sábado, 30 de enero de 2010

Defendiendo a las amigas

Entre amigos:

- Si tocas a mi amiga te hago pedacitos y luego te fumo como si fieras hierba.
- ¿En el sentido de que quieres defender a tu amiga o como medio para fumarte un buen porro?

Yo cada día, me sorprendo más....

viernes, 29 de enero de 2010

Sujetadores.

Anoche salí de fiesta a celebrar la masacre del último examen. Suspenso. Pero esto no viene a cuento. El caso es que hace unos días mi madre me regaló una camiseta pero con eso de que había que estudiar –cosa que claramente no hice- no la pude estrenar en su momento. Soy de esas personas que cuando se compran algo nuevo no pueden esperar para estrenarlo y anoche por fin, era la noche de la camiseta.

Pero la camiseta a pesar de ser la más pequeña que había en la tienda, me quedaba grande…. Y los que me conocen saben que no es porque sea una flacucha enclenque, sino que más bien soy menudita. Los tirantes me quedaban largos y daba igual como me pusiera, el sujetador se me veía. No tenía tiempo suficiente como para estar cosiendo, así que decidí probar con todos los sujetadores que tenía y no, no había opción de no llevar.

Lo de los sujetadores es todo un mundo. Hay sujetadores para cada tipo de camiseta y por supuesto, a mí me falta el adecuado para mi noche de estreno. Así que me probé uno, me lo quité, probé con otro, demasiado oscuro, me lo quité, probé con otro, demasiado exagerado, me lo quité, me probé otro, se veía todavía más, me lo quité. Y así durante media hora destrozándome las muñecas y los dedos abrochando y desabrochando sujetadores.

Ahora entiendo el miedo que tienen los hombres a los sujetadores. Son imposibles de desabrochar; y no me digáis que todos sois capaces de desabrocharlos con una mano en dos segundos porque no es cierto, ¡no puedo hacerlo ni yo!

Admiro a las mujeres que son capaces de ponerse un sujetador como Dios manda, es decir, abrochándolo en la espalda. Yo soy incapaz. Lo he intentado pero parezco una contorsionista y al final me acaban por crujir todos los huesos de la espalda. No puedo hacerlo. Tengo que abrocharlo por delante, darle la vuelta, subirlo y luego ponerme los tirantes. Y no sé porqué se me da tan mal, si es que tengo el pecho muy arriba o los brazos muy cortos.

De hecho, mi sujetador favorito es uno que se abrocha delante. Cuando lo descubrí me enamoré de él. Y me gustó aún más cuando Elmismoperomío fue a desabrocharlo.... tardó dos minutos, no exagero, en darse cuenta de que el broche estaba delante.

Sí, mi forma de ponerme un sujetador es tan cutre como los regalos de las cajas de cereales. Y nada sexy. No me atrevería a hacerlo delante de Elmismoperomío. Así que, cuando él está delante le pido a él que lo abroche; así mato dos pájaros de un tiro: yo no me tengo que contorsionar y por supuesto, él está encantado con poder hacerlo.

domingo, 24 de enero de 2010

Alguien estableció hace a saber cuántos años que el paraíso estaba en el cielo y, el infierno bajo tierra. Ese individuo era un visionario.

Efectivamente el paraíso está en el cielo. No hay mejores viajes que los que se hacen en avión. Todos quieren viajar en primera, pero eso depende de que tu comportamiento en vida te haya permitido poder comprar un business o que la buena suerte haya hecho que sobrasen sitios en primera y faltasen en turista.

El avión se parece al cielo porque siempre hace frío. Da igual en qué fecha del año viajes, el aire acondicionado siempre estará puesto. Pero unos fantásticos ángeles, simpáticos donde los haya y que siempre hablan tu idioma, te traen mantas con toda la amabilidad del mundo. Puedes pasarte el viaje con una copa en la mano, comer, ver la tele, escuchar música o charlar con el de al lado sin que nada ni nadie te lo impida. La bebida nunca se te caerá encima a pesar de la velocidad del avión y, si hubiera peligro de ello por turbulencias, te avisan con tiempo. Es maravilloso.

