A saber:
Que en la página 29 del último catálogo IKEA (tal vez no lo diferenciéis del resto, pero bueno) hay unos niños mirando la tele.
Pues bien, está apagada.
Estos suecos sí que saben ahorrar.
Cuatro horas haciendo cola en la secretaría de la universidad dan para mucho.
viernes, 5 de noviembre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
Cosas que me aporta el trabajo.
Siento en el alma teneros algo abandonados pero el trabajo es lo que tiene, que se queda con el tiempo libre... el múy egoísta no me deja ni un poco.
Sin embargo he de recvonocer que mi trabajo aporta cosas geniales; desde una voz reasgada preciosa (parezco Dolores O'Riordan, la cantante de The Cranberries), inmunidad antes cualquier tipo de virus (aunque primero hay que pasarlos todos, claro está) y mascotas (seamos claros, piojos) hasta objetos de todo tipo. Debo tener alrededor de cien pulseritas de goma, de ésas que ahora están tan de moda, una colección completa de cromos de fútbol, otra de cartas, tres muñequitos, un bolsito y un pisapapeles (que es una piedra que hoy X le ha tirado a Z a la cabeza... y puede haber un viento huracanado de 200km/h que mis papeles no se me mueven).
Mi trabajo me aporta también un nuevo tipo de sabiduría, un solución a los problemas planteados que no se me habría ocurrido jamás.
Justifica por qué has elegido la frase:
- Por que era la verdadera.
Explica lo que sepas sobre las bayas:
- Son pequeñas porque sino se caen del árbol.
- Son pequeñas porque sino no se pueden tragar.
- Son pequeñas porque sino se rompe el árbol.
- Son pequeñas porque sino se cae el árbol.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Destrozamiento....y tags.
Me he quedado sin voz. Literalmente, mi garganta ha decidido que por ella no sale nada.
Tengo un catarro que me caigo. Y además to' revuelto... He cogido un virus. Claro, trabajo con niños es normal... (y aún no he pasado la varicela, el sarampión y la viruela).
Tengo una muñeca abierta por que al ver que no tenía voz para gritar he pegado un trastazo en la pizarra. La profesora de la case de al lado ha venido a ver qué pasaba....
Los padres de mi alumnos piensan que soy muy joven, que tengo cara de niña y que por tanto no sirvo para educar y enseñar a sus hijos. No saben que la profe de la otra clase que me saca veinte años ha terminado la carrera el mismo año que yo... pero todos la prefieren a ella.
Tengo niños con serios problemas de autocontrol pero que controlan mis clases.
Un niño de diez años me ha dicho que si jugaba con él al teto.
Tengo en la misma clase a un niño superdotado que divide y a otro no tan dotado que no sabe ni escribir su nombre y luego todas las expecciones hayadas entre ambos extremos; es decir, que en una hora tengo que dar unas quince clases particulares y controlar que todos estén en silencio y haciendo lo que tienen que hacer a la vez que reviso todo lo que me van entregando para que lo corriijan y me lo vuelvan a enseñar para revisarlo otra vez para ver si lo han correjido bien.
Como también hago extraescolares sólo tengo quince minutos para comer.
Después de todo eso tengo que ir a la uni.
Y ahora cambio la cara. Tengo que dar las gracias a La gata de Diario de una gata en la ciudad y a Ojizarka de Felicidad escondida por acordarse de mí. Un besito a las dos :)
Aquí van los tags:
Cuatro cosas que hay en mi bolso:
Lo que lleva todo el mundo: móvil, cartera (aunque un par de veces ha volado) y llaves.
Lo que me encanta llevar: mi compacta.
Cuatro cosas favoritas de mi habitación:
- Todos mis instrumentos musicales…
- Todo lo que tengo en el armario…
- Todo lo que tengo en las estanterías…
- Todo lo que está colgado en las paredes…
Me gusta todo….
Cuatro cosas que me gustan ahora mismo:
- El frenadol.
- El café calentito servido en taza grande.
- Mi cama.
- El mando de la tele.
Cuatro cosas que no sabéis de mí:
- Me he matriculado en la tercera carrera, por si con las otras dos no me da (que de hecho no, no me dan trabajo).
- Hablo tres idiomas.
- Rozo la perfección.
- Busco trabajo estable.
Cuatro canciones que no puedo sacarme de la cabeza:
- Girl with one eye de Florence and the machine.
- Banana pancakes de Jack Johnson (en realidad cualquier canción de ese hombre me encanta)
- In your eyes. Ben Harper.
- Why don’t you and I de Carlos Santana.
1.- ¿Por qué creaste el blog? La verdad es que no lo sé. Simplemente un día me dio un venazo. Estaba en la cama con Élmismoperomío, me acababa de despertar en plan resacosa (las mjores decisiones las tomo cuando tengo una resaca del copón) y dije: voy a escribir un blog. Tenía ganas de escribir y como pa’ escribir letras de canciones no valgo porque soy “mu’ retorcía” y escribir una novela se me hace largo pues me decanté por esto. Y porque siento una necesidad irrefrenable de contar mi vida y quejarme continuamente y mis amigos ya estás servidos..
2.- ¿Qué tipo de blogs sigues? Creo que de todo. Y esto a veces es un problema porque no me da tiempo a leerlos tan a menudo como querría. Blogs de surf, skate, longboard, personales, de poemas, de fotografía, de pintura, de relatos cortos, de humor, de moda, de música…
3.- ¿Tienes alguna marca preferida de maquillaje? No, me gustan todas. Soy adicta a los cosméticos desde que con trece años abrí el neceser de mi madre y sufrí mi primera transformación gracias al maquillaje; fue maravilloso, una versión mejorada de mí misma, era yo pero mucho más atractiva. También desde este día me hice super-fan de los sujetadores con relleno.
4.- ¿Y de ropa? Me gusta mucho Zara pero por la que siento verdadero amor es por Roxy. Y bueno luego me gusta en plan... DIY. Que en mi casa de eso hay mogollón.
5.- ¿Cuál es tu producto de maquillaje imprescindible? ¡Rímel! Y desde que hago long crema de manos que me las lijo que no-veas…
6.- ¿Tu color favorito? Nunca he entendido por qué tengo que tener un color favorito. De pequeña en el colegio tuve serios problemas con esto: una semana mi color favorito era el azul así que todo lo coloreaba de ese color. A la semana siguiente era el rosa y a la siguiente el naranja. Todavía no entiendo por qué tengo que decantarme por uno solo. Y tampoco que Carlos me rechazara por llevar trenzas.
7.- ¿Tu perfume? Amaderados y cítricos. Nada empalagoso, cosas fresquitas…
8.- ¿La película que más te ha gustado? Deep Impact. No sé qué tiene pero me chifla, cada vez que la ponen en la tele me la trago enterita (de hecho anoche la pusieron). También La princesa prometida “me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Amelie por supuesto, me encanta (y no digo que es mi favorita porque entonces sería como todo el mundo).
