
- Capitalismo: Vende los zapatos, estudia una carrera, hazte diseñador y crea tu propia empresa. Puede que sobren zapatos o falten compradores. Si sobran zapatos baja el precio y te arruinas; si faltan compradores no vendes y te arruinas.
- Nacionalismo: Ocurre cualesquiera de los casos anteriores pero previamente los zapatos se tiñen con los colores de la región.
Conclusión: No te compres sólo un par por si acaso, compra dos y al menos conservarás uno.
jueves, 14 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
Los hombres de verdad.
El otro día, cenando en un mexicano, salió a conversación el tema cine y entre varias películas salió -cómo no por otra parte- Avatar.
No voy a hacer una crítica de la película –aunque podría- pero no es lo me interesa ahora. El caso es que a una persona de los allí presentes le pareció que era increíble que no necesitaran actores para hacer películas y ella veía que los estos no formaban parte del futuro del cine. No fue su opinión lo que me sorprendió, sino pensar que llegados a un punto, podría ser verdad.
Así que pensado deduje que, tarde o temprano la informática terminará sustituyendo a los actores y seguro que también a los cantantes, fotógrafos, pintores, músicos, bailarines y al gremio artístico completo. Y entonces la población famosa se reduciría al mínimo… ¡No sobreviviría ni Belén Esteban! Joder, prácticamente desaparecería el cotilleo. Porque digo yo, ¿a quién le importa –sin ánimo de ofender- lo que un informático creador de personajes hechos por ordenador, lleve puesto sobre una alfombra roja?
Pero el fin del cotilleo y alfombras rojas vacías de vestidos caros no serían las únicas consecuencias. Es difícil explicar este tema, sobre todo intentando evitar el lenguaje soez –Madre de Elmismoperomío por lo visto me lee-. Creo que las fotos de hombretones de película con el torso desnudo y brillante desaparecerían de Tuenti y Facebook… y si no, seguro que no se verían más los millones de etiquetas de mujeres que han ido colocándose en cada cuadradito abdominal del individuo en cuestión. Y esto ya sí que no es aceptable. Es que, ¿en la foto de quién nos vamos a etiquetar? En la de un bicho de dos metros de color azul?
Porque vale que Johnny Deep sea inalcanzable, vale que Orlando Bloom también, pero al menos una puede soñar… o como mínimo tiene oportunidad de encontrarse con el cantante de Pereza en una discoteca o en las fiestas del barrio –os juro que ocurrió de verdad- y de soñar un poquito.... Y despertarse como diría Soko “wet”. No podemos pasar las noches soñando con seres que no existen, ya es bastante deprimente tener que hacerlo con inalcanzables hombres de carne y hueso.
Así que, personalmente, no estoy dispuesta a fantasear con unos píxeles. Por favor, gente de verdad, que al menos sirva para un molde con el que jugar.
No voy a hacer una crítica de la película –aunque podría- pero no es lo me interesa ahora. El caso es que a una persona de los allí presentes le pareció que era increíble que no necesitaran actores para hacer películas y ella veía que los estos no formaban parte del futuro del cine. No fue su opinión lo que me sorprendió, sino pensar que llegados a un punto, podría ser verdad.
Así que pensado deduje que, tarde o temprano la informática terminará sustituyendo a los actores y seguro que también a los cantantes, fotógrafos, pintores, músicos, bailarines y al gremio artístico completo. Y entonces la población famosa se reduciría al mínimo… ¡No sobreviviría ni Belén Esteban! Joder, prácticamente desaparecería el cotilleo. Porque digo yo, ¿a quién le importa –sin ánimo de ofender- lo que un informático creador de personajes hechos por ordenador, lleve puesto sobre una alfombra roja?
Pero el fin del cotilleo y alfombras rojas vacías de vestidos caros no serían las únicas consecuencias. Es difícil explicar este tema, sobre todo intentando evitar el lenguaje soez –Madre de Elmismoperomío por lo visto me lee-. Creo que las fotos de hombretones de película con el torso desnudo y brillante desaparecerían de Tuenti y Facebook… y si no, seguro que no se verían más los millones de etiquetas de mujeres que han ido colocándose en cada cuadradito abdominal del individuo en cuestión. Y esto ya sí que no es aceptable. Es que, ¿en la foto de quién nos vamos a etiquetar? En la de un bicho de dos metros de color azul?