Y desde luego que el infierno está bajo nuestros pies: el Metro. Un lugar donde siempre hace calor. En verano porque es verano y en invierno porque es invierno. Ahí abajo no saben de la existencia del aire acondicionado o calefacción y si lo saben nunca aciertan cuándo ponerlos.
Lo peor del infierno es la cantidad de gente que hay, sobre todo por las mañanas. Eso de que a quien madruga Dios le ayuda no es cierto. A quien madruga Dios en el metro estruja. Las estaciones de metro entre las 7’00 y las 8’30 de la mañana se convierten en un campo de batalla en el que luchan dos bandos: los que están dentro del vagón y los que quieren conquistarlo. Los de dentro utilizan cualquier arma para impedir que los de fuera entren, desde las mortales –empujones, patadas, escupitajos, etc.- hasta las manipulaciones y amenazas más despiadadas y crueles: “Estoy embarazada si me empujas un poco más abortaré aquí mismo”, “Si entras te arrancaré la cabeza”. Mientras los de fuera tienen dos opciones: jugársela, colarse y aliarse con el bando de dentro o resignarse, esperar otro tres y llegar tarde al trabajo.

Y resulta que los hechos más curiosos, escabrosos, morbosos y surrealistas ocurren en el infierno. La gente se suicida en el metro –mi pobre madre tuvo que sacar a un drogadicto que se había tirado de cabeza a la vía. Por fortuna había otros dos chicos jovencitos que le ayudaron- se droga, se mata, se esconde, se enamora, hace botellón, baila breakdance, roba. Y hablando de robar… ¿cómo es posible que en tres semanas me hayan robado una vez y lo hayan intentado otras tres? ¿Y en la misma estación en el mismo tramo de escaleras? ¿Y el mismo tío? O llevo un cartel de “róbame” o tengo cara de gilipoyas. O ser ladrón implica tener memoria pez. Lo peor o lo mejor, según se mire, es que al menos en el primer intento de robarme tras El Hurto no tenía nada que pudieran quitarme: ni cartera, ni dinero, ni móvil, ni llaves… ni un triste metrobús. Qué suerte.

En otra ocasión en el ramal Ópera-Príncipe Pío me encontré con una chica pelirroja natural –ya de por sí raro- que hizo de una de las barras del vagón una barra americana. Era impresionante ver cómo una cosa tan delgada y alargada podía aguantar el equilibrio en una línea tan peligrosa como esa. Luego está el chico de mi línea. Un tipo encantador, argentino de unos veinte años. Lleva un pequeño ampli, una guitarra eléctrica, un micrófono y un sombrero. Antes de tocar –siempre a la misma hora, por lo que tiene un público habitual y agradecido- nos cuenta chistes sobre nuestras tristes y alargadas caras. Yo le sonrío, le aplaudo y siempre que llevo suelto se lo doy –no todo-. Está claro, le tiro los trastos y como yo todas las chicas del vagón. Las señoras mayores siguen el ritmo de su música y las jóvenes se lo comen con los ojos.Es inevitable. Acento argentino, músico, guapísimo, rubio, ojos claros y encima con gracia. Quién lo pillara en un vagón vacío….

Otro personaje que me llamó la atención fue un viajero en la línea 6. Yo iba a Metropolitano. Tan tranquila, con mi música a tope jodiendo mis oídos y al de al lado. En frente de mí se sentó un chico joven, no atractivo y no bien vestido. Cuando me di cuenta el individuo en cuestión estaba haciendo que tocaba la batería y le ponía tal interés y tal concentración que parecía que la vida le iba en ello. Yo sólo miraba sus manos y sus pies y cuando me di cuenta él me estaba mirando fijamente. Al principio mi reacción fue un brinco de sorpresa, me puse roja y aparté la mirada; pero lo pensé bien y me dije que un tío con pinta de perro-flauta no se me iba a imponer así. Y le volví a mirar directo a los ojos. Él seguía mirándome y cuando empecé a seguir el ritmo de su imaginaria batería descubrí que lo que estaba haciendo que tocaba era la jodida canción que yo escuchaba en mi i-pod. Me reí, se rió y así estuvimos dos estaciones, aguantándonos la mirada mientras el daba golpes al aire…. Se bajó en Moncloa. Y desde fuera del vagón me echó la última mirada, sonrió y me dijo adiós con la mano. El muy cabrón consiguió que retirara la mirada de la vergüenza y me ganó. Nunca más.

En fin, me gusta el infierno. Ahí se puede improvisar una fiesta con un músico del metro, puede hacerse botellón, puedes suicidarte si quieres –a menos que esté mi madre ahí para salvarte- y puedes ser todo lo maleducado que te dé la gana, jugar al serio con desconocidos y descubrir instrumentos musicales exóticos. Me encanta.

¡Cuidado!

Viendo noticias varias he descubierto que tenemos espías de la SGAE por todas partes. Tened cuidado con lo que cantáis, con lo que bailáis y lo que escuháis. Empezad a silbar para dentro, vaya que os metan un puro.

sábado, 23 de enero de 2010

El sofá.