9.- ¿Qué países te gustaría conocer y por qué? Creo que casi todos los países a los que pudiese ir sola (entiéndase ir sin acompañante masculino) sin correr peligro. De las cosas que me gustan viajar creo que es la que más. Como a todos, supongo…. así que aquí no me sale nada original.
Me tocaba pasar el tag a 10 blogueros pero que lo haga el que quiera… Aunque debéis saber que siento mucha curiosidad y me gustaría leer alguno…:)
Tengo un catarro que me caigo. Y además to' revuelto... He cogido un virus. Claro, trabajo con niños es normal... (y aún no he pasado la varicela, el sarampión y la viruela).
Tengo una muñeca abierta por que al ver que no tenía voz para gritar he pegado un trastazo en la pizarra. La profesora de la case de al lado ha venido a ver qué pasaba....
Los padres de mi alumnos piensan que soy muy joven, que tengo cara de niña y que por tanto no sirvo para educar y enseñar a sus hijos. No saben que la profe de la otra clase que me saca veinte años ha terminado la carrera el mismo año que yo... pero todos la prefieren a ella.
Tengo niños con serios problemas de autocontrol pero que controlan mis clases.
Un niño de diez años me ha dicho que si jugaba con él al teto.
Tengo en la misma clase a un niño superdotado que divide y a otro no tan dotado que no sabe ni escribir su nombre y luego todas las expecciones hayadas entre ambos extremos; es decir, que en una hora tengo que dar unas quince clases particulares y controlar que todos estén en silencio y haciendo lo que tienen que hacer a la vez que reviso todo lo que me van entregando para que lo corriijan y me lo vuelvan a enseñar para revisarlo otra vez para ver si lo han correjido bien.
Como también hago extraescolares sólo tengo quince minutos para comer.
Después de todo eso tengo que ir a la uni.
Que todo el mundo sepa que los tres putos meses de vacaciones que tenemos los profesores son merecidos.
Y ahora cambio la cara. Tengo que dar las gracias a La gata de Diario de una gata en la ciudad y a Ojizarka de Felicidad escondida por acordarse de mí. Un besito a las dos :)
Aquí van los tags:
Cuatro cosas que hay en mi bolso:
Lo que lleva todo el mundo: móvil, cartera (aunque un par de veces ha volado) y llaves.
Lo que me encanta llevar: mi compacta.
Cuatro cosas favoritas de mi habitación:
- Todos mis instrumentos musicales…
- Todo lo que tengo en el armario…
- Todo lo que tengo en las estanterías…
- Todo lo que está colgado en las paredes…
Me gusta todo….
Cuatro cosas que me gustan ahora mismo:
- El frenadol.
- El café calentito servido en taza grande.
- Mi cama.
- El mando de la tele.
Cuatro cosas que no sabéis de mí:
- Me he matriculado en la tercera carrera, por si con las otras dos no me da (que de hecho no, no me dan trabajo).
- Hablo tres idiomas.
- Rozo la perfección.
- Busco trabajo estable.
Cuatro canciones que no puedo sacarme de la cabeza:
- Girl with one eye de Florence and the machine.
- Banana pancakes de Jack Johnson (en realidad cualquier canción de ese hombre me encanta)
- In your eyes. Ben Harper.
- Why don’t you and I de Carlos Santana.
1.- ¿Por qué creaste el blog? La verdad es que no lo sé. Simplemente un día me dio un venazo. Estaba en la cama con Élmismoperomío, me acababa de despertar en plan resacosa (las mjores decisiones las tomo cuando tengo una resaca del copón) y dije: voy a escribir un blog. Tenía ganas de escribir y como pa’ escribir letras de canciones no valgo porque soy “mu’ retorcía” y escribir una novela se me hace largo pues me decanté por esto. Y porque siento una necesidad irrefrenable de contar mi vida y quejarme continuamente y mis amigos ya estás servidos..
2.- ¿Qué tipo de blogs sigues? Creo que de todo. Y esto a veces es un problema porque no me da tiempo a leerlos tan a menudo como querría. Blogs de surf, skate, longboard, personales, de poemas, de fotografía, de pintura, de relatos cortos, de humor, de moda, de música…
3.- ¿Tienes alguna marca preferida de maquillaje? No, me gustan todas. Soy adicta a los cosméticos desde que con trece años abrí el neceser de mi madre y sufrí mi primera transformación gracias al maquillaje; fue maravilloso, una versión mejorada de mí misma, era yo pero mucho más atractiva. También desde este día me hice super-fan de los sujetadores con relleno.
4.- ¿Y de ropa? Me gusta mucho Zara pero por la que siento verdadero amor es por Roxy. Y bueno luego me gusta en plan... DIY. Que en mi casa de eso hay mogollón.
5.- ¿Cuál es tu producto de maquillaje imprescindible? ¡Rímel! Y desde que hago long crema de manos que me las lijo que no-veas…
6.- ¿Tu color favorito? Nunca he entendido por qué tengo que tener un color favorito. De pequeña en el colegio tuve serios problemas con esto: una semana mi color favorito era el azul así que todo lo coloreaba de ese color. A la semana siguiente era el rosa y a la siguiente el naranja. Todavía no entiendo por qué tengo que decantarme por uno solo. Y tampoco que Carlos me rechazara por llevar trenzas.
7.- ¿Tu perfume? Amaderados y cítricos. Nada empalagoso, cosas fresquitas…
8.- ¿La película que más te ha gustado? Deep Impact. No sé qué tiene pero me chifla, cada vez que la ponen en la tele me la trago enterita (de hecho anoche la pusieron). También La princesa prometida “me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Amelie por supuesto, me encanta (y no digo que es mi favorita porque entonces sería como todo el mundo).
9.- ¿Qué países te gustaría conocer y por qué? Creo que casi todos los países a los que pudiese ir sola (entiéndase ir sin acompañante masculino) sin correr peligro. De las cosas que me gustan viajar creo que es la que más. Como a todos, supongo…. así que aquí no me sale nada original.
Me tocaba pasar el tag a 10 blogueros pero que lo haga el que quiera… Aunque debéis saber que siento mucha curiosidad y me gustaría leer alguno…:)
viernes, 8 de octubre de 2010
Tres amigas, una cámara de fotos y mezclar alcohol y ropa.
Anoche acudí con mis amigas a la Shopping Night de Mango. No voy a hablar de ropa.
Pero os digo que nunca me lo había pasado tan bien en una tienda. Se puede resumir en 6 momentos:
Momento 1.El cóctail. Regalaban cócteles preparaos de color rojo y de una conocida marca. Nos cogimos un pedal impresionante.
- Tía, nunca me había puesto borracha en un Mango. Me he emborrachado en un bar, en una discoteca, en la playa, en mi casa, en casa de mis amigos, en el campus de la uni, en la cafetería de la uni, en los baños de la uni, en la uni, en un banco de la calle, en el parque, en un aeropuerto, en un tren, en el metro.... pero nunca en un Mango.
El vestido: Las tres cogemos un vestido (he de decir que éste era bonito). Imaginaos tres tías borrachas en una tienda acaparando el único espejo en medio de to' el tumulto de gente, imitando a las chicas de oro y haciéndose fotos. (Estas no las pongo porque es mu' ridículo).
Los zapatos:
- Estos tienen pinta de ser bueno ¡y son de piel de verdad!- Se los pone - ¡Ay! Estos zapatos son comodí... son una mierda.
Momento 3. A desnudar.
- Me encanta achaqueta, pero me gusta más cómo le queda al maniquí. Voy a probarme la del maniquí.
Y efectivamente, desnuda al maniquí.
Momento 4.En el bar después de comprar. Hablamos de ropa.
- Es que si llevas la Z de Zara estampá en una camiseta puede ser la Z de zorra.
- Y si llevas la doble C de Chanel puede ser de cara-culo.
Momento 5, ver las fotos. Darse cuenta de que en la mayoría tenemos un espontáneo detrás. Siempre el mismo.
Momento 6. Darse cuenta de que el espontáneo era el de seguridad.
Pero os digo que nunca me lo había pasado tan bien en una tienda. Se puede resumir en 6 momentos:
Momento 1.El cóctail. Regalaban cócteles preparaos de color rojo y de una conocida marca. Nos cogimos un pedal impresionante.
- Tía, nunca me había puesto borracha en un Mango. Me he emborrachado en un bar, en una discoteca, en la playa, en mi casa, en casa de mis amigos, en el campus de la uni, en la cafetería de la uni, en los baños de la uni, en la uni, en un banco de la calle, en el parque, en un aeropuerto, en un tren, en el metro.... pero nunca en un Mango.
- Sí hija, ya iba siendo hora.
Momento 2. Nos probamos lo más feo o lo menos ponible de toda la tienda.
- ¡Mira qué bonito! Me lo voy a probar.
- Tía con eso más bien pareces una perdíz.
| He aquí la que escribe meneando la perdíz. Sí, se hacer el sonido de la perdíz. Conste que poner una foto mía es una excepción. |
Los zapatos:
- Estos tienen pinta de ser bueno ¡y son de piel de verdad!- Se los pone - ¡Ay! Estos zapatos son comodí... son una mierda.
Momento 3. A desnudar.
- Me encanta achaqueta, pero me gusta más cómo le queda al maniquí. Voy a probarme la del maniquí.
Y efectivamente, desnuda al maniquí.
Momento 4.En el bar después de comprar. Hablamos de ropa.
- Es que si llevas la Z de Zara estampá en una camiseta puede ser la Z de zorra.
- Y si llevas la doble C de Chanel puede ser de cara-culo.
Momento 5, ver las fotos. Darse cuenta de que en la mayoría tenemos un espontáneo detrás. Siempre el mismo.
Momento 6. Darse cuenta de que el espontáneo era el de seguridad.
lunes, 4 de octubre de 2010
Huecos.
Descubierto hace dos días tratando de aparcar. La que conducía no era yo, sino él. Pasamos delante de un hueco. "Es pequeño" le digo, pero él insiste. Al cabo de diez minutos y una cola de coches detrás decide que le están agobiando. Seguimos y ve otro. "Aquí tampoco cabe" le digo. Él vuelve a insistir pero por fortuna se rinde antes. Mientras yo haciendo ruiditos de impaciencia, a ver si así se da cuenta.
Luego pensando me doy cuenta de que no es la primera vez, es más, ocurre siempre; ve un hueco y va directo.
Los hombres se empeñan en meter el coche en cualquier sitio. Las mujeres en cambio sabemos cuando un coche es demasiado grande para un hueco. Transferidlo al sexo y es lo mismo.
Luego pensando me doy cuenta de que no es la primera vez, es más, ocurre siempre; ve un hueco y va directo.
Los hombres se empeñan en meter el coche en cualquier sitio. Las mujeres en cambio sabemos cuando un coche es demasiado grande para un hueco. Transferidlo al sexo y es lo mismo.
miércoles, 29 de septiembre de 2010
¡Premio! Pero no es dinero...
Goibniu de Postales desde el Sur me otorga este premio. Muchas gracias por tan honrosísima distinción, me siento muy halagada. ¡Gracias!
Quiero también dar las gracias a mi estilista, mi peluquero y mi shopping assistance. Y cómo no, a alguien a quien se lo debo todo, mi manager.
No, bueno; en realidad las personas que consiguen que este blog mío exista son reales, aquéllos que me rodean y tienen conversaciones absurdas, ocurrencias geniales e ideas descabelladas pero maravillosas. Y por supuesto los que estáis al otro lado, los que de vez en cuando os bebéis un café conmigo y alimentáis esto con vuestra ciber-presencia y comentarios.
También quiero pedir por la paz en el mundo, el final de las guerras, por el uso de “mapa-munis” en todo el planeta y por la erradicación de la confusión que nos acecha desde la era de Confucio.
Otra vez Goibniu, gracias, me ha hecho muchísima ilusión.
Las reglas son las siguientes:
1- Guarda la imagen y posteala en tu blog.
2- Pasa este premio a 12 bloggers.
3- Pon un link a los nominados.
4- Haz saber a los nominados que han recibido este premio comentando en sus blogs.
5- Comparte tu aprecio y pon un link al blog de la persona de la que recibiste este premio.
Los siguientes son los premiados:
Undermind V3 de .Undermind V3, porque me hace reír y porque Kurt Cobain me lo ha pedido. Tienes enchufe, amigo.
Fiebre de Ofú…ahora un blog. Una rubia inteligente más salá que el mar con mucho que decir.
Pilar de Abalorios por sus magníficas reflexiones y sus palabras justas. La sensatez encarnada, vaya. Y además ésas campanillas… da gusto leerte.
ëLMÍN por La ola encendida maravillosas fotos que me transportan a los lugares que retrata… y que consiguen hacerme morir de envidia.
Sofía Haltrup de The frustated picture por relatarnos historias con sus fotos y por esa dulce inocencia que a mí personalmente me transmite.
Prometeo de Personas, viajes, música, miradas, lecturas… por magníficos textos con los que muchísimas veces me identifico. Geniales palabras.
La gata por Diario de una gata en la ciudad Su blog es magnífico para reír y practicar el humor felino.
Molinos por Cosas que (me) pasan. Porque me encanta su humor, sus historias y porque es una madraza. No paro de reírme con sus entradas.
Fashión con acento porque desde que la leo parece que sé vestir mucho mejor…
IFS de Preguntas en el aire Por preguntona y porque me río mucho con ella.
