martes, 15 de febrero de 2011

Modestas comparaciones.

De pequeña en el colegio mis compañeras de clase y yo jugábamos a las Spice Girls. Cantábamos "yo se gua chu guon gua chu güili güili guon" y salíamos una por una a bailar nuestra parte como si estuviésemos en un escenario.
La primera vez que jugamos fui lo suficiente rápida como para pedirme la deportista. Yo estudiaba danza así que lo hice mejor que nadie, levantamiento de pierna hasta la oreja y pino-puente incluídos. Lo hice tan bien que no me dejaron volver a ser la deportista nunca más.

Total que desde entoces siempre me tocó ser Victoria. Entonces era la menos guapa, la menos interesante, la más sosa, la menos simpática. Y yo era bastante parecida. Morena, bajita, borde y muy pija. Bueno, me consuela que a pesar de todo es la que más forrada está y tiene el marido más guapo. Y que de aquellas compañeras creo que soy la que mejor ha terminado... no me quedé embarazada siendo adolescente, ni me drogo, estudio y soy medio-normal. Y poco modesta.
El viernes salí de fiesta. Al salir de casa, iba pisando fuerte, segura de mí misma, de lo mona que iba (vamos a ver, no soy un bellezón ni mucho menos, del montón diría yo, pero una sabe sacarse partido...) Hasta había conseguido disimular el trancazo -disimular una naríz con personalidad como la mía despellejada por los clínex es una hazaña homérica- y al salir por la puerta y parar un taxi con mis carísimos zapatos de salón de 12 centímetros, mi abrigo entallado en plan "lady" y mi clutch (bolso de mano para los hombres....) me sentía igual que Carrie en Sexo en Nueva York. Y efectivamente, me parezco a ella. Pedazo de naríz y barbilla incluídas. Pero de hecho, es peor, porque ni soy rubia, ni tengo ojazos azules, ni soy rica. Mierda. Ya puedo ser modesta....



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