Porque vale que Johnny Deep sea inalcanzable, vale que Orlando Bloom también, pero al menos una puede soñar… o como mínimo tiene oportunidad de encontrarse con el cantante de Pereza en una discoteca o en las fiestas del barrio –os juro que ocurrió de verdad- y de soñar un poquito.... Y despertarse como diría Soko “wet”. No podemos pasar las noches soñando con seres que no existen, ya es bastante deprimente tener que hacerlo con inalcanzables hombres de carne y hueso.
Así que, personalmente, no estoy dispuesta a fantasear con unos píxeles. Por favor, gente de verdad, que al menos sirva para un molde con el que jugar.
El peligroso juego Party&Co.
Jugando al Party&Co. Prima hace pregunta. Amigaaúnadolescente y Hermana responden.
Pregunta: "¿En qué país africano...?" -No recuerdo bien la pregunta, pero tenía algo que ver con España -A Amigaaúnadolescente le cambió la expresión por completo; con lo habladora que era ella estuvo callada durante unos segundos eternos y parecía que la cara iba a rompérsele en pedacitos y a caerse haciendo un ruido estremecedor, como si fuera un espejo. Se acercó a Primaquepregunta y susurrando le comentó algo. Primaquepegunta empezó a cambiar de color, de blanco a rojo pasando por morado y, tras un enorme esfuerzo, soltó una carcajada. Todos miramos y, Amigaaúnadelescente, con la risa a la defensiva que uno hace cuando intenta reírse de sí mismo por algo realmente vergonzoso, nos dejó a todos pasmados con su terrible pregunta: "¿Es que en África hay países?"
Aquél día le rompimos por completo todos los esquemas mentales que tenía. Eso sí que fue un aprendizaje significativo y no las chorradas que vemos a diario.....
Por cierto, la respuesta, era Etiopía. Nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo....
Hoy he salido triunfante en mi habitual guerra con las naranjas/mandarinas. Simpre que intento comerme una se me quedan las uñas amarillentas y rellenas de piel de naranja, muy desagradable. Sin embargo hoy he conseguido comerme una sin tener que pelarla. Le ofrecí a ÉlMismoperomío la mitad, eso sí, juro que no era consciente de lo que pasaría después.
Él sonreía mientras yo luchaba contra la indeseable piel de naranja y la verdad es que no es precisaente agradable que se rían de una cuando está sufriendo por sus uñas. No había quitado ni una décima parte de piel cuando le planté la fruta en la mano y le suelto tan pampante la siguiente excusa:"Es no quiero que se me quede el olor de la naranja en las manos, no combina con mi Loewe."
Y ha pelado la naranja....
Él sonreía mientras yo luchaba contra la indeseable piel de naranja y la verdad es que no es precisaente agradable que se rían de una cuando está sufriendo por sus uñas. No había quitado ni una décima parte de piel cuando le planté la fruta en la mano y le suelto tan pampante la siguiente excusa:"Es no quiero que se me quede el olor de la naranja en las manos, no combina con mi Loewe."
Y ha pelado la naranja....
lunes, 11 de enero de 2010
¿¡Compras?!
¿Será posible que, para subir a la sección de deportes de El Corte Inglés haya que convertirse en una Lara Croft o un ninja? ¡Cuidado con la sección de cosmética! Todas esas chicas con sus estupendos trajes de chaqueta tan poco favorecedores dispuestas a rociarte lo que sea en cuanto te aproximes o para abordarnos con sus megaofertas especiales....
- Agachar la cabeza.
- Apretar el paso.
- Hablar por teléfono -si no te lo han robado previamente en el metro-
- No mirar directamente a los ojos.
Aún así hay veces que el disparo llega. No hay problema que te hieran con Chanel nº5, pero esto es poco probable.
- Agachar la cabeza.
- Apretar el paso.
- Hablar por teléfono -si no te lo han robado previamente en el metro-
- No mirar directamente a los ojos.
Aún así hay veces que el disparo llega. No hay problema que te hieran con Chanel nº5, pero esto es poco probable.
Tacones.
No sé si es que me respetan, me halagan o me hacen la pelota. Siempre que llevo tacones -sólo se merece considerar tacón a partir de ocho centímetros en adelante- mis amigos/as hace una pregunta como de rigor:"¿Cómo puedes andar/aguantar/bailar con eso?"
En fin, todo depende de la calidad del zapato -en realidad de lo que cuesten y/o de lo bonitos que sean-
¿Y si eres incapaz de andar con unos tacones de 12 cm? Todo depende de hasta dónde seas capaz de llegar por parecer tanto más alta. Desde luego que yo, con mi estatura, sería capaz de meterme en unos de Mila Schon.... eso sí, sin llevarlos a modo de clutch como tuvieron que hacer muchas de sus modelos en la pasarela italiana....
En fin, todo depende de la calidad del zapato -en realidad de lo que cuesten y/o de lo bonitos que sean-
¿Y si eres incapaz de andar con unos tacones de 12 cm? Todo depende de hasta dónde seas capaz de llegar por parecer tanto más alta. Desde luego que yo, con mi estatura, sería capaz de meterme en unos de Mila Schon.... eso sí, sin llevarlos a modo de clutch como tuvieron que hacer muchas de sus modelos en la pasarela italiana....
Mi abuelo Ramón.
Aquella foto olvidada en un cajón del escritorio de mi abuelo Ramón despertó a mis doce años la curiosidad que me llevó a investigar a lo largo de varios años el rastro de aquellos niños que salieron de su pueblo natal para embarcarse en un largo viaje de esperanza hacia la tierra prometida.
Quizás fueron aquellas pesquisas las que me llevaron a aficionarme a la labor de investigación de la que haría mi profesión como Inspector de Policía, abandonando así los anhelos paternos de la saga familiar que había iniciado mi abuelo como reputado empresario. De lo que no hay ninguna duda es que aquella foto supuso para mí el descubrimiento de un mundo infantil desconocido, que mi abuelo Ramón había querido olvidar para siempre.
Los niños de la foto nunca me hubieran llamado la atención si aquel pequeño de la primera fila, - el tercero empezando por la izquierda - con ambas manos metidas en sus bolsillos y gesto suspicaz, no hubiera sido como verme a mi mismo disfrazado. Supe inmediatamente que tenía que ser mi propio abuelo, y esto era en sí mismo un grandísimo descubrimiento, ya que nunca hubiera imaginado que nos podíamos parecer lo mas mínimo.
Guardé la foto en uno de los cajones de la habitación de juegos que tenía en la casa familiar y empecé a hacer indagaciones. Poco pudieron decirme mis padres, y mi abuela negó cualquier parecido con el niño de la foto. Pero poco a poco fui juntando datos y finalmente comprendí que mi abuelo no había nacido en Figueras y que aunque me costara años tenía que saber la verdad de su historia.
Han pasado veinte años desde que hiciera aquel descubrimiento y hoy he podido decirle a mi abuelo, que ha cumplido 90 años, qué fue de aquella niña que estaba junto a él en la foto y que sé que siempre ha llevado en su corazón.
La fotografía se hizo el día 15 de noviembre de 1930 con la finalidad de publicarla en un periódico local, ensalzando al ilustre benefactor, Juan Diego de Villar, que para ayudar a los niños huérfanos del pueblo minero de Cistierna, corrió con los gastos de viaje hasta A Coruña y desde allí en un barco a México, donde acogerían a los niños una institución por él mismo fundada que les ayudaría a abrirse un camino en el nuevo mundo para convertirles en hombres y mujeres de provecho, alejados de las penurias que sus padres habían sufrido en la minas.
Entre aquellos niños estaba Eleonor la única hermana de mi abuelo y Julián, su mejor amigo, un niño pendenciero y espabilado, que aparece junto a él en la foto. El 31 de diciembre de aquel mismo año mi abuelo Ramón se despidió de ellos para siempre, se escapó en mitad de la noche del barco en el que debían zarpar, dándole a cada uno de ellos un beso en la frente. Intuía mi abuelo que siempre ha sido un “zorro” que al llegar al nuevo mundo nada bueno les podía esperar, porque quedarían a cargo de un tal Damián (que aparece en la última fila de la foto con gorra y con bigote). Nada pudo decirle a su hermana ni a sus amigos, porque ellos tenían unas inmensas esperanzas en el viaje, y temía que al contarles sus sospechas acabaría enterándose el tal Damián y lo encerraría en la bodega del barco.
Mi abuelo cambió de apellido, trabajó muy duro y debido a su sagacidad se hizo muy rico. Nunca olvidó a su hermana y a su amigo, pero su conciencia no le permitió indagar en el que fuera el destino de ambos por temor a saber que habían tenido una vida de penurias. Le dije que solo le diría la verdad del resultado de mi investigación, y hoy por fin le he podido decir que Eleonor y Julián también resultaron vencedores en la lucha contra la adversidad, que emigraron desde México a los Estados Unidos ayudados por un sacerdote salesiano y que han vivido juntos y felices hasta que la muerte se llevó a Eleonor a los 80 años, y pocos meses después a Julián. Vivieron siempre con el recuerdo de Ramón, en la creencia de que este se había ahogado aquel 31 de diciembre de 1930 al caerse al agua.
Hoy he visto llorar por primera vez a mi abuelo.
Quizás fueron aquellas pesquisas las que me llevaron a aficionarme a la labor de investigación de la que haría mi profesión como Inspector de Policía, abandonando así los anhelos paternos de la saga familiar que había iniciado mi abuelo como reputado empresario. De lo que no hay ninguna duda es que aquella foto supuso para mí el descubrimiento de un mundo infantil desconocido, que mi abuelo Ramón había querido olvidar para siempre.
Los niños de la foto nunca me hubieran llamado la atención si aquel pequeño de la primera fila, - el tercero empezando por la izquierda - con ambas manos metidas en sus bolsillos y gesto suspicaz, no hubiera sido como verme a mi mismo disfrazado. Supe inmediatamente que tenía que ser mi propio abuelo, y esto era en sí mismo un grandísimo descubrimiento, ya que nunca hubiera imaginado que nos podíamos parecer lo mas mínimo.
Guardé la foto en uno de los cajones de la habitación de juegos que tenía en la casa familiar y empecé a hacer indagaciones. Poco pudieron decirme mis padres, y mi abuela negó cualquier parecido con el niño de la foto. Pero poco a poco fui juntando datos y finalmente comprendí que mi abuelo no había nacido en Figueras y que aunque me costara años tenía que saber la verdad de su historia.
Han pasado veinte años desde que hiciera aquel descubrimiento y hoy he podido decirle a mi abuelo, que ha cumplido 90 años, qué fue de aquella niña que estaba junto a él en la foto y que sé que siempre ha llevado en su corazón.
La fotografía se hizo el día 15 de noviembre de 1930 con la finalidad de publicarla en un periódico local, ensalzando al ilustre benefactor, Juan Diego de Villar, que para ayudar a los niños huérfanos del pueblo minero de Cistierna, corrió con los gastos de viaje hasta A Coruña y desde allí en un barco a México, donde acogerían a los niños una institución por él mismo fundada que les ayudaría a abrirse un camino en el nuevo mundo para convertirles en hombres y mujeres de provecho, alejados de las penurias que sus padres habían sufrido en la minas.
Entre aquellos niños estaba Eleonor la única hermana de mi abuelo y Julián, su mejor amigo, un niño pendenciero y espabilado, que aparece junto a él en la foto. El 31 de diciembre de aquel mismo año mi abuelo Ramón se despidió de ellos para siempre, se escapó en mitad de la noche del barco en el que debían zarpar, dándole a cada uno de ellos un beso en la frente. Intuía mi abuelo que siempre ha sido un “zorro” que al llegar al nuevo mundo nada bueno les podía esperar, porque quedarían a cargo de un tal Damián (que aparece en la última fila de la foto con gorra y con bigote). Nada pudo decirle a su hermana ni a sus amigos, porque ellos tenían unas inmensas esperanzas en el viaje, y temía que al contarles sus sospechas acabaría enterándose el tal Damián y lo encerraría en la bodega del barco.
Mi abuelo cambió de apellido, trabajó muy duro y debido a su sagacidad se hizo muy rico. Nunca olvidó a su hermana y a su amigo, pero su conciencia no le permitió indagar en el que fuera el destino de ambos por temor a saber que habían tenido una vida de penurias. Le dije que solo le diría la verdad del resultado de mi investigación, y hoy por fin le he podido decir que Eleonor y Julián también resultaron vencedores en la lucha contra la adversidad, que emigraron desde México a los Estados Unidos ayudados por un sacerdote salesiano y que han vivido juntos y felices hasta que la muerte se llevó a Eleonor a los 80 años, y pocos meses después a Julián. Vivieron siempre con el recuerdo de Ramón, en la creencia de que este se había ahogado aquel 31 de diciembre de 1930 al caerse al agua.
Hoy he visto llorar por primera vez a mi abuelo.
domingo, 10 de enero de 2010
Resistencia.
Siempre he creído que llegado cierto punto, todos tenemos que tomar alguna decisión importante; y siempre he creído que la respuesta ante un problema era la misma para todos.
La buena decisión es siempre el chico moderado, inteligente, estudioso, trabajador…. Y la mala el tío salvaje de pantalones desgastados y camiseta de tirantes que te lo haría en cualquier parte.
La buena decisión es gastarse ochenta euros en unos zapatos básicos de temporada, la mala es gastarse quinientos euros en unos zapatos extravagantes, buenos, cómodos e imposibles de combinar. La buena decisión es siempre estudiar una carrera, la mala es no hacerlo…. O tal vez no, todo depende.
Yo tomé una buena decisión de doble valor, me matriculé en dos carreras a la vez. Y justo ahora, cuando estoy al límite y queda poco para terminar me arrepiento de mis excelentes decisiones. Ahora, en Navidad, cuando estoy de vacaciones haciendo nada en el sofá. ¿Es que no había otro momento? ¿No podría haberme arrepentido cuando entré en primero, cuando aún estaba a tiempo de dar marcha atrás? Por lo visto uno solo puede meditar cuando tiene tiempo libre…. Entonces, ¿nos conformamos con lo que tenemos, sin plantearnos nada sobre la vida que llevamos porque no tenemos tiempo libre para pensar en nosotros mismos? ¿O acaso es que sabemos qué hay que no nos gusta pero no hay tiempo suficiente para invertirlo en cambiar aquello que no nos gusta?
En realidad dudo que se deba al tiempo, pero con algo me tengo que desahogar. Lo que sí que está claro que uno de los mayores problemas que tenemos (y hablo tanto en general como en particular) es nuestra estúpida manía de resistir; de soportar, de aguantar, de mantener una situación que no nos gusta solo por miedo a que venga una peor.
La buena decisión es siempre el chico moderado, inteligente, estudioso, trabajador…. Y la mala el tío salvaje de pantalones desgastados y camiseta de tirantes que te lo haría en cualquier parte.
La buena decisión es gastarse ochenta euros en unos zapatos básicos de temporada, la mala es gastarse quinientos euros en unos zapatos extravagantes, buenos, cómodos e imposibles de combinar. La buena decisión es siempre estudiar una carrera, la mala es no hacerlo…. O tal vez no, todo depende.
Yo tomé una buena decisión de doble valor, me matriculé en dos carreras a la vez. Y justo ahora, cuando estoy al límite y queda poco para terminar me arrepiento de mis excelentes decisiones. Ahora, en Navidad, cuando estoy de vacaciones haciendo nada en el sofá. ¿Es que no había otro momento? ¿No podría haberme arrepentido cuando entré en primero, cuando aún estaba a tiempo de dar marcha atrás? Por lo visto uno solo puede meditar cuando tiene tiempo libre…. Entonces, ¿nos conformamos con lo que tenemos, sin plantearnos nada sobre la vida que llevamos porque no tenemos tiempo libre para pensar en nosotros mismos? ¿O acaso es que sabemos qué hay que no nos gusta pero no hay tiempo suficiente para invertirlo en cambiar aquello que no nos gusta?
En realidad dudo que se deba al tiempo, pero con algo me tengo que desahogar. Lo que sí que está claro que uno de los mayores problemas que tenemos (y hablo tanto en general como en particular) es nuestra estúpida manía de resistir; de soportar, de aguantar, de mantener una situación que no nos gusta solo por miedo a que venga una peor.
martes, 5 de enero de 2010
Los Reyes Magos.
Me parece estupendo que los Reyes Magos tiren caramelos... pero, ¿que los recojan? ¿No estamos un poco mayorcitos?
lunes, 4 de enero de 2010
A cuatro metros, porfavor.
Hace un par de años oí algo así como que una persona al estornudar despliega sus virus cuatro metros a la redonda. Desde ese día cada vez que me cruzo con alguien por la calle que estornuda o tose evito respirar hasta pasados al menos los cuatro metros.
Es horrible cuando te pilla habiendo justo soltado el aire....
domingo, 3 de enero de 2010
2. Mi príncipe azul.
¿Qué pasa con los hombres? Solo tengo veinte años si, pero se supone que toca ya, ¿no? Estoy en la flor de la vida, llevo taconazos, el pelo largo y ondulado y tengo problemas continuamente. ¿Dónde está el príncipe que debería venir a salvarme? ¿No me toca ya?
Y diréis que aún soy muy joven. Y estáis en lo cierto, pero las películas infantiles no me han dicho lo mismo, la televisión no me ha dicho lo mismo, los libros no me han dicho lo mismo. Recordemos la bella durmiente, por ejemplo; o la sirenita, Cenicienta, Blancanieves…. ¿cuántos años tenían? ¡Rondaban los dieciséis años!
Se supone que las mujeres somos independientes, trabajadoras y que gozamos de la misma libertad que los hombres. ¿Pero es realmente así o sólo una fachada? La verdad es que no nos han criado para la independencia, nos han timado toda la vida. Lees una novela romántica y ya estás jodida. Y en el fondo anhelas un rescate. No importa el tipo, vale un simple gesto, como que te ayuden con una mudanza o que te acompañen a casa.
Cuando somos pequeños a ellos les preparan para ser príncipes y a nosotras para ser princesas. A ellos les regalan coches de bomberos, guerreros, espadas, pistolas… a nosotras disfraces de princesas, nos pintaban la habitación de rosa y nos daban modelos en miniatura y sus fantásticos complementos. ¿Pero de verdad es entonces una cuestión de educación? ¿o va en los genes?
Siempre me preguntaré qué habría hecho yo si los Reyes Magos me hubiesen traído un arco y unas flechas. ¿Habría jugado a ser Robin Hood? ¿O me habría convertido en Cupido? Por fortuna ya hay películas en las que ellas rescatan y ellos son los rescatados; por fortuna tenemos mujeres que apagan fuegos, que detienen delincuentes, que juegan al fútbol, que dirigen una empresa o un país. Por fortuna ahora ellos también visten de rosa, llevan pendientes y hasta van de compras. ¿Pero juegan con muñecas? Y nosotras, ¿tenemos juegos de guerra?
Y diréis que aún soy muy joven. Y estáis en lo cierto, pero las películas infantiles no me han dicho lo mismo, la televisión no me ha dicho lo mismo, los libros no me han dicho lo mismo. Recordemos la bella durmiente, por ejemplo; o la sirenita, Cenicienta, Blancanieves…. ¿cuántos años tenían? ¡Rondaban los dieciséis años!
Se supone que las mujeres somos independientes, trabajadoras y que gozamos de la misma libertad que los hombres. ¿Pero es realmente así o sólo una fachada? La verdad es que no nos han criado para la independencia, nos han timado toda la vida. Lees una novela romántica y ya estás jodida. Y en el fondo anhelas un rescate. No importa el tipo, vale un simple gesto, como que te ayuden con una mudanza o que te acompañen a casa.
Cuando somos pequeños a ellos les preparan para ser príncipes y a nosotras para ser princesas. A ellos les regalan coches de bomberos, guerreros, espadas, pistolas… a nosotras disfraces de princesas, nos pintaban la habitación de rosa y nos daban modelos en miniatura y sus fantásticos complementos. ¿Pero de verdad es entonces una cuestión de educación? ¿o va en los genes?
Siempre me preguntaré qué habría hecho yo si los Reyes Magos me hubiesen traído un arco y unas flechas. ¿Habría jugado a ser Robin Hood? ¿O me habría convertido en Cupido? Por fortuna ya hay películas en las que ellas rescatan y ellos son los rescatados; por fortuna tenemos mujeres que apagan fuegos, que detienen delincuentes, que juegan al fútbol, que dirigen una empresa o un país. Por fortuna ahora ellos también visten de rosa, llevan pendientes y hasta van de compras. ¿Pero juegan con muñecas? Y nosotras, ¿tenemos juegos de guerra?
jueves, 31 de diciembre de 2009
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