Aitor de M&M que acaba de empezar. Un tipo que sabe de lo que habla: música. Si la música os gusta os encatará.
Esthertxu por Si me lo cuentan no me lo creo que me encanta porque coincido en muchas opiniones y porque me hace reír muchísimo.
¡Un fuerte abrazo a todos!
viernes, 24 de septiembre de 2010
Más claro imposible.
- Ve al grano.
- Pues vamos a hacerlo; total, todo termina ahí.
- ¡Ah! O sea que nuestra relación se reduce a eso, ¿no?
- No, si reducido eso, está…
(Entendido eso por sexo)
- Pues vamos a hacerlo; total, todo termina ahí.
- ¡Ah! O sea que nuestra relación se reduce a eso, ¿no?
- No, si reducido eso, está…
(Entendido eso por sexo)
lunes, 20 de septiembre de 2010
N=7
El otro día ordenando me encontré con una libretita de ésas de colorines, con una espiral y las hojas cuadriculadas. Una libreta de ésas que las adolescentes se compran para que sus amigos se las llenen de dedicatorias (en mi época se llevaba). Como yo era anti-social y no tenía amigos me dediqué a escribir chorradas. Entre ellas una lista de “los chicos de mi vida” y algunas líneas escritas sobre ellos. Quería ser novelista, -con trece años me leí Lo que el viento se llevó y la novela rosa hace mella desde muy corto plazo- y quería escribir sobre mis historias románticas pero por lo que he ido leyendo en el cuadernillo, no duraban lo suficiente como para escribir si quiera una página. Las hay hasta de una línea.
El caso es que de entre las anécdotas hay una especial. No me voy a poner romántico-empalagosa, lo prometo.
Es el número 7 de mi lista (reconozco que me resulta un poco vergonzoso contar esto, pero merece la pena) y se llama N. Empecé con él cuando aún no había dejado al anterior (que también tiene el número siete en mi lista) y mientras me lo pasaba en grande con un alemán que conocí en la playa (número siete también por la coincidencia de fechas, claro está). Por aquellos tiempos (hará unos siete años) yo era una adolescente menudita, flacucha y sin acné (creo que destacaba entre los de mi edad por lo último), una de esas chicas a las que llamaban nadadoras (nada por delante, nada por detrás…me temo que este adjetivo aún me califica).
N era muy pesado. Me llevaba un par de años y con esas edades las diferencias mentales se notan mucho. Él quería hacer cosas que yo no y de tanto insistir me cansé de él. Le dejé por primera vez al mes de estar juntos. Por lo visto estaba tan coladísimo que lloró y consiguió incluso que su hermano me llamase por teléfono para intentar convencerme de que volviera con él. Y le hice caso. Pasamos una semana estupenda juntos (pero separados, porque no nos vimos) y a la siguiente semana ya me había cansado de él (me gustaba otro) Así que le volví a dejar. Esta vez el pobre cayó en lo más hondo y me llamaba tres veces diarias (una después de cada comida, como si hablar conmigo fuese algún tipo de medicamento recetado por algún médico de verdad muy cabrón) y yo siempre le daba largas. Las llamas consistían en él diciéndome lo fantástica que era, que me quería, que quería volver conmigo, que me iba a esperar, que bla bla bla azúcar glas. Mientras yo callada como una perra resoplando cada dos minutos y hablando por el Messenger (estaba enganchadísima, como todos los de mi edad).
Un día de esos que me llamó mi madre cogió el teléfono fijo, me pegó un grito para que cogiese el otro teléfono y yo desganada como nunca cogí el inalámbrico. Ya podéis imaginaros lo que pasó. Después de ¡una hora! pegada al teléfono por fin conseguí colgar. Mi madre entonces pregunta:
- ¿Quién era?
A lo que yo, con un cabreo impresionante y a grito pealo’ contesto:
- ¿Pues quién va a ser? El pesao’ de N, que no me deja en paz, estoy hasta la coronilla de él, no lo aguanto más, si me vuelve a llamar le mato, lo juro le mato. Tengo ganas de meterle sus cartitas y el teléfono por donde le quepan y no estoy hablando precisamente de la bocaza esa que tiene. Mamá, consígueme una orden de alejamiento, por favor.
Fue entonces cuando me di cuenta de que el teléfono fijo estaba descolgado.
Sí, lo había escuchado todo. No me volvió a llamar. Y en verdad fue una liberación. Eso sí, estuvo hablando mal de mí hasta que mi mejor amiga de entonces se lió con él (eso es una amiga de verdad) y el tío dejó en paz mi reputación durante un tiempo.
Hace unos meses le vi en el autobús con su nueva novia. Me estaba poniendo a parir. Tengo curiosidad por saber qué le decía a ella de mí.
Desde aquí le envío a N un saludo y le animo a que deje el rencor de lado y de paso me deje a mí en paz. Y también os recomiendo a todos aseguraros de que el teléfono está bien colgado.
lunes, 13 de septiembre de 2010
Ruegos y preguntas II. El cable del teléfono.
¿Alguien puede explicarme qué función tiene que el cable del teléfono lleve rizos?
Me pone enferma. El otro día le dió por una de mis pulseras, haciendo saltar todos sus avalorios por el aire, esparciéndose por el salón mientras yo atendía al teléfono y observaba la escena angustiada sin nada que pudiese hacer... más que intentar mirar donde caían todas y cada una de las bolitas de mi pulsera (obviamente imposible, sólo tengo dos ojos) y hacer movimientos raros para espantar al gato y evitar que se las comiera; todo esto claro, mientras el cable que no hacía su función y en vez de estirarse para permitirme cierta movilidad, se encogía enredándose sobre sí mismo hasta que finalmente el teléfono se cayó al suelo. No me dijeron la hora de la entrevista. Acabé llorando, por si alguno lo dudaba.
Me pone enferma. El otro día le dió por una de mis pulseras, haciendo saltar todos sus avalorios por el aire, esparciéndose por el salón mientras yo atendía al teléfono y observaba la escena angustiada sin nada que pudiese hacer... más que intentar mirar donde caían todas y cada una de las bolitas de mi pulsera (obviamente imposible, sólo tengo dos ojos) y hacer movimientos raros para espantar al gato y evitar que se las comiera; todo esto claro, mientras el cable que no hacía su función y en vez de estirarse para permitirme cierta movilidad, se encogía enredándose sobre sí mismo hasta que finalmente el teléfono se cayó al suelo. No me dijeron la hora de la entrevista. Acabé llorando, por si alguno lo dudaba.
| No me critiquéis, no soy pintora ni dibujante, sólo una simple aficionada... |
domingo, 12 de septiembre de 2010
Ruegos y preguntas.
¿Será posible que yendo al cine -a ver una peli cuyas entradas ya he comprado con antelación- en el metro se me siente al lado una pareja dicutiendo sobre el film y me desvele el final?
Ruego no se hable de películas en el metro. O que si se hace, se haga en voz baja. Gracias por joderme la peli.
Ruego no se hable de películas en el metro. O que si se hace, se haga en voz baja. Gracias por joderme la peli.
sábado, 4 de septiembre de 2010
London IV
El tío entra, diría que hasta la cocina si hubiera, pero hasta el momento no había ninguna a la vista. Tal vez detrás de alguna de las quince puertas que había en la séptima planta habría alguna.
Me dice que al día siguiente por la mañana me espera abajo a las 8, que me tienen que hacer una prueba de nivel. Le explico que yo creía que la prueba era en la escuela, allá por la otra punta de la ciudad. El tío me mira con cierta lástima, como si yo fuese tonta y no me enterase de nada. Me da las buenas noches y se va.
Entonces observo la habitación. No es muy pequeña pero tiene moqueta. Temperatura perfecta. Abro la maleta y saco el pijama; trato de medio-instalarme es decir, sacar lo indispensable como para dormir tranquila. Abro el armario (tamaño taquilla de gimnasio cutre) para colgar mi sudadera y… ¡no hay perchas! Perfecto. La dejo en la silla (increíblemente tapizada diría que con lo que les sobró de la moqueta del suelo).
A las seis y media me despierto con una solera impresionante –en Londres sólo sale el sol por las mañana, para joder a los que queremos dormir, porque encima allí no saben lo que es una persiana- y voy directa al baño-ducha. No hay plato de ducha, sino un desagüe en medio de un cuartucho oscuro de plástico, se parece a esos que ponen en las fiestas de los pueblos o en las obras. Cierro la cortinilla de la ducha y el WC se queda dentro. A los londinenses les gusta aprovechar el tiempo, deduzco; ¿serán capaces esos hombres de hacer dos cosas a la vez?
Media hora después aún no había conseguido templar el agua. O salía congelada o salía ardiendo. Perfecto para mi circulación, esto es mejor que las cremas de 200 euros de frío-calor. Lloro de la desesperación.
Llego abajo (tarde) sin desayunar, muerta de hambre, de frío y con una especie de resaca. El chico no está. Espero media hora. Seguro que su ducha no tiene WC, pobre. Llega con un grupo de chicas altas, rubias, de ojos claros y de piernas perfectas. Rusas de no más de quince años. Nos saca de la residencia –y yo pensando en el desayuno…- y nos hace caminar diez minutos hasta otro edificio. Allí entramos en el restaurante de la universidad. Huele a mantequilla, perfecto, vamos a comer. Las rusas se beben un té y listo. Me están esperando así que sólo me da tiempo de beber un café. Nos dice que el aula de la prueba de nivel para los de aec es la 15. Yo le digo que no soy de aec, que se lo dije anoche, que mi escuela está en la otra punta de la ciudad. Le enseño mi carpeta con trococientos papeles que se lo explican y se pone rojo como un tomate. Me dice que le siga, que ha habido un error. Me lleva al metro de London Bridge y me dice que tengo que ir Finchley Road, que allí coja una calle, luego otra y bla bla bla, habré llegado a mi escuela. Yo flipo. Si lo sé desayuno tranquilamente. Malditas rusas.
Dos horas más tarde (una hora de metro y otra caminado) llego a mi destino a punto de desmayarme. Afortunadamente allí fue todo bien….
A las dos del mediodía me dejan libre. Mierda, ahora tengo que volver. Me pierdo en el metro. Me pierdo al salir del metro y me parece mentira haber llegado a la residencia. Me pierdo en la residencia. No recordaba nada de la noche anterior, no sabía cuál era mi edificio, ni qué puertas tenía que abrir. Desesperación. Vuelvo a la recepción, explico mi problema y el señor (distinto del de la noche anterior) no me entiende. Yo estoy convencida de que no quiere entenderme. Intento recordar y media hora después consigo entrar en la habitación. Por fin.
Intento conectarme a internet, no puedo. El estómago me ruge. Salgo a la calle y encuentro un TESCO express (que estoy convencida se llama así porque la comida caduca express). Vuelvo y entonces me doy cuenta de que no sé dónde está la cocina. Guardo las cosas en la neverilla que tengo en mi habitación (las he visto más grandes en los botellones, lo juro) y me hago un sándwich. Tengo que recordar el edificio al que fuimos por la mañana, allí es donde tengo que cenar… mierda, no sé dónde está. Pregunto en recepción, dicen que eso no es de su competencia. Flipo. Lloro.
Me voy a cenar a un Burguer King. Voy a engordar. Lloro.
De vuelta a la habitación intento abrir las ventanas. Sólo podían inclinarse hacia atrás, no abrirse de par en par. No puede ser que estén rotas porque pasa lo mismo en las dos. Entonces veo una pegatina que explica que están bloqueadas. Bajo a fumarme un cigarro a la zona de los “viciosos y drogadictos” y allí conozco a una chica italiana. Le pregunto por internet y no sabe, le prgunto por las ventanas y me dice que es para que la gente no se suicide. ¿¡Cómo!? En Londres no sólo están obsesionados con el fuego, sino también con los suicidios. En el metro hay mamparas de cristal para que la gente no se tire a las vías. En ese país tiene pánico a la muerte. Entiendo que la gente se suicide en un país en el que siempre llueve, sólo comen mantequilla, no tienen jamón serrano y pierden a todos los deportes. Pero no entiendo la paradoja del pánico al fuego y colocar moqueta hasta en las paredes.
Poco a poco fui descubriendo los entresijos de mi residencia. De mil personas yo era la única española. Durante dos semanas no tuve con quién hablar porque la italiana se marchó y los rusos no me hablaban. Los japoneses estaban demasiado ocupados con sus cachivaches como para hacerme caso. Los del personal eran antipáticos. El chico guapo ligaba con las rusas. Lloro.
Además el pan de molde caducaba a los tres días, había tijeretas en mi habitación y una noche algo me hacía cosquillas en las piernas mientras dormía: una araña roja, no muy grande pero ¿a quién le gusta tener una cosa así en sus piernas mientras duerme? No había agua templada y la cocina la encontré a las dos semanas eso sí, vacía. Ni una triste sartén. Ni un triste vaso. Así que me anglosajonicé y comí sándwiches todos los días. Menos para la cena, que encontré dónde al tercer día de mi llegada.
Por fortuna conocí a gente en la escuela y salía con ellos a diario. Además tenía un encantador pub inglés donde servía sidra negra en grandes cantidades y dónde trataba de ahogar mis penas. En la sidra negra flotan.
Pero no todo fue horrible, sobre todo a partir de la segunda semana, cuando conocí a los actores de Luisiana y al médico de Glasgow. Además la cocina era inútil pero tenía unas vistas maravillosas....
Me dice que al día siguiente por la mañana me espera abajo a las 8, que me tienen que hacer una prueba de nivel. Le explico que yo creía que la prueba era en la escuela, allá por la otra punta de la ciudad. El tío me mira con cierta lástima, como si yo fuese tonta y no me enterase de nada. Me da las buenas noches y se va.
Entonces observo la habitación. No es muy pequeña pero tiene moqueta. Temperatura perfecta. Abro la maleta y saco el pijama; trato de medio-instalarme es decir, sacar lo indispensable como para dormir tranquila. Abro el armario (tamaño taquilla de gimnasio cutre) para colgar mi sudadera y… ¡no hay perchas! Perfecto. La dejo en la silla (increíblemente tapizada diría que con lo que les sobró de la moqueta del suelo).
A las seis y media me despierto con una solera impresionante –en Londres sólo sale el sol por las mañana, para joder a los que queremos dormir, porque encima allí no saben lo que es una persiana- y voy directa al baño-ducha. No hay plato de ducha, sino un desagüe en medio de un cuartucho oscuro de plástico, se parece a esos que ponen en las fiestas de los pueblos o en las obras. Cierro la cortinilla de la ducha y el WC se queda dentro. A los londinenses les gusta aprovechar el tiempo, deduzco; ¿serán capaces esos hombres de hacer dos cosas a la vez?
Media hora después aún no había conseguido templar el agua. O salía congelada o salía ardiendo. Perfecto para mi circulación, esto es mejor que las cremas de 200 euros de frío-calor. Lloro de la desesperación.
Llego abajo (tarde) sin desayunar, muerta de hambre, de frío y con una especie de resaca. El chico no está. Espero media hora. Seguro que su ducha no tiene WC, pobre. Llega con un grupo de chicas altas, rubias, de ojos claros y de piernas perfectas. Rusas de no más de quince años. Nos saca de la residencia –y yo pensando en el desayuno…- y nos hace caminar diez minutos hasta otro edificio. Allí entramos en el restaurante de la universidad. Huele a mantequilla, perfecto, vamos a comer. Las rusas se beben un té y listo. Me están esperando así que sólo me da tiempo de beber un café. Nos dice que el aula de la prueba de nivel para los de aec es la 15. Yo le digo que no soy de aec, que se lo dije anoche, que mi escuela está en la otra punta de la ciudad. Le enseño mi carpeta con trococientos papeles que se lo explican y se pone rojo como un tomate. Me dice que le siga, que ha habido un error. Me lleva al metro de London Bridge y me dice que tengo que ir Finchley Road, que allí coja una calle, luego otra y bla bla bla, habré llegado a mi escuela. Yo flipo. Si lo sé desayuno tranquilamente. Malditas rusas.
Dos horas más tarde (una hora de metro y otra caminado) llego a mi destino a punto de desmayarme. Afortunadamente allí fue todo bien….
A las dos del mediodía me dejan libre. Mierda, ahora tengo que volver. Me pierdo en el metro. Me pierdo al salir del metro y me parece mentira haber llegado a la residencia. Me pierdo en la residencia. No recordaba nada de la noche anterior, no sabía cuál era mi edificio, ni qué puertas tenía que abrir. Desesperación. Vuelvo a la recepción, explico mi problema y el señor (distinto del de la noche anterior) no me entiende. Yo estoy convencida de que no quiere entenderme. Intento recordar y media hora después consigo entrar en la habitación. Por fin.
Intento conectarme a internet, no puedo. El estómago me ruge. Salgo a la calle y encuentro un TESCO express (que estoy convencida se llama así porque la comida caduca express). Vuelvo y entonces me doy cuenta de que no sé dónde está la cocina. Guardo las cosas en la neverilla que tengo en mi habitación (las he visto más grandes en los botellones, lo juro) y me hago un sándwich. Tengo que recordar el edificio al que fuimos por la mañana, allí es donde tengo que cenar… mierda, no sé dónde está. Pregunto en recepción, dicen que eso no es de su competencia. Flipo. Lloro.
Me voy a cenar a un Burguer King. Voy a engordar. Lloro.
De vuelta a la habitación intento abrir las ventanas. Sólo podían inclinarse hacia atrás, no abrirse de par en par. No puede ser que estén rotas porque pasa lo mismo en las dos. Entonces veo una pegatina que explica que están bloqueadas. Bajo a fumarme un cigarro a la zona de los “viciosos y drogadictos” y allí conozco a una chica italiana. Le pregunto por internet y no sabe, le prgunto por las ventanas y me dice que es para que la gente no se suicide. ¿¡Cómo!? En Londres no sólo están obsesionados con el fuego, sino también con los suicidios. En el metro hay mamparas de cristal para que la gente no se tire a las vías. En ese país tiene pánico a la muerte. Entiendo que la gente se suicide en un país en el que siempre llueve, sólo comen mantequilla, no tienen jamón serrano y pierden a todos los deportes. Pero no entiendo la paradoja del pánico al fuego y colocar moqueta hasta en las paredes.
Poco a poco fui descubriendo los entresijos de mi residencia. De mil personas yo era la única española. Durante dos semanas no tuve con quién hablar porque la italiana se marchó y los rusos no me hablaban. Los japoneses estaban demasiado ocupados con sus cachivaches como para hacerme caso. Los del personal eran antipáticos. El chico guapo ligaba con las rusas. Lloro.
Además el pan de molde caducaba a los tres días, había tijeretas en mi habitación y una noche algo me hacía cosquillas en las piernas mientras dormía: una araña roja, no muy grande pero ¿a quién le gusta tener una cosa así en sus piernas mientras duerme? No había agua templada y la cocina la encontré a las dos semanas eso sí, vacía. Ni una triste sartén. Ni un triste vaso. Así que me anglosajonicé y comí sándwiches todos los días. Menos para la cena, que encontré dónde al tercer día de mi llegada.
Por fortuna conocí a gente en la escuela y salía con ellos a diario. Además tenía un encantador pub inglés donde servía sidra negra en grandes cantidades y dónde trataba de ahogar mis penas. En la sidra negra flotan.
Pero no todo fue horrible, sobre todo a partir de la segunda semana, cuando conocí a los actores de Luisiana y al médico de Glasgow. Además la cocina era inútil pero tenía unas vistas maravillosas....
jueves, 2 de septiembre de 2010
London III. Una introducción.
Ya os dije que tendría que hablar de Ella en alguna ocasión y no precisamente por merecérselo. Mi residencia, el lugar donde he vivido durante un mes, donde he intentado pasar el menor tiempo posible y cuyo estado era suficiente escusa para salir de fiesta. Esto no es más que una introducción, conste, para que vayáis viendo por dónde va mi drama...
Me encontraba en Borough, a una parada de metro y a un mínimo de 15 libras en taxi de la estación de London Bridge (zona uno, sí señor, cuántos lo desearían). También a una parada de metro de Elephants and Castle y no sé el precio del taxi porque nunca conseguí pillar uno allí. Supongo que el hecho de que fuese uno de los peores barrios de Londres tendrá algo que ver, pero no estoy segura, los ingleses son raros hasta en cuestiones delictivas.
Mi avión salió el domingo 4 de julio de Madrid a las 22 horas para aterrizar en Gatwick a las dos de la mañana del día 5. Vaya que se retrasó un poquito, todo dentro de lo normal. La maleta llegó conmigo, algo no tan normal… Al salir, una chica joven me esperaba con mi nombre escrito en colores fluorescentes y a la vista de todos. Me dio vergüenza, me sentía observada. Era turca y yo no entendía casi nada de lo que me decía. Me hizo ir de la terminal A a la B, de la B a la A y de la A a la B otra vez hasta que encontramos al conductor que me llevaría a mi residencia. Bueno, sólo he tenido que cargar con una maleta que pesa trece kilos menos que yo de una terminal a otra durante una hora mientras la turca me chista (por cierto, chistan muy raro, les suena como el aparato ese de los dentistas que te absorbe la baba…) para que me diese más prisa. No pasa nada, ya llego.
El conductor se pierde. Mierda. Las tres y media, mañana tengo que levantarme a las ocho. El conductor por cierto también turco. Por un momento empecé a pensar que me había confundido de avión pero luego vi que conducían por el lado que no era y el terror se me pasó. Pasamos por el reloj, el otro reloj, el otro y el otro también (a los ingleses les gusta poner relojes por todas partes para que no se les pase la hora del té); el conductor se empezó a mosquear y empezó a emitir unos ruiditos muy raros… parecido a chasquear la lengua, sólo que sonaba un poco más aguado. Pasamos el puente de la torre y unos minutos después el coche para en una calle ancha, desierta y oscura. Me dice que es ahí en un inglés prácticamente incomprensible. Se baja del coche, me bajo yo y me abre el maletero… y se queda ahí de pié con los brazos cruzados y mirándome. Deduzco que pasa de ayudarme a bajar la maleta. Lo hago yo sola e intento rayarle el coche con ella. Me señala la puerta y por fin parece que veo algo que me gusta. Entro….
Un hombre de color está sentado en la recepción. Le saludo, me saluda y con una sonrisa pícara me pregunta qué quiero.
- QKS86543rle BL ¡!???
- What do you want?- me vuelve a preguntar, como si no hubiese tenido suficiente con la primera impresión…
Pienso no sé, llego a las cuatro de la mañana aquí con una maleta más grande que tu mesa de recepcionista, con unas ojeras que me llegan hasta el ombligo, despeinada y con chanclas. Si te parece vengo a quitar mierda de la moqueta. Seguro que es nuevo.
- … supongo que la llave de mi habitación.
El hombre se ríe. Coge el teléfono y llama a alguien. No entiendo nada de lo que dice. Joder no he empezado ni el proceso de adaptación y ya tengo problemas. Me dice que me siente. Le hago caso. Con mis ansias de aprender decido coger los folletos turísticos que hay esparcidos por la mesita (sucia). El hombre me empieza a hablar. Me cuenta un chiste sobre franceses que no entiendo y al ver mi cara me pregunta que de dónde soy. Al final entabla conversación conmigo y después de ¡una puta hora! llega un hombre. Rubio, ojos claros, delgado pero fuerte… vaya, un pedazo de cacho de trozo de tío. Al parecer los ingleses se aburren mucho porque este también tiene ganas de charlar. Me hace millones de preguntas, cada cual más personal. Pongo cara de “ya vale” pero no funciona. Bostezo y por fin parece que se da cuenta. Son las cinco menos veinte Es muy útil tener relojes en todas partes. El tío dice que me acompaña a la habitación. Saco el móvil y dejo el número de AA preparado. Entro en una espiral paranoica terrible, pienso en la película de Hostel, me dan sudores fríos. Le sigo por un pasillo de moqueta, salimos a un patio, me hace bajar unas escaleras y por supuesto el gentleman no me ayuda con la maleta, no, ¿¡para qué!? Se queda mirándome desde el piso de abajo esperando a ver de brazos cruzados cómo la maleta termina rodando por los cinco últimos escalones con una de mis chanclas enganchada en una rueda (por cierto que al día siguiente vi un puñetero ascensor allí mismo que funcionaba…).
En el patio hay diez puertas. Es de noche y no veo nada. Va abriendo millones de puertas, de esas que se bloquean en los incendios y pesan una barbaridad (están absolutamente obsesionados con el fuego…) y por fin llegamos a mi habitación…
domingo, 29 de agosto de 2010
London II.
En Londres conocí gente de muchos países… coreanos, japoneses, franceses, alemanes, chinos, rusos, croatas, estadounidenses, italianos, marcianos…. Pero los que más me han sorprendido han sido sin duda, los ingleses (los rusos también tienen lo suyo, tal vez les dedique un post entero…)
Todos sabemos que los ingleses son very very polite (“muy muy educados” para los de LOGSE). Lo primero que me llamó la atención fue el silencio en el transporte público. No me refiero a que no hablaran (que también) sino a la ausencia total de chonis, bakalas, chuletas, bermellonas (¿¡o era merdellonas?!), etc. dando por saco con un móvil “a toa’ pastilla” con alguna canción de letra soez.
Al contrario que nosotros, los ingleses conducen por la izquierda (motivo por el cual, casi muero en varias ocasiones) aunque eso todos los sabéis. Pero este es un tema de gran importancia para la cotidianeidad, sobre todo si vas en metro. Yo, madrileña (no de pura cepa, supongo que el hecho de que no me gusten los madroños algo tendrá que ver) en Madrid, conduzco por la derecha, en metro voy por la escalera de la derecha y me pongo en el lado derecho de la misma. Es un razonamiento completamente lógico, no tiene pérdida, ¿verdad? Pues en Londres no funciona así. En Londres da igual en qué lado de la escalera me colocara siempre venía un inglés por detrás a decirme si “could you make way, please?” (Para los de LOGSE ¿Podrías apartarte, por favor?). Con sonrisa y voz aguda medio cantada con una nota especial al final parecida a un LA sostenido. Qué derroche de buena educación casi hasta me atraganto. No me acostumbré a eso; los españoles chistan y ale, ¡a quitarse! Los ingleses tienen que ir siempre más lejos y en cuestiones de lenguaje no se van a quedar cortos. Un inglés dice algo así como: “¿Could you be so nice to serve me a beer, please? (¿Podrías ser tan amable de servirme una cerveza, por favor?) Si es que estos ingleses se complican demasiado… no como los españoles, que somos gente sencilla donde las haya y decimos: ¡Una caña!
Luego está su amor por los tejidos atrapa mierda y polvo que ponen por todas partes. Desde la moqueta (muy asqueroso, sobre todo en una residencia de estudiantes que yo me sé...) hasta los asientos del metro. De verdad que no entiendo que con lo tiquismiquis que son para unas cosas sean tan “no-sé-cómo-llamarlo” para otras. ¿Es que no saben de la existencia de la tarima flotante? ¡Eso es calentito y mucho más limpio! Pero qué va, la moqueta con su quinta dimensión es mucho más interesante, dónde va a parar (y en esa quinta dimensión deben de estar los cuatro pendientes que perdí y el nido de tijeretas de la resi… ya hablaré de esto más adelante).
Me llamó también mucho la atención el tema deportes. Allí todos estaban convencidos de que iban a ganar el mundial aunque no les importó que ganara España. También estaban convencidos de que ganaría el de Rugby (no puedo evitar imaginarme a sus jugadores de rugby bebiendo té en el descanso), Wimbledon, el mundial de baloncesto, el Tour de Francia y el de cricket. Pobrecitos. Se inventan los deportes, crean unos reglamentos que necesitan profesionales para aprendérselos y luego pierden a todo.
| Esta es mi mejor foto. |
A lo que no pierden nunca es al binge drinking. La verdad que no sé cómo traducirlo al español exactamente (¿Por qué os creéis que me he ido allí un mes? Para aprender todo el inglés que no aprendí en el cole, que a mí me pilló la LOGSE). Debe ser algo así como juerga bebiendo, parranda… aunque en verdad eso consistía en machacarse el hígado. Vaya una carrera a ver quién se ahogaba con su propio vómito antes. Eso sí, he de decir, que hasta el momento en que caían al suelo, tenían una presencia ejemplar: sentados de perfil a la barra, un brazo sobre su pierna, perfectamente colocada en la barra del incómodo y cojo taburete (habría algo en la moqueta) y la otra encargada de agarrar la jarra de cerveza (a tener en cuenta, una jarra de cerveza allí es una litrona de aquí). Y sin levantar si quiera el codo de la barra, a tragar.Y eso hasta caer al suelo ya con el coma y decirle a su contricante con voz ronca y profunda: "hey guy! this is just the tipsy" (¡Hey tío! sólo estoy con el puntillo)
![]() |
A los ingleses les gusta llamar a las cosas por su nombre e igual que los esquimales tienen mil formas para denominar la nieve, los ingleses tienen mil nombres para las patatas, aunque mi escasa memoria perjudicada por el sistema educativo de este país sólo recuerda tres: chips (las de toda la vida que acompañan a los filetes), las fries (Son las patatas francesas, tan impopulares como su país de origen) y las crisps (como las Lays, que allí se llaman Walkers y que no sé porqué cada vez que veía una bolsita me acordaba de Chuck Norris…)
Y bueno, por hoy basta que si no me va a quedar demasiado largo…
miércoles, 25 de agosto de 2010
El matrimonio y algo parecido a volver.
Que actualice no significa que haya vuelto oficialmente. Sólo es que el sol, el mar y la piscina me han dado una tregua y por un día me dejan descansar...
Desde antes de irme a Londres y por algún motivo (que sé, pero que de momento no puedo contar) el matrimonio me ronda la cabeza..Y justo en este oportuno momento una amiga me dice que se casa. Supongo que pensaréis que es lo más normal del mundo pero para mí es una de las mayores desgracias que puedan ocurrir: otra baja más en el frente fiestero.
La hemos perdido ya y eso que aún no se ha casado. Se ha convertido en monotema, sólo habla de flores -para colmo margaritas, algo que no me entra en la cabeza, todo el bmundo sabe que las margaritas huelen a mierda- de comida -"no me decido con esto del menú, no sé si las almejas al cava o la boulliabaise" (como si supiera lo que es...)- y lo peor, el vestido. Por que la novia tiene que estar más guapa que nunca, claro. Todos los milagros que no conseguiste con dieciocho años tienes que conseguirlos ahora. Bueno, está de suerte porque sólo tiene veintitrés. Y quedan dos meses para la boda. Y yo me enteré ayer. Creo que ha sido falta en el área, penalti y gol.
Odio que mis amigas se casen. Conste que no tengo nada en contra del matrimonio en general, sólo en particular. Es decir, que jamás podría ser felíz casada, lo que no significa que piense que los demás no puedan serlo; pero para mí el matrimonio es un invento de Dios para ver hasta qué extremo pueden llegar dos personas en su empeño de hacerse la vida imposible.
Por otro lado me encanta aspirar a él. Es como algo idílico que está muy arriba y que es perfecto pero detrás del cual para mí (insisto, para mí, no me vayáis a comer los felízmente casados) no hay nada más que una pendiente hacia abajo sin una sola piedra donde quedarse agarrado. Sólo vería decadencia. Y eso no me gusta.
Conste que, la despedida de soltera de mi amiga, la organizo yo.
Volveré con historias de Londres en poco tiempo, lo prometo. Disfrutad de las vacaciones los que aún podáis.
Desde antes de irme a Londres y por algún motivo (que sé, pero que de momento no puedo contar) el matrimonio me ronda la cabeza..Y justo en este oportuno momento una amiga me dice que se casa. Supongo que pensaréis que es lo más normal del mundo pero para mí es una de las mayores desgracias que puedan ocurrir: otra baja más en el frente fiestero.
La hemos perdido ya y eso que aún no se ha casado. Se ha convertido en monotema, sólo habla de flores -para colmo margaritas, algo que no me entra en la cabeza, todo el bmundo sabe que las margaritas huelen a mierda- de comida -"no me decido con esto del menú, no sé si las almejas al cava o la boulliabaise" (como si supiera lo que es...)- y lo peor, el vestido. Por que la novia tiene que estar más guapa que nunca, claro. Todos los milagros que no conseguiste con dieciocho años tienes que conseguirlos ahora. Bueno, está de suerte porque sólo tiene veintitrés. Y quedan dos meses para la boda. Y yo me enteré ayer. Creo que ha sido falta en el área, penalti y gol.
Odio que mis amigas se casen. Conste que no tengo nada en contra del matrimonio en general, sólo en particular. Es decir, que jamás podría ser felíz casada, lo que no significa que piense que los demás no puedan serlo; pero para mí el matrimonio es un invento de Dios para ver hasta qué extremo pueden llegar dos personas en su empeño de hacerse la vida imposible.
Por otro lado me encanta aspirar a él. Es como algo idílico que está muy arriba y que es perfecto pero detrás del cual para mí (insisto, para mí, no me vayáis a comer los felízmente casados) no hay nada más que una pendiente hacia abajo sin una sola piedra donde quedarse agarrado. Sólo vería decadencia. Y eso no me gusta.
Conste que, la despedida de soltera de mi amiga, la organizo yo.
Volveré con historias de Londres en poco tiempo, lo prometo. Disfrutad de las vacaciones los que aún podáis.
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