lunes, 15 de febrero de 2010

¿Quién dijo que el inglés es fácil?

Entro a Tuenti. Mensajitos verdes. Una invitación a evento. Y me encuentro esto:

¿Quién dijo que el inglés es fácil?

Curso de 3 módulos:

1 - Modulo básico:

En español: Tres brujas miran tres relojes Swatch. ¿Qué bruja mira qué reloj?

En inglés: Three witches watch three Swatch watches. Which witch watch which Swatch watch?

2 - Modulo avanzado:

En español: Tres brujas 'travestis' miran los botones de tres relojes Swatch. ¿Qué bruja travesti mira los botones de qué reloj Swatch?

En inglés: Three switched witches watch three Swatch watch switches. Which switched witch watch which Swatch watch switch?

3 - Para masters:

En español: Tres brujas suecas transexuales miran los botones de tres relojes 'Swatch' suizos. ¿Qué bruja sueca transexual mira a qué boton de qué reloj 'Swatch' suizo?

En inglés: Three Swedisch switched witches watch three Swiss Swatch watch switches. Which Swedisch switched witch watch which Swiss Swatch watchswitch?

Ahora entiendo porqué le dicen wachi wachi al Inglés....

La abundancia no facilita las cosas.

Buscando modelito para salir de fiesta. Hecho. Pero me falta elegir zapatos. Opción uno: botas altas de piel. Queda bien pero poco tacón. Opción dos: sandalias de piel con tachuelas y taconazo. Queda bien pero me moriré de frío por mucho que se lleven las sandalias. Opción tres: Peep toe negro. Queda bien pero cambia totalmente el look. Opción cuatro: Peep toe granate. Ídem. Opción cinco: Botas altas de ante y taconazo. Mierda, llueve, pero queda genial. Pruebo varias opciones más. Hmm…no me decido. Bueno, tengo 15 minutos. Pruebo otro, vuelvo a las botas de piel. No. Pruebo otra vez con las sandalias. El frío me echa para atrás. Pruebo con bailarinas. Genial, pero necesito tacón –total, los pies me dolerán igual porque andaré de puntillas, por lo menos intentar evitar el dolor de cuello- Pruebo los Peep toe. Pruebo el ante. Pruebo sandalias, pruebo botines. Joder, llego tarde.

En inevitable. Cuando hay abundancia una no puede no comparar. Te gusta lo positivo de todo y sabes que si te pones las sandalias, por muy bien que queden, echarás de menos el calorcito de las botas, que si te pones las bailarinas, te arrepentirás de no llevar tacón y que si te pones los Peep toe, echarás de menos la comodidad del zapato plano. Me encantan los zapatos. Y es por eso que odio tener que decidirme por unos en concreto. Cada par tiene sus cosas buenas y sus cosas malas y cuantos más pares, más comparas.

Lo mismo ocurre con los novios/rollos/amigos especiales/amigos con categoría para bodas/follamigos y un largo etc. Cuando tienes muchos ex – lo que sea no puedes evitar comparar. Que si menganito hacía esto, fulanito decía aquello y Jaimito decía lo de más allá. Que si este me regalaba, el otro me llevaba, ese me decía, de aquél me gustaba. Y al final una termina buscando uno que tenga todas las cosas positivas de los anteriores, pero como con los zapatos, unas sandalias nunca serán calentitas ni unas bailarinas de harán las piernas kilométricas.
Me da la sensación de que aunque la abundancia, tanto de zapatos como de hombres, es divertida, al final termina siendo un problema; probar tantas cosas buenas y malas termina por frustrar a una que, en busca de la perfección, se gasta el sueldo en zapatos y llega siempre tarde a todas partes.

También habría que pensar en que los zapatos tienen una edad. Es decir, que una señora con juanetes no puede ponerse mis sandalias de vértigo. Y yo, no voy a utilizar zapatos ortopédicos a mi edad. Así que la búsqueda al menos, descarta, según la edad, algunos tipos de zapatos. Eso me consuela.

No obstante hay una búsqueda que creo puedo dar por zanjada. Ahora me faltan los zapatos perfectos…..

lunes, 8 de febrero de 2010

Suceso perruno.

Terrible. Subo en el ascensor. Abro las puertas -es un ascensor antiguo, así funciona- y cuando me doy la vuelta para cerrarlas oigo detrás de mí el ladrido de El Perro. La puerta de su casa abierta. Clic clic clic clic; las patas del perro que se me acerca. Oigo su respiración. Ladra. Mierda viene a por mí. Dueña sale detrás de el.

- ¿Pero porqué me ladra?

- Eso digo yo, ¿porqué te ladra?

-Ah, pues no sé.

- No te preocupes que no hace nada.



"No te preocupes que no hace nada" ¿Y a mí qué que no haga nada? Tu perro de metro y medio de largo por uno de alto me acojona. Joder.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Cumplir años

Qué pesado se hace cumplir años. Mi abono ya no es naranja, sino rojo. El color de la pasión dirán algunos. Mentira podrida. El color del peligro y del prohibido. Peligro, menos sexo, peligro, arrugas, peligro, celulitis, peligro, más responsabilidades, peligro un largo etcétera. Prohibido, piyarse cogorzas a tal edad, prohibido, ser infantil, prohibido, ser irresponsablie, prohibido, preguntar la edad de los demás, prohibido, quejarte. Pero lo peor no es el color, es lo que cuesta, como si de un día para otro una se hubiese hecho rica.

Cumplir años es terrible, al menos, para mí. Ahora la gente espera más de mi, que sea más responsable, "que ya tienes una edad", que ya no eres una adolescente, que tienes responsabilidades, que ya no puedo depender tanto de mamá, que ya no puedo pedir dinero para salir, que ya no puedo hacer cosas de niños, que ya no puedo hacer el payaso....

Pero bueno, ¿es que tengo que cambiar en un día? Es que como ayer tenía una edad y hoy otra, tengo que cambiar mi forma de ser o de actuar...

Pues lo siento mucho (por vosotros más que por mi) pero no pienso dar de sí ni un poquito. Seguiré emborrachándome los fines de semana pertinentes, seguiré siendo una fumadora empedernida, seguiré siendo infantil y seguiré eludiendo responsabilidades. Que os den.

¡Ah! Por cierto, mi abono es naranja hasta junio.... lo que me da para una buena juerga.... o un par de zapatos.

sábado, 30 de enero de 2010

Defendiendo a las amigas

Entre amigos:

- Si tocas a mi amiga te hago pedacitos y luego te fumo como si fieras hierba.
- ¿En el sentido de que quieres defender a tu amiga o como medio para fumarte un buen porro?

Yo cada día, me sorprendo más....

viernes, 29 de enero de 2010

Sujetadores.

Anoche salí de fiesta a celebrar la masacre del último examen. Suspenso. Pero esto no viene a cuento. El caso es que hace unos días mi madre me regaló una camiseta pero con eso de que había que estudiar –cosa que claramente no hice- no la pude estrenar en su momento. Soy de esas personas que cuando se compran algo nuevo no pueden esperar para estrenarlo y anoche por fin, era la noche de la camiseta.

Pero la camiseta a pesar de ser la más pequeña que había en la tienda, me quedaba grande…. Y los que me conocen saben que no es porque sea una flacucha enclenque, sino que más bien soy menudita. Los tirantes me quedaban largos y daba igual como me pusiera, el sujetador se me veía. No tenía tiempo suficiente como para estar cosiendo, así que decidí probar con todos los sujetadores que tenía y no, no había opción de no llevar.

Lo de los sujetadores es todo un mundo. Hay sujetadores para cada tipo de camiseta y por supuesto, a mí me falta el adecuado para mi noche de estreno. Así que me probé uno, me lo quité, probé con otro, demasiado oscuro, me lo quité, probé con otro, demasiado exagerado, me lo quité, me probé otro, se veía todavía más, me lo quité. Y así durante media hora destrozándome las muñecas y los dedos abrochando y desabrochando sujetadores.

Ahora entiendo el miedo que tienen los hombres a los sujetadores. Son imposibles de desabrochar; y no me digáis que todos sois capaces de desabrocharlos con una mano en dos segundos porque no es cierto, ¡no puedo hacerlo ni yo!

Admiro a las mujeres que son capaces de ponerse un sujetador como Dios manda, es decir, abrochándolo en la espalda. Yo soy incapaz. Lo he intentado pero parezco una contorsionista y al final me acaban por crujir todos los huesos de la espalda. No puedo hacerlo. Tengo que abrocharlo por delante, darle la vuelta, subirlo y luego ponerme los tirantes. Y no sé porqué se me da tan mal, si es que tengo el pecho muy arriba o los brazos muy cortos.

De hecho, mi sujetador favorito es uno que se abrocha delante. Cuando lo descubrí me enamoré de él. Y me gustó aún más cuando Elmismoperomío fue a desabrocharlo.... tardó dos minutos, no exagero, en darse cuenta de que el broche estaba delante.

Sí, mi forma de ponerme un sujetador es tan cutre como los regalos de las cajas de cereales. Y nada sexy. No me atrevería a hacerlo delante de Elmismoperomío. Así que, cuando él está delante le pido a él que lo abroche; así mato dos pájaros de un tiro: yo no me tengo que contorsionar y por supuesto, él está encantado con poder hacerlo.

domingo, 24 de enero de 2010

Alguien estableció hace a saber cuántos años que el paraíso estaba en el cielo y, el infierno bajo tierra. Ese individuo era un visionario.

Efectivamente el paraíso está en el cielo. No hay mejores viajes que los que se hacen en avión. Todos quieren viajar en primera, pero eso depende de que tu comportamiento en vida te haya permitido poder comprar un business o que la buena suerte haya hecho que sobrasen sitios en primera y faltasen en turista.

El avión se parece al cielo porque siempre hace frío. Da igual en qué fecha del año viajes, el aire acondicionado siempre estará puesto. Pero unos fantásticos ángeles, simpáticos donde los haya y que siempre hablan tu idioma, te traen mantas con toda la amabilidad del mundo. Puedes pasarte el viaje con una copa en la mano, comer, ver la tele, escuchar música o charlar con el de al lado sin que nada ni nadie te lo impida. La bebida nunca se te caerá encima a pesar de la velocidad del avión y, si hubiera peligro de ello por turbulencias, te avisan con tiempo. Es maravilloso.

Y desde luego que el infierno está bajo nuestros pies: el Metro. Un lugar donde siempre hace calor. En verano porque es verano y en invierno porque es invierno. Ahí abajo no saben de la existencia del aire acondicionado o calefacción y si lo saben nunca aciertan cuándo ponerlos.
Lo peor del infierno es la cantidad de gente que hay, sobre todo por las mañanas. Eso de que a quien madruga Dios le ayuda no es cierto. A quien madruga Dios en el metro estruja. Las estaciones de metro entre las 7’00 y las 8’30 de la mañana se convierten en un campo de batalla en el que luchan dos bandos: los que están dentro del vagón y los que quieren conquistarlo. Los de dentro utilizan cualquier arma para impedir que los de fuera entren, desde las mortales –empujones, patadas, escupitajos, etc.- hasta las manipulaciones y amenazas más despiadadas y crueles: “Estoy embarazada si me empujas un poco más abortaré aquí mismo”, “Si entras te arrancaré la cabeza”. Mientras los de fuera tienen dos opciones: jugársela, colarse y aliarse con el bando de dentro o resignarse, esperar otro tres y llegar tarde al trabajo.

Y resulta que los hechos más curiosos, escabrosos, morbosos y surrealistas ocurren en el infierno. La gente se suicida en el metro –mi pobre madre tuvo que sacar a un drogadicto que se había tirado de cabeza a la vía. Por fortuna había otros dos chicos jovencitos que le ayudaron- se droga, se mata, se esconde, se enamora, hace botellón, baila breakdance, roba. Y hablando de robar… ¿cómo es posible que en tres semanas me hayan robado una vez y lo hayan intentado otras tres? ¿Y en la misma estación en el mismo tramo de escaleras? ¿Y el mismo tío? O llevo un cartel de “róbame” o tengo cara de gilipoyas. O ser ladrón implica tener memoria pez. Lo peor o lo mejor, según se mire, es que al menos en el primer intento de robarme tras El Hurto no tenía nada que pudieran quitarme: ni cartera, ni dinero, ni móvil, ni llaves… ni un triste metrobús. Qué suerte.

En otra ocasión en el ramal Ópera-Príncipe Pío me encontré con una chica pelirroja natural –ya de por sí raro- que hizo de una de las barras del vagón una barra americana. Era impresionante ver cómo una cosa tan delgada y alargada podía aguantar el equilibrio en una línea tan peligrosa como esa. Luego está el chico de mi línea. Un tipo encantador, argentino de unos veinte años. Lleva un pequeño ampli, una guitarra eléctrica, un micrófono y un sombrero. Antes de tocar –siempre a la misma hora, por lo que tiene un público habitual y agradecido- nos cuenta chistes sobre nuestras tristes y alargadas caras. Yo le sonrío, le aplaudo y siempre que llevo suelto se lo doy –no todo-. Está claro, le tiro los trastos y como yo todas las chicas del vagón. Las señoras mayores siguen el ritmo de su música y las jóvenes se lo comen con los ojos.Es inevitable. Acento argentino, músico, guapísimo, rubio, ojos claros y encima con gracia. Quién lo pillara en un vagón vacío….

Otro personaje que me llamó la atención fue un viajero en la línea 6. Yo iba a Metropolitano. Tan tranquila, con mi música a tope jodiendo mis oídos y al de al lado. En frente de mí se sentó un chico joven, no atractivo y no bien vestido. Cuando me di cuenta el individuo en cuestión estaba haciendo que tocaba la batería y le ponía tal interés y tal concentración que parecía que la vida le iba en ello. Yo sólo miraba sus manos y sus pies y cuando me di cuenta él me estaba mirando fijamente. Al principio mi reacción fue un brinco de sorpresa, me puse roja y aparté la mirada; pero lo pensé bien y me dije que un tío con pinta de perro-flauta no se me iba a imponer así. Y le volví a mirar directo a los ojos. Él seguía mirándome y cuando empecé a seguir el ritmo de su imaginaria batería descubrí que lo que estaba haciendo que tocaba era la jodida canción que yo escuchaba en mi i-pod. Me reí, se rió y así estuvimos dos estaciones, aguantándonos la mirada mientras el daba golpes al aire…. Se bajó en Moncloa. Y desde fuera del vagón me echó la última mirada, sonrió y me dijo adiós con la mano. El muy cabrón consiguió que retirara la mirada de la vergüenza y me ganó. Nunca más.

En fin, me gusta el infierno. Ahí se puede improvisar una fiesta con un músico del metro, puede hacerse botellón, puedes suicidarte si quieres –a menos que esté mi madre ahí para salvarte- y puedes ser todo lo maleducado que te dé la gana, jugar al serio con desconocidos y descubrir instrumentos musicales exóticos. Me encanta.

¡Cuidado!

Viendo noticias varias he descubierto que tenemos espías de la SGAE por todas partes. Tened cuidado con lo que cantáis, con lo que bailáis y lo que escuháis. Empezad a silbar para dentro, vaya que os metan un puro.

sábado, 23 de enero de 2010

El sofá.

Un sofá. Un estúpido y simple sofá. Fue el estallido de una guerra dentro de mí. Parece que ambas partes intentan firmar por fin, un tratado de paz, pero no terminan de ponerse de acuerdo. No podía sentarme allí. No podía acomodarme en un territorio que no era el mío. Un territorio que era Suyo, de Ella.
¿Es posible tenerle manía a un puto sofá? Ya os digo que sí.

"Cuando alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas."

Y nosotros miramos las estrellas como si nada....

viernes, 22 de enero de 2010

Los cosméticos y los demás.

Cuando el año pasado iba vestida con pantalones anchos de colorines, collares hechos por mí y sandalias de piel de cabra muerta compradas en el rastro, le caía bien a la gente. Mi forma de pensar era la misma –tal vez más infantil, pero la misma al fin y al cabo- y a todos les “molaba” mi “rollito”.

Este año, llevo sandalias con un tacón de vértigo, vestidos híper cortos y me cuido el pelo más que antes. Ahora me miran mal.

En realidad no he cambiado nada, juro que la culpa es de las tiendas y revistas de moda. En serio. No es mi culpa que el año pasado se llevasen los looks hippies, country, boho….y que este toque el look ochentero –como leéis, vuelven las hombreras-.

Ahora me critican por utilizar cosméticos caros –en realidad no tanto- y la gente intenta hacerme sentir culpable por ello: “¿De verdad necesitas un jabón especial para la cara, un champú para cada día de la semana o una crema antiarrugas que debes poner antes de la hidratante y después de tónico?” Entonces es cuando digo: ¡A la porra! ¿Tanta importancia tiene? ¡Joder, me encanta!

He de reconocer que a veces, me invade cierto sentimiento de culpa, pero en mi defensa añado que:

1. El hecho de que me infle a comprar cosméticos me convierte en una comprometidísima ciudadana concienciada de la situación económica mundial, que ayuda a la reactivación de la economía desde su gasto particular.
2. La mayor parte de las féminas siendo niñas hemos jugado con cosas de mamá: Hemos partido sus barras de labios intentando pintarnos y en algún momento nos hemos untamos la cara con potingue naranja -dejando el cuello blanco como la vieve, por supuesto-.
3. Todo el mundo necesita tener una afición.

lunes, 18 de enero de 2010

Un poquito sobre mí, pequeñas cosas que merecen mención o el inicio de una posible biografía.

Entre nieblas y brumas propias de un gélido invierno de la Emilia Romagna nací en Bologna el 3 de febrero de 1989, recibiendo bautismo pocos días después en la pedanía denominada Calderino di Monte San Pietro donde pasé los primeros meses de vida, llevándome prendido para siempre el amor por el parmesano regiano que dio el sabor a mis primeras papillas, y quién sabe si el amor por la ardua tarea educativa en la que tiene renombre la ciudad de Bologna. Emiliana soy de nacimiento que no de “raza”, pues mis ancestros son burgaleses, madrileños y – ojo - “ssichilianos” , si bien estos últimos no son contrariamente a lo que podría pensarse mafiosi, sino profesores que durante dos generaciones (abuela y bisabuela) han servido en el Liceo Italiano a la noble tarea educativa.

La vida y la "fuerza" castellana de la rama burgalesa de mi familia ganó en la pugna por mi futuro escolar en favor del modelo educativo salesiano, y así cuando me trasladé a Madrid en vez de "parlare" con artistas en el Liceo Italiano, estudié en un Colegio Salesiano, en el que contrariamente también a lo que se pudiera pensar (lo digo por los recalcitrantes ideólogos de la progresía y arte sin religión) además de conocimiento también pude dar rienda a mis aficiones artísticas, pisando frecuentemente el escenario del teatro de mi querido “cole”, exponiendo los conocimientos técnicos y artísticos que adquirí en la Escuela Profesional de Danza.

O mi vida es muy corta, o poco la he aprovechado hasta hoy a nivel educativo, porque no recuerdo nada más que merezca mención, a no ser que valore la personita autodidacta que llevo dentro, que vibra con la música, la pintura y la literatura, o que cuente lo divinamente que me fue en Irlanda….Pero como me gustan las “pequeñas reseñas” aquí se acaba la historia, quién sabe como continuará....

viernes, 15 de enero de 2010

Romance VS Confianza.

Cuando empezamos una relación nosotras intentamos estar perfectas y agradar en lo posile, ¿no? Al menos yo lo hacía así. Siempre peinadas, maquilladas, bien vestidas, depiladas.... Y por supuesto hay ciertas cosas que no se dicen ni se cuentan y temas de los que no se hablan.

Al cabo del tiempo, la relación va evolucionando hasta el punto en que los cepillos de dientes se dejan en casa de él, luego un pijama, luego los tampax, etc. Es la mejor etapa de la relación, os entendéis a la perfección, ella es una señorita y él un perfecto galán.

Pero al final toda esta perfección lleva a la situación en la que tenéis tanta confianza que dejas que te vea en chándal y sin peinar, el tiempo entre depilación y depilación se alarga, la ropa interior reservada para días de menstruación pasa a ser casi la diaria y habláis de verrugas y aires. Los restaurantes se cambian por bares de mala muerte o Burguer Kings y lo que antes era una "FSIESTA" deja de serlo para ser una SIESTA.

¿En qué momento la confianza llega a tal punto que supera la intimidad y la vergüenza? Creo que, lo que dicen de que el amor eterno dura tres meses, no se debe a una mera cuestión química, sino a la maldita confianza que mata de un solo golpe -el momento en que le cuentas que tienes diarrea o te quedas a dormir en su casa y llevas unas bragas de abuela- al romance.

No obstante, está muy bien que, con un sólo parpadeo él sepa que lo que necesito es una manta....

jueves, 14 de enero de 2010

Lección de política zapatera. Para ideologías… zapatos.

Posición de partida: Tienes los nuevos de Christian Louboutin.

- Socialismo: El gobierno nacionaliza tus zapatos y te paga el precio de las primeras alpargatas que te compres.

- Comunismo: El gobierno requisa tus zapatos y te da unas alpargatas (por supuesto grises e iguales a las de todo el mundo).

- Fascismo: El gobierno se apropia de tus zapatos y te vende unas alpargatas.
- Nazismo: Una vez requisados tus zapatos, el gobierno te encarcela para que no protestes – y evidentemente, te dejan descalza-.

- Democracia: El gobierno te deja tus zapatos y allá tu… vende los zapatos o tu armario para pagar los impuestos por tenerlos.

- Capitalismo: Vende los zapatos, estudia una carrera, hazte diseñador y crea tu propia empresa. Puede que sobren zapatos o falten compradores. Si sobran zapatos baja el precio y te arruinas; si faltan compradores no vendes y te arruinas.

- Nacionalismo: Ocurre cualesquiera de los casos anteriores pero previamente los zapatos se tiñen con los colores de la región.

Conclusión: No te compres sólo un par por si acaso, compra dos y al menos conservarás uno.
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