Un sofá. Un estúpido y simple sofá. Fue el estallido de una guerra dentro de mí. Parece que ambas partes intentan firmar por fin, un tratado de paz, pero no terminan de ponerse de acuerdo. No podía sentarme allí. No podía acomodarme en un territorio que no era el mío. Un territorio que era Suyo, de Ella.
¿Es posible tenerle manía a un puto sofá? Ya os digo que sí.

"Cuando alguien ama a una flor de la que no existe más que un ejemplar entre los millones y millones de estrellas, es bastante para que sea feliz cuando mira a las estrellas."

Y nosotros miramos las estrellas como si nada....

viernes, 22 de enero de 2010

Los cosméticos y los demás.

Cuando el año pasado iba vestida con pantalones anchos de colorines, collares hechos por mí y sandalias de piel de cabra muerta compradas en el rastro, le caía bien a la gente. Mi forma de pensar era la misma –tal vez más infantil, pero la misma al fin y al cabo- y a todos les “molaba” mi “rollito”.

Este año, llevo sandalias con un tacón de vértigo, vestidos híper cortos y me cuido el pelo más que antes. Ahora me miran mal.

En realidad no he cambiado nada, juro que la culpa es de las tiendas y revistas de moda. En serio. No es mi culpa que el año pasado se llevasen los looks hippies, country, boho….y que este toque el look ochentero –como leéis, vuelven las hombreras-.

Ahora me critican por utilizar cosméticos caros –en realidad no tanto- y la gente intenta hacerme sentir culpable por ello: “¿De verdad necesitas un jabón especial para la cara, un champú para cada día de la semana o una crema antiarrugas que debes poner antes de la hidratante y después de tónico?” Entonces es cuando digo: ¡A la porra! ¿Tanta importancia tiene? ¡Joder, me encanta!

He de reconocer que a veces, me invade cierto sentimiento de culpa, pero en mi defensa añado que:

1. El hecho de que me infle a comprar cosméticos me convierte en una comprometidísima ciudadana concienciada de la situación económica mundial, que ayuda a la reactivación de la economía desde su gasto particular.
2. La mayor parte de las féminas siendo niñas hemos jugado con cosas de mamá: Hemos partido sus barras de labios intentando pintarnos y en algún momento nos hemos untamos la cara con potingue naranja -dejando el cuello blanco como la vieve, por supuesto-.
3. Todo el mundo necesita tener una afición.

lunes, 18 de enero de 2010

Un poquito sobre mí, pequeñas cosas que merecen mención o el inicio de una posible biografía.

Entre nieblas y brumas propias de un gélido invierno de la Emilia Romagna nací en Bologna el 3 de febrero de 1989, recibiendo bautismo pocos días después en la pedanía denominada Calderino di Monte San Pietro donde pasé los primeros meses de vida, llevándome prendido para siempre el amor por el parmesano regiano que dio el sabor a mis primeras papillas, y quién sabe si el amor por la ardua tarea educativa en la que tiene renombre la ciudad de Bologna. Emiliana soy de nacimiento que no de “raza”, pues mis ancestros son burgaleses, madrileños y – ojo - “ssichilianos” , si bien estos últimos no son contrariamente a lo que podría pensarse mafiosi, sino profesores que durante dos generaciones (abuela y bisabuela) han servido en el Liceo Italiano a la noble tarea educativa.

La vida y la "fuerza" castellana de la rama burgalesa de mi familia ganó en la pugna por mi futuro escolar en favor del modelo educativo salesiano, y así cuando me trasladé a Madrid en vez de "parlare" con artistas en el Liceo Italiano, estudié en un Colegio Salesiano, en el que contrariamente también a lo que se pudiera pensar (lo digo por los recalcitrantes ideólogos de la progresía y arte sin religión) además de conocimiento también pude dar rienda a mis aficiones artísticas, pisando frecuentemente el escenario del teatro de mi querido “cole”, exponiendo los conocimientos técnicos y artísticos que adquirí en la Escuela Profesional de Danza.

O mi vida es muy corta, o poco la he aprovechado hasta hoy a nivel educativo, porque no recuerdo nada más que merezca mención, a no ser que valore la personita autodidacta que llevo dentro, que vibra con la música, la pintura y la literatura, o que cuente lo divinamente que me fue en Irlanda….Pero como me gustan las “pequeñas reseñas” aquí se acaba la historia, quién sabe como continuará....

viernes, 15 de enero de 2010

Romance VS Confianza.

Cuando empezamos una relación nosotras intentamos estar perfectas y agradar en lo posile, ¿no? Al menos yo lo hacía así. Siempre peinadas, maquilladas, bien vestidas, depiladas.... Y por supuesto hay ciertas cosas que no se dicen ni se cuentan y temas de los que no se hablan.

Al cabo del tiempo, la relación va evolucionando hasta el punto en que los cepillos de dientes se dejan en casa de él, luego un pijama, luego los tampax, etc. Es la mejor etapa de la relación, os entendéis a la perfección, ella es una señorita y él un perfecto galán.

Pero al final toda esta perfección lleva a la situación en la que tenéis tanta confianza que dejas que te vea en chándal y sin peinar, el tiempo entre depilación y depilación se alarga, la ropa interior reservada para días de menstruación pasa a ser casi la diaria y habláis de verrugas y aires. Los restaurantes se cambian por bares de mala muerte o Burguer Kings y lo que antes era una "FSIESTA" deja de serlo para ser una SIESTA.

¿En qué momento la confianza llega a tal punto que supera la intimidad y la vergüenza? Creo que, lo que dicen de que el amor eterno dura tres meses, no se debe a una mera cuestión química, sino a la maldita confianza que mata de un solo golpe -el momento en que le cuentas que tienes diarrea o te quedas a dormir en su casa y llevas unas bragas de abuela- al romance.

No obstante, está muy bien que, con un sólo parpadeo él sepa que lo que necesito es una manta....

jueves, 14 de enero de 2010

Lección de política zapatera. Para ideologías… zapatos.

Posición de partida: Tienes los nuevos de Christian Louboutin.

- Socialismo: El gobierno nacionaliza tus zapatos y te paga el precio de las primeras alpargatas que te compres.

- Comunismo: El gobierno requisa tus zapatos y te da unas alpargatas (por supuesto grises e iguales a las de todo el mundo).

- Fascismo: El gobierno se apropia de tus zapatos y te vende unas alpargatas.
- Nazismo: Una vez requisados tus zapatos, el gobierno te encarcela para que no protestes – y evidentemente, te dejan descalza-.

- Democracia: El gobierno te deja tus zapatos y allá tu… vende los zapatos o tu armario para pagar los impuestos por tenerlos.

- Capitalismo: Vende los zapatos, estudia una carrera, hazte diseñador y crea tu propia empresa. Puede que sobren zapatos o falten compradores. Si sobran zapatos baja el precio y te arruinas; si faltan compradores no vendes y te arruinas.

- Nacionalismo: Ocurre cualesquiera de los casos anteriores pero previamente los zapatos se tiñen con los colores de la región.

Conclusión: No te compres sólo un par por si acaso, compra dos y al menos conservarás uno.

miércoles, 13 de enero de 2010

Los hombres de verdad.

El otro día, cenando en un mexicano, salió a conversación el tema cine y entre varias películas salió -cómo no por otra parte- Avatar.
No voy a hacer una crítica de la película –aunque podría- pero no es lo me interesa ahora. El caso es que a una persona de los allí presentes le pareció que era increíble que no necesitaran actores para hacer películas y ella veía que los estos no formaban parte del futuro del cine. No fue su opinión lo que me sorprendió, sino pensar que llegados a un punto, podría ser verdad.
Así que pensado deduje que, tarde o temprano la informática terminará sustituyendo a los actores y seguro que también a los cantantes, fotógrafos, pintores, músicos, bailarines y al gremio artístico completo. Y entonces la población famosa se reduciría al mínimo… ¡No sobreviviría ni Belén Esteban! Joder, prácticamente desaparecería el cotilleo. Porque digo yo, ¿a quién le importa –sin ánimo de ofender- lo que un informático creador de personajes hechos por ordenador, lleve puesto sobre una alfombra roja?
Pero el fin del cotilleo y alfombras rojas vacías de vestidos caros no serían las únicas consecuencias. Es difícil explicar este tema, sobre todo intentando evitar el lenguaje soez –Madre de Elmismoperomío por lo visto me lee-. Creo que las fotos de hombretones de película con el torso desnudo y brillante desaparecerían de Tuenti y Facebook… y si no, seguro que no se verían más los millones de etiquetas de mujeres que han ido colocándose en cada cuadradito abdominal del individuo en cuestión. Y esto ya sí que no es aceptable. Es que, ¿en la foto de quién nos vamos a etiquetar? En la de un bicho de dos metros de color azul?
Porque vale que Johnny Deep sea inalcanzable, vale que Orlando Bloom también, pero al menos una puede soñar… o como mínimo tiene oportunidad de encontrarse con el cantante de Pereza en una discoteca o en las fiestas del barrio –os juro que ocurrió de verdad- y de soñar un poquito.... Y despertarse como diría Soko “wet”. No podemos pasar las noches soñando con seres que no existen, ya es bastante deprimente tener que hacerlo con inalcanzables hombