viernes, 29 de enero de 2010

Sujetadores.

Anoche salí de fiesta a celebrar la masacre del último examen. Suspenso. Pero esto no viene a cuento. El caso es que hace unos días mi madre me regaló una camiseta pero con eso de que había que estudiar –cosa que claramente no hice- no la pude estrenar en su momento. Soy de esas personas que cuando se compran algo nuevo no pueden esperar para estrenarlo y anoche por fin, era la noche de la camiseta.

Pero la camiseta a pesar de ser la más pequeña que había en la tienda, me quedaba grande…. Y los que me conocen saben que no es porque sea una flacucha enclenque, sino que más bien soy menudita. Los tirantes me quedaban largos y daba igual como me pusiera, el sujetador se me veía. No tenía tiempo suficiente como para estar cosiendo, así que decidí probar con todos los sujetadores que tenía y no, no había opción de no llevar.

Lo de los sujetadores es todo un mundo. Hay sujetadores para cada tipo de camiseta y por supuesto, a mí me falta el adecuado para mi noche de estreno. Así que me probé uno, me lo quité, probé con otro, demasiado oscuro, me lo quité, probé con otro, demasiado exagerado, me lo quité, me probé otro, se veía todavía más, me lo quité. Y así durante media hora destrozándome las muñecas y los dedos abrochando y desabrochando sujetadores.

Ahora entiendo el miedo que tienen los hombres a los sujetadores. Son imposibles de desabrochar; y no me digáis que todos sois capaces de desabrocharlos con una mano en dos segundos porque no es cierto, ¡no puedo hacerlo ni yo!

Admiro a las mujeres que son capaces de ponerse un sujetador como Dios manda, es decir, abrochándolo en la espalda. Yo soy incapaz. Lo he intentado pero parezco una contorsionista y al final me acaban por crujir todos los huesos de la espalda. No puedo hacerlo. Tengo que abrocharlo por delante, darle la vuelta, subirlo y luego ponerme los tirantes. Y no sé porqué se me da tan mal, si es que tengo el pecho muy arriba o los brazos muy cortos.

De hecho, mi sujetador favorito es uno que se abrocha delante. Cuando lo descubrí me enamoré de él. Y me gustó aún más cuando Elmismoperomío fue a desabrocharlo.... tardó dos minutos, no exagero, en darse cuenta de que el broche estaba delante.

Sí, mi forma de ponerme un sujetador es tan cutre como los regalos de las cajas de cereales. Y nada sexy. No me atrevería a hacerlo delante de Elmismoperomío. Así que, cuando él está delante le pido a él que lo abroche; así mato dos pájaros de un tiro: yo no me tengo que contorsionar y por supuesto, él está encantado con poder hacerlo.
Se ha producido un error en este gadget.