lunes, 13 de septiembre de 2010

Ruegos y preguntas II. El cable del teléfono.

¿Alguien puede explicarme qué función tiene que el cable del teléfono lleve rizos?

Me pone enferma. El otro día le dió por una de mis pulseras, haciendo saltar todos sus avalorios por el aire, esparciéndose por el salón mientras yo atendía al teléfono y observaba la escena angustiada sin nada que pudiese hacer... más que intentar mirar donde caían todas y cada una de las bolitas de mi pulsera (obviamente imposible, sólo tengo dos ojos) y hacer movimientos raros para espantar al gato y evitar que se las comiera; todo esto claro, mientras el cable que no hacía su función y en vez de estirarse para permitirme cierta movilidad, se encogía enredándose sobre sí mismo hasta que finalmente el teléfono se cayó al suelo. No me dijeron la hora de la entrevista. Acabé llorando, por si alguno lo dudaba.


No me critiquéis, no soy pintora ni dibujante, sólo una simple aficionada...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Ruegos y preguntas.

¿Será posible que yendo al cine -a ver una peli cuyas entradas ya he comprado con antelación- en el metro se me siente al lado una pareja dicutiendo sobre el film y me desvele el final?

Ruego no se hable de películas en el metro. O que si se hace, se haga en voz baja. Gracias por joderme la peli.

sábado, 4 de septiembre de 2010

London IV

El tío entra, diría que hasta la cocina si hubiera, pero hasta el momento no había ninguna a la vista. Tal vez detrás de alguna de las quince puertas que había en la séptima planta habría alguna.


Me dice que al día siguiente por la mañana me espera abajo a las 8, que me tienen que hacer una prueba de nivel. Le explico que yo creía que la prueba era en la escuela, allá por la otra punta de la ciudad. El tío me mira con cierta lástima, como si yo fuese tonta y no me enterase de nada. Me da las buenas noches y se va.

Entonces observo la habitación. No es muy pequeña pero tiene moqueta. Temperatura perfecta. Abro la maleta y saco el pijama; trato de medio-instalarme es decir, sacar lo indispensable como para dormir tranquila. Abro el armario (tamaño taquilla de gimnasio cutre) para colgar mi sudadera y… ¡no hay perchas! Perfecto. La dejo en la silla (increíblemente tapizada diría que con lo que les sobró de la moqueta del suelo).

A las seis y media me despierto con una solera impresionante –en Londres sólo sale el sol por las mañana, para joder a los que queremos dormir, porque encima allí no saben lo que es una persiana- y voy directa al baño-ducha. No hay plato de ducha, sino un desagüe en medio de un cuartucho oscuro de plástico, se parece a esos que ponen en las fiestas de los pueblos o en las obras. Cierro la cortinilla de la ducha y el WC se queda dentro. A los londinenses les gusta aprovechar el tiempo, deduzco; ¿serán capaces esos hombres de hacer dos cosas a la vez?

Media hora después aún no había conseguido templar el agua. O salía congelada o salía ardiendo. Perfecto para mi circulación, esto es mejor que las cremas de 200 euros de frío-calor. Lloro de la desesperación.

Llego abajo (tarde) sin desayunar, muerta de hambre, de frío y con una especie de resaca. El chico no está. Espero media hora. Seguro que su ducha no tiene WC, pobre. Llega con un grupo de chicas altas, rubias, de ojos claros y de piernas perfectas. Rusas de no más de quince años. Nos saca de la residencia –y yo pensando en el desayuno…- y nos hace caminar diez minutos hasta otro edificio. Allí entramos en el restaurante de la universidad. Huele a mantequilla, perfecto, vamos a comer. Las rusas se beben un té y listo. Me están esperando así que sólo me da tiempo de beber un café. Nos dice que el aula de la prueba de nivel para los de aec es la 15. Yo le digo que no soy de aec, que se lo dije anoche, que mi escuela está en la otra punta de la ciudad. Le enseño mi carpeta con trococientos papeles que se lo explican y se pone rojo como un tomate. Me dice que le siga, que ha habido un error. Me lleva al metro de London Bridge y me dice que tengo que ir Finchley Road, que allí coja una calle, luego otra y bla bla bla, habré llegado a mi escuela. Yo flipo. Si lo sé desayuno tranquilamente. Malditas rusas.

Dos horas más tarde (una hora de metro y otra caminado) llego a mi destino a punto de desmayarme. Afortunadamente allí fue todo bien….

A las dos del mediodía me dejan libre. Mierda, ahora tengo que volver. Me pierdo en el metro. Me pierdo al salir del metro y me parece mentira haber llegado a la residencia. Me pierdo en la residencia. No recordaba nada de la noche anterior, no sabía cuál era mi edificio, ni qué puertas tenía que abrir. Desesperación. Vuelvo a la recepción, explico mi problema y el señor (distinto del de la noche anterior) no me entiende. Yo estoy convencida de que no quiere entenderme. Intento recordar y media hora después consigo entrar en la habitación. Por fin.

Intento conectarme a internet, no puedo. El estómago me ruge. Salgo a la calle y encuentro un TESCO express (que estoy convencida se llama así porque la comida caduca express). Vuelvo y entonces me doy cuenta de que no sé dónde está la cocina. Guardo las cosas en la neverilla que tengo en mi habitación (las he visto más grandes en los botellones, lo juro) y me hago un sándwich. Tengo que recordar el edificio al que fuimos por la mañana, allí es donde tengo que cenar… mierda, no sé dónde está. Pregunto en recepción, dicen que eso no es de su competencia. Flipo. Lloro.

Me voy a cenar a un Burguer King. Voy a engordar. Lloro.

De vuelta a la habitación intento abrir las ventanas. Sólo podían inclinarse hacia atrás, no abrirse de par en par. No puede ser que estén rotas porque pasa lo mismo en las dos. Entonces veo una pegatina que explica que están bloqueadas. Bajo a fumarme un cigarro a la zona de los “viciosos y drogadictos” y allí conozco a una chica italiana. Le pregunto por internet y no sabe, le prgunto por las ventanas y me dice que es para que la gente no se suicide. ¿¡Cómo!? En Londres no sólo están obsesionados con el fuego, sino también con los suicidios. En el metro hay mamparas de cristal para que la gente no se tire a las vías. En ese país tiene pánico a la muerte. Entiendo que la gente se suicide en un país en el que siempre llueve, sólo comen mantequilla, no tienen jamón serrano y pierden a todos los deportes. Pero no entiendo la paradoja del pánico al fuego y colocar moqueta hasta en las paredes.

Poco a poco fui descubriendo los entresijos de mi residencia. De mil personas yo era la única española. Durante dos semanas no tuve con quién hablar porque la italiana se marchó y los rusos no me hablaban. Los japoneses estaban demasiado ocupados con sus cachivaches como para hacerme caso. Los del personal eran antipáticos. El chico guapo ligaba con las rusas. Lloro.

Además el pan de molde caducaba a los tres días, había tijeretas en mi habitación y una noche algo me hacía cosquillas en las piernas mientras dormía: una araña roja, no muy grande pero ¿a quién le gusta tener una cosa así en sus piernas mientras duerme? No había agua templada y la cocina la encontré a las dos semanas eso sí, vacía. Ni una triste sartén. Ni un triste vaso. Así que me anglosajonicé y comí sándwiches todos los días. Menos para la cena, que encontré dónde al tercer día de mi llegada.

Por fortuna conocí a gente en la escuela y salía con ellos a diario. Además tenía un encantador pub inglés donde servía sidra negra en grandes cantidades y dónde trataba de ahogar mis penas. En la sidra negra flotan.

Pero no todo fue horrible, sobre todo a partir de la segunda semana, cuando conocí a los actores de Luisiana y al médico de Glasgow. Además la cocina era inútil pero tenía unas vistas maravillosas....


jueves, 2 de septiembre de 2010

London III. Una introducción.

Ya os dije que tendría que hablar de Ella en alguna ocasión y no precisamente por merecérselo. Mi residencia, el lugar donde he vivido durante un mes, donde he intentado pasar el menor tiempo posible y cuyo estado era suficiente escusa para salir de fiesta. Esto no es más que una introducción, conste, para que vayáis viendo por dónde va mi drama...

Me encontraba en Borough, a una parada de metro y a un mínimo de 15 libras en taxi de la estación de London Bridge (zona uno, sí señor, cuántos lo desearían). También a una parada de metro de Elephants and Castle y no sé el precio del taxi porque nunca conseguí pillar uno allí. Supongo que el hecho de que fuese uno de los peores barrios de Londres tendrá algo que ver, pero no estoy segura, los ingleses son raros hasta en cuestiones delictivas.

Mi avión salió el domingo 4 de julio de Madrid a las 22 horas para aterrizar en Gatwick a las dos de la mañana del día 5. Vaya que se retrasó un poquito, todo dentro de lo normal. La maleta llegó conmigo, algo no tan normal… Al salir, una chica joven me esperaba con mi nombre escrito en colores fluorescentes y a la vista de todos. Me dio vergüenza, me sentía observada. Era turca y yo no entendía casi nada de lo que me decía. Me hizo ir de la terminal A a la B, de la B a la A y de la A a la B otra vez hasta que encontramos al conductor que me llevaría a mi residencia. Bueno, sólo he tenido que cargar con una maleta que pesa trece kilos menos que yo de una terminal a otra durante una hora mientras la turca me chista (por cierto, chistan muy raro, les suena como el aparato ese de los dentistas que te absorbe la baba…) para que me diese más prisa. No pasa nada, ya llego.

El conductor se pierde. Mierda. Las tres y media, mañana tengo que levantarme a las ocho. El conductor por cierto también turco. Por un momento empecé a pensar que me había confundido de avión pero luego vi que conducían por el lado que no era y el terror se me pasó. Pasamos por el reloj, el otro reloj, el otro y el otro también (a los ingleses les gusta poner relojes por todas partes para que no se les pase la hora del té); el conductor se empezó a mosquear y empezó a emitir unos ruiditos muy raros… parecido a chasquear la lengua, sólo que sonaba un poco más aguado. Pasamos el puente de la torre y unos minutos después el coche para en una calle ancha, desierta y oscura. Me dice que es ahí en un inglés prácticamente incomprensible. Se baja del coche, me bajo yo y me abre el maletero… y se queda ahí de pié con los brazos cruzados y mirándome. Deduzco que pasa de ayudarme a bajar la maleta. Lo hago yo sola e intento rayarle el coche con ella. Me señala la puerta y por fin parece que veo algo que me gusta. Entro….

Un hombre de color está sentado en la recepción. Le saludo, me saluda y con una sonrisa pícara me pregunta qué quiero.

- QKS86543rle BL ¡!???

- What do you want?- me vuelve a preguntar, como si no hubiese tenido suficiente con la primera impresión…

Pienso no sé, llego a las cuatro de la mañana aquí con una maleta más grande que tu mesa de recepcionista, con unas ojeras que me llegan hasta el ombligo, despeinada y con chanclas. Si te parece vengo a quitar mierda de la moqueta. Seguro que es nuevo.

- … supongo que la llave de mi habitación.

El hombre se ríe. Coge el teléfono y llama a alguien. No entiendo nada de lo que dice. Joder no he empezado ni el proceso de adaptación y ya tengo problemas. Me dice que me siente. Le hago caso. Con mis ansias de aprender decido coger los folletos turísticos que hay esparcidos por la mesita (sucia). El hombre me empieza a hablar. Me cuenta un chiste sobre franceses que no entiendo y al ver mi cara me pregunta que de dónde soy. Al final entabla conversación conmigo y después de ¡una puta hora! llega un hombre. Rubio, ojos claros, delgado pero fuerte… vaya, un pedazo de cacho de trozo de tío. Al parecer los ingleses se aburren mucho porque este también tiene ganas de charlar. Me hace millones de preguntas, cada cual más personal. Pongo cara de “ya vale” pero no funciona. Bostezo y por fin parece que se da cuenta. Son las cinco menos veinte Es muy útil tener relojes en todas partes. El tío dice que me acompaña a la habitación. Saco el móvil y dejo el número de AA preparado. Entro en una espiral paranoica terrible, pienso en la película de Hostel, me dan sudores fríos. Le sigo por un pasillo de moqueta, salimos a un patio, me hace bajar unas escaleras y por supuesto el gentleman no me ayuda con la maleta, no, ¿¡para qué!? Se queda mirándome desde el piso de abajo esperando a ver de brazos cruzados cómo la maleta termina rodando por los cinco últimos escalones con una de mis chanclas enganchada en una rueda (por cierto que al día siguiente vi un puñetero ascensor allí mismo que funcionaba…).

En el patio hay diez puertas. Es de noche y no veo nada. Va abriendo millones de puertas, de esas que se bloquean en los incendios y pesan una barbaridad (están absolutamente obsesionados con el fuego…) y por fin llegamos a mi habitación…

domingo, 29 de agosto de 2010

London II.

En Londres conocí gente de muchos países… coreanos, japoneses, franceses, alemanes, chinos, rusos, croatas, estadounidenses, italianos, marcianos…. Pero los que más me han sorprendido han sido sin duda, los ingleses (los rusos también tienen lo suyo, tal vez les dedique un post entero…)

Todos sabemos que los ingleses son very very polite (“muy muy educados” para los de LOGSE). Lo primero que me llamó la atención fue el silencio en el transporte público. No me refiero a que no hablaran (que también) sino a la ausencia total de chonis, bakalas, chuletas, bermellonas (¿¡o era merdellonas?!), etc. dando por saco con un móvil “a toa’ pastilla” con alguna canción de letra soez.

Al contrario que nosotros, los ingleses conducen por la izquierda (motivo por el cual, casi muero en varias ocasiones) aunque eso todos los sabéis. Pero este es un tema de gran importancia para la cotidianeidad, sobre todo si vas en metro. Yo, madrileña (no de pura cepa, supongo que el hecho de que no me gusten los madroños algo tendrá que ver) en Madrid, conduzco por la derecha, en metro voy por la escalera de la derecha y me pongo en el lado derecho de la misma. Es un razonamiento completamente lógico, no tiene pérdida, ¿verdad? Pues en Londres no funciona así. En Londres da igual en qué lado de la escalera me colocara siempre venía un inglés por detrás a decirme si “could you make way, please?” (Para los de LOGSE ¿Podrías apartarte, por favor?). Con sonrisa y voz aguda medio cantada con una nota especial al final parecida a un LA sostenido. Qué derroche de buena educación casi hasta me atraganto. No me acostumbré a eso; los españoles chistan y ale, ¡a quitarse! Los ingleses tienen que ir siempre más lejos y en cuestiones de lenguaje no se van a quedar cortos. Un inglés dice algo así como: “¿Could you be so nice to serve me a beer, please? (¿Podrías ser tan amable de servirme una cerveza, por favor?) Si es que estos ingleses se complican demasiado… no como los españoles, que somos gente sencilla donde las haya y decimos: ¡Una caña!

Luego está su amor por los tejidos atrapa mierda y polvo que ponen por todas partes. Desde la moqueta (muy asqueroso, sobre todo en una residencia de estudiantes que yo me sé...) hasta los asientos del metro. De verdad que no entiendo que con lo tiquismiquis que son para unas cosas sean tan “no-sé-cómo-llamarlo” para otras. ¿Es que no saben de la existencia de la tarima flotante? ¡Eso es calentito y mucho más limpio! Pero qué va, la moqueta con su quinta dimensión es mucho más interesante, dónde va a parar (y en esa quinta dimensión deben de estar los cuatro pendientes que perdí y el nido de tijeretas de la resi… ya hablaré de esto más adelante).

Me llamó también mucho la atención el tema deportes. Allí todos estaban convencidos de que iban a ganar el mundial aunque no les importó que ganara España. También estaban convencidos de que ganaría el de Rugby (no puedo evitar imaginarme a sus jugadores de rugby bebiendo té en el descanso), Wimbledon, el mundial de baloncesto, el Tour de Francia y el de cricket. Pobrecitos. Se inventan los deportes, crean unos reglamentos que necesitan profesionales para aprendérselos y luego pierden a todo.

Esta es mi mejor foto.
A lo que no pierden nunca es al binge drinking. La verdad que no sé cómo traducirlo al español exactamente (¿Por qué os creéis que me he ido allí un mes? Para aprender todo el inglés que no aprendí en el cole, que a mí me pilló la LOGSE). Debe ser algo así como juerga bebiendo, parranda… aunque en verdad eso consistía en machacarse el hígado. Vaya una carrera a ver quién se ahogaba con su propio vómito antes. Eso sí, he de decir, que hasta el momento en que caían al suelo, tenían una presencia ejemplar: sentados de perfil a la barra, un brazo sobre su pierna, perfectamente colocada en la barra del incómodo y cojo taburete (habría algo en la moqueta) y la otra encargada de agarrar la jarra de cerveza (a tener en cuenta, una jarra de cerveza allí es una litrona de aquí). Y sin levantar si quiera el codo de la barra, a tragar.Y eso hasta caer al suelo ya con el coma y decirle a su contricante con voz ronca y profunda: "hey guy! this is just the tipsy" (¡Hey tío! sólo estoy con el puntillo)

A los ingleses les gusta llamar a las cosas por su nombre e igual que los esquimales tienen mil formas para denominar la nieve, los ingleses tienen mil nombres para las patatas, aunque mi escasa memoria perjudicada por el sistema educativo de este país sólo recuerda tres: chips (las de toda la vida que acompañan a los filetes), las fries (Son las patatas francesas, tan impopulares como su país de origen) y las crisps (como las Lays, que allí se llaman Walkers y que no sé porqué cada vez que veía una bolsita me acordaba de Chuck Norris…)

Y bueno, por hoy basta que si no me va a quedar demasiado largo…

miércoles, 25 de agosto de 2010

El matrimonio y algo parecido a volver.

Que actualice no significa que haya vuelto oficialmente. Sólo es que el sol, el mar y la piscina me han dado una tregua y por un día me dejan descansar...

Desde antes de irme a Londres y por algún motivo (que sé, pero que de momento no puedo contar) el matrimonio me ronda la cabeza..Y justo en este oportuno momento una amiga me dice que se casa. Supongo que pensaréis que es lo más normal del mundo pero para mí es una de las mayores desgracias que puedan ocurrir: otra baja más en el frente fiestero.

La hemos perdido ya y eso que aún no se ha casado. Se ha convertido en monotema, sólo habla de flores -para colmo margaritas, algo que no me entra en la cabeza,  todo el bmundo sabe que las margaritas huelen a mierda- de comida -"no me decido con esto del menú, no sé si las almejas al cava o la  boulliabaise" (como si supiera lo que es...)- y lo peor, el vestido. Por que la novia tiene que estar más guapa que nunca, claro. Todos los milagros que no conseguiste con dieciocho años tienes que conseguirlos ahora. Bueno, está de suerte porque sólo tiene veintitrés. Y quedan dos meses para la boda. Y yo me enteré ayer. Creo que ha sido falta en el área, penalti y gol.

Odio que mis amigas se casen. Conste que no tengo nada en contra del matrimonio en general, sólo en particular. Es decir, que jamás podría ser felíz casada, lo que no significa que piense que los demás no puedan serlo; pero para mí el matrimonio es un invento de Dios para ver hasta qué extremo pueden llegar dos personas en su empeño de hacerse la vida imposible.

Por otro lado me encanta aspirar a él. Es como algo idílico que está muy arriba y que es perfecto pero detrás del cual para mí (insisto, para mí, no me vayáis a comer los felízmente casados) no hay nada más que una pendiente hacia abajo sin una sola piedra donde quedarse agarrado. Sólo vería decadencia. Y eso no me gusta.

Conste que, la despedida de soltera de mi amiga, la organizo yo.

Volveré con historias de Londres en poco tiempo, lo prometo. Disfrutad de las vacaciones los que aún podáis.

martes, 13 de julio de 2010

London 1.

Londres me está dejando anonadada por completo. Aquí pasan cosas rarísimas como por ejemplo, que llueva sin que haya nubes. Una solera que ni en Almería, yo tumbada en un parque having a sunbath y ¡ale! No lo había visto en mi vida.

Luego lo de la moda. Yo vine aquí pensando que Londres era una de las capitales de la moda. Y una mierda. Escritores de blogs de moda… siento daros tal desilusión. Mucho mito internacional…. Resulta que soy la única persona en Londres que lleva cascos enormes a lo retro. Y la única con tacones. Es muy curioso, las mujeres son capaces de llevar traje con deportivas y salen de fiesta con manoletinas o chanclas de playa. Son más listas que nosotras, desde luego, pero visten peor.


Lo bueno es que aquí puedes ir vestido como quieras… o desvestido. Y es que aquí a 20 grados la gente tiene calor… y salen a sudar la camiseta que nos llevan en la bici. He visto hasta gente descalza por la calle como si nada. Un señor ayer con su traje y corbata y los zapatos en la mano. ¿Os imagináis descalzos por la Gran Vía? Hay algunos que se atreven a bañarse en Hyde Park. No os imaginéis bañándoos en el Manzanares, os darán arcadas. Y lo mejor de todo, ¡gente jugando a las palas! No he visto algo tan español fuera de España en mi vida. Además con lo seco que tenían el césped aquello parecía más una playa española que un parque inglés.

Luego están los ingleses. LOS ingleses, machos, hombres, pocos. Son más finos que un espagueti con tutú. Y muy poco ligones. Así no se practica ningún idioma. De hecho, el único tío que he ha hablado ha sido el recepcionista de mi residencia a la cual dedicaré un post entero por merecerlo más bien poco.

Cambiando casi por completo de tema, tenía que mencionar la espectacular celebración que se hizo en Londres por el mundial. Los ingleses iban todos con Spain! así que fue bestial. Os dejo alguna foto.







Picadilly español.

Tengo tantas cosas que contar que no puedo hacer un único post. Paciencia, chicos.

domingo, 4 de julio de 2010

Vacaciones, rebajas y vampiros.

Os creeréis que después de dos semanas sin actualizar voy a tener un millón de historias que contar…


Pues NO. No me ha pasado nada porque casi no he salido de casa. Me he pasado estos dos días saciando mi sed de revistas de moda tumbada en una hamaca, tomando el sol y bebiendo de té frío. Sobre todo tomando el sol… Porque me voy a Londres y si no, voy a parecer de allí y así se liga menos.

Pero a pesar de bronceadores, tomates y zanahorias, cremas protectoras autobronceadoras, maquillaje y alguna cosa más que no os cuento porque me mataríais por irresponsable, sigo de color gris –es lo que tenemos las sicilianas y, en mi caso, potenciado por los efectos del tabaco- y paliducha. Ni un poco de moreno… ni si quiera de rojo. Es como si fuese inmune al sol. Como si mi piel segregara por sí sola factor protección 100. Tal vez sea una vampira, como dicen en la saga de crepúsculo, o una vampiresa, como se ha dicho toda la vida. Iba a decir que lo mío pasa de castaño oscuro, pero es más bien lo contrario y no conozco la expresión. Y es que so hasta brillo al sol, produzco un destello que ciega al que me mira por completo, lo que por cierto es un mecanismo de defensa totalmente eficaz contra adolescentes hormonados, culturistas hormonados, viejos verdes, chuletas de cuello de camisa para arriba, adictos sexuales y demás seres que se tirarían todo lo que se mueve.

Total que aparte de tomar el sol nada, hasta que me he puesto a preparar la maleta. Siempre he hecho unas maletas perfectas, ordenadas, con todo lo necesario. Soy una maniática del orden por lo que tal actividad me ha entusiasmado siempre. Pero ahora me voy un mes. A ver quién es capaz de, siendo adicto a la ropa, hacer una maleta para tanto tiempo que no sobrepase los veinte kg. Desde luego que yo no.

Total que para irme a Londres he descubierto que con todo lo que hay en dos armarios de sorprendentes medidas no tenía ropa suficiente. Así que me he ido de compras. A las rebajas. ¡Han caído millones de cosas! Entre ellas dos pintauñas del H&M, que ahora se llevan mucho. Me he comprado justo los dos que nadie se ha comprado. Uno naranja fosforito que juraría que hasta se ve en la oscuridad y otro de color lila, más discreto… y que con mi blanco reflectante de piel me hace parecer un muerto.


Pues que ya me voy. Intentaré buscar internet allí para contaros el largo viaje y tortura a los que me voy a someter. Y a Dios pongo por testigo que leeré todos y cada uno de vuestros blogs y me pondré al día. Total, no conozco a nadie allí y no tendré nada mejor que hacer (es bromilla… con cariño, ¿eh?).

Un abrazo fuerte a todos, deseadme, otra vez, suerte.

viernes, 25 de junio de 2010

Aviso a seguidores :)

Ahora mismo estoy jodida no, lo siguiente, que no sé cómo se le llama porque soy de LOGSE (por eso los de mi generación y alrededores decimos esa frase tan absurda con la que he empezado).

Mañana tengo el último exámen. Si Dios o mi profesor quieren (porque ahora mismo depende más de ellos que de mí... en realidad depende más de Dios porque el profe es un vampiro chupa materia-gris) no tendré exámenes hasta febrero del año que viene, porque como soy de LOGSE he desarrollado una capacidad sobrenatural para copiar e inventarme de todo en los exámenes así que los profesores se creen que soy superdotada y se creen todo lo que escribo y claro, apruebo... ¡Y cómo apruebo!Jajaja me da hasta vergüenza admitirlo pero... ¿Qué nota le pondríais a alguien que responde esto a la siguiente pregunta?:

- Qué harías si uno presentara una fractura abierta de la tibia.
- Desmayarme. Llamar a la ambulancia.



A dónde quiero llegar es a que seguramente desapareceré unos días. Porque joder me merezco descansar de todo. Por que ahí va una de modestia: He aprobado todas las asignaturas (de momento) de dos carreras que hago y además me ha sobrado tiempo para:
- Trabajar.
- Tocar el piano.
- Tocar las narices.
- Poner a parir a la SGAE.
- Hacer preguntas estúpidas en el blog.
- Escribir cosas absurdas en el blog (como ésta...).
- Salir de juerga (aunque parezca que no tengo amigos, los tengo).
- Satisfacer necesidades básicas (ejem...).
- Tener una vida social de la ostia.
- Leer cinco revistas de moda en tres idiomas cada una una vez al mes (que me tiro una semana con la tontería...)
- Ver todas las temporadas de sexo en Nueva York en tres idiomas.
- Ver películas americanas tan absurdas como yo.
- Iniciarme en el skate.
- Redecorar mi habitación.
- Ensayar con mi grupo.

Y alguna cosa más que seguro se me olvida (porque los de LOGSE tenemos memoria pez).

Un beso a todos, deseadme BUENA suerte (já, la suerte para el que no sabe, o sea, toda para mí) y que tengáis un felíz verano.

Volveré  (pronto, me temo).

martes, 22 de junio de 2010

No soy una delincuente, ¿verdad?

En uno de esos descansos largos que uno se toma en época de exámenes, me he puesto tan tranquila a tocar el piano. Estaba feliz tocando Satie (que no a Satie...) mientras miraba la sierra por mi ventana abierta de par en par dejando entrar una maravillosa brisa. Entonces he escuhado el cantar de los pajarillos, las motos a toda pastilla, los perros ladrando, las voces de los que pasaban por mi calle.

¡¡¿CÓMO?!! ¿Las voces de los que pasan? Entonces... si yo les oigo, ellos me oyen... Y entonces he parado de tocar. Así en seco.

¿Por qué? Pues porque me ha venido a la cabeza. Ella, la jodida, terrible, temida, asquerosa, ladrona, delincuente y todo lo que se os ocurra, SGAE.

¿Pueden demandarme por tocar algo que no es mío si se oye en la calle?



¿Y si copiara en un exámen de música qué ocurriría?


Por cierto, a quien quiera librarse de la SGAE aunque sólo sea un poco recomiendo la página de la EXGAE:

http://exgae.net/que-es-exgae

sábado, 19 de junio de 2010

No sé ni cómo titularlo...

Ya os hable del japonés que me encanta. El otro día ÉlMismoPeroMío se dignó a invitarme -si, eso cuando paga él...- y yo, claro encantada. Hasta que llegó el postre, claro. Á él le gusta el helado derretido y como estábamos sentados justo debajo del aire acondicionado -en Madrid, ése día de lluvia torrencial y un frío que no te cagas por que aquéllo no da de sí de lo congelao que está- el helado no cambiaba de estado. Él se empezaba a impacientar porque quería comérselo ya ya ya. Entonces yo, como novia excelente y atenta que soy trato de distraerle hasta que el helado esté en su punto:

- Gordo, podemos conversar mientras el helado se derrite... (Le llamo gordo con tono cariñoso... pero en realidad intento hacer mella psicológicamente aunque eso sí, de forma suave y discreta, para que se cuide un poco, creo que se llama manipulación sugestiva)
- Yo no quiero hablar contigo.

Yo pongo cara de lja@shkKqí8QRX (ni smile de pago podría describir mi cara en ese momento)

- Tú no has querido follar conmigo, yo no quiero hablar contigo.

Auch...Creo que se nos jodió el postre a los dos... bueno, joder joder no creo que sea la palabra....

miércoles, 16 de junio de 2010

El día que hacienda me hizo llorar


Hacienda. Ya está, ya habéis hecho un gesto raro con la cara. Sólo con oír esa palabra las emociones afloran y producen reacciones tales como: “¡hijos de las gran pu(piiiiiiiiiiiii)!” (ha tenido que devolver) o “que les jodan” (no le han devuelto) o una simple sonrisilla (los más pícaros que, o les han devuelto –entonces lo dirían- o no declaran)
Este año por primera vez en mi vida he tenido un contrato (cutre, cutre muy cutre) he visto lo que era una nómina, lo que era tener un salario, lo que era no llegar a fin de mes, etc. en cambio mi primera experiencia con hacienda fue hace unos años…(Dios, no tenía porqué…)

Cuando aún era una adolescente flacucha de ésas que llevan el sujetador de adorno me puse a “trabajar” en un despacho de abogados como… secretaria-ayudante-chica de los recados-esclava, como sea que se llamara ese trabajo. Entonces, yo tenía pinta de niña dulce disfrazada de adulta (y eso que tenía dieciséis añazos) y parecía que iban a rompérseme los tobillos con mis pedazo de tacones (ellos me han acompañado toda la vida).

Y he aquí que la súper-madre-jefa-dictadora-curranta-fashionista dice que hay que hay que hacer unos papeleos en hacienda. Los subordinados agancharon todos a la vez la cabeza y el silencio era demasiado… madre, ¡qué tensión! La situación era igualita que en las películas americanas de policías cuando dicen que uno tiene que ir de infiltrado y nadie se atreve. Pues yo, la nueva, con ganas de salir de allí y fumarme un pitillo sin que me vieran me ofrecí voluntaria. Pero aquí no hubo nada de película americana donde uno dijera: “no, es demasiado peligroso, iré yo”. Qué va. Fue como en las películas españolas: vale, vas tú. Suerte.

Me dan las instrucciones: Llegas, coges número, te pones en la cola, esperas tu turno, les dices que te firmen esto y te den aquello. Te dan una copia sellada y ale, ya está. Pues ale tan contenta que me voy después de que la súper-madre-jefa-dictadora-curranta-fashionista me diese las instrucciones fumándome un cigarro… todavía me mareaba al fumar.

Entro. Busco la máquina de los numeritos. Hay cuatro. Voy al de la recepción y le pregunto de qué cacharro cojo el número para bla bla bla. Me dice que la segunda empezando por la izquierda.

Bueno, cojo el número y me siento a esperar. Espero. Espero. Espero…. Una hora y media. Aún así no desespero, voy a hacer algo que ninguno de mis compañeros se atrevía. Me toca, llego a la mesa. Le cuento al hombre lo que quiero con una seguridad y un plante sorprendentes para una chica de mi edad. Entonces me suelta: “ya bueno, si eso está muy bien, pero primero tienes que rellenar el formulario 036 y después ya si eso vuelves”.

Hora y media y me falta el puto formulario 036. Temblé, me puse roja, se me corrió el maquillaje, los pelos se me pusieron de punta. Vale, me irrité y todo mi semblante se fue a la mierda.

Voy a recepción y pregunto de dónde saco el formulario 036. – En las ventanillas del piso de abajo-. Vale. Voy al piso de abajo y hay seis ventanillas y una cola inmensa en todas menos en una. Me voy a la vacía y pregunto. Me dice que en la segunda.

Cola de veinte minutos. Llego y me dice que no, que el 036 es en la tercera. La que más cola tiene. Media hora después estoy en la ventanilla.

-Buenos días- digo. No recibo contestación.

- Necesito el formulario 036.

- ¿Cuál?

- El 036.

- Ya, pero que cuál de todos….

- ¿Cuántos 036 hay?

- El A036, el B036…

- Pues no sé es para bla bla bla…

- Entonces el B036. Son dos euros.

- ¿¡¡¡¡Dos euros!!!? ¿Por un trozo de papel?

- Sí. Bueno vale.

Me da un taco de papeles enorme. Vuelvo a la primera cola de todas, la del número. Otra hora esperando. Me toca. Llevo el taco de papeles habiendo rellenado sólo los datos que me….



- Pero esto no está relleno. Tienes que rellenarlo. Y lo tiene que firmar.

- Pero yo no pinto nada en esto, yo no lo puedo firmar…

- Pues yo no puedo hacer nada sin la firma.

Llamo al despacho, cuento la situación. El tío por supuesto me hecha de la mesa, que hay mucha gente esperando. me dan los datos que me faltan para rellenar el formulario y me explican por qué no hace falta esa firma, que se lo diga al tío o que me vaya a otra mesa, que ése es imbécil.
Vale, tengo que coger número otra vez. La una y media. Cojo número por tercera vez y en ese momento me viene uno y me dice que ya no me atienden que cierran.

Lloro a moco tendido, tendré que volver mañana…

sábado, 12 de junio de 2010

A pesar de mis exámenes y del ritmo de vida que llevo estos días tenía que pasarme por aquí. No lo he podido evitar.

Hablando de bolas chinas. Yo pregunto, mi amiga (la destroza-relaciones) contesta:
- ¿Y eso no se sale?
- Hombre, si hago fuerza a lo mejor...
- Pero tía que porquería.
- Qué va...
- ¿Y eso cómo se limpia?
- Pues con agua, como todo.
- Eso sí que es una porquería.

En este momento de la conversación me salta otra de mi amigas:
- Tía pero tú qué te crees que es eso...
- No lo sé, por eso pregunto.
- Ya pero es que vaya preguntitas... tú que te crees, ¿que tu churri te mete su pene esterilizado o qué? A ver las cosas se limpian pero es que tú eres una enferma.

Vale.

Esta vez con otro grupo de amigas. Hablando de los efectos secundarios de la píldora.
- Pues yo engordé, me puse como una foca.
- A mi se me pusieron unas tetas impresionantes.
- A mí me cambiaba el humor cada dos minutos.
- Yo oía grillos.

¡¡¡¡¡¡¡  @33ls8qK ¿QUÉÉEEEEEEEEEEE????  SBF ksfa???¿¿¿¿¿!!!!!
Y se hizo el silencio. Todo un bar repleto de universitarios aún con las hormonas como adolescentes nos mira.

- ¿Se puede saber qué coño te recetaron?
- Eso le dije a la tipa...
- ¿Y qué te dijo ella?
- Que dejara los anticonceptivos, tomara valium y pasara una época de abstinencia...

Qué daño hacen los exámenes, los ginecólogos y los anticonceptivos.

domingo, 6 de junio de 2010

A punto de estrellarme.

No, no ha sido con el coche. Es más, aún no ha pasado pero va a ocurrir ya mismo. Mi órbita alrededor de mi escritorio se va haciendo cada vez más pequeña, está perdiendo la inmensidad que me había preocupado de crear como diosa anti-estudio que soy a lo largo de todo el curso. Pero parece que mi cuerpo se resiste a pasar unas pésimas vacaciones enjaulado en una habitación haciendo lo que debería haber hecho durante ocho meses (¡He tenido que contar con los dedos los meses!). Cada vez estoy más cerca de convertir mi cerebro en un pobre meteorito espachurrado contra una montaña de apuntes. El pobre…

No, no estudio astronomía. Aunque lo parezca… lo que pasa es que todavía estoy en las nubes y me veo más cerca de la luna que de aprobar un examen.

Cualquier cosa me vale con tal de no estudiar. Me parece más interesante estudiar mi propia órbita que los tipos de entrenamiento.


Con esto quiero decir que tengo intención de abandonar temporalmente el blog. Tomar un descanso por exámenes (qué poco sentido tiene esto). Aunque sólo lo intentaré. Porque yo funciono bien bajo presión así que lo más probable es que las cosas más sorprendentes y dignas de mención me ocurran en esta época. Vamos que se supone que cierro pero que abriré de forma clandestina de vez en cuando, seguro.

A los que me leéis y también tenéis exámenes… suerte para los que no sepáis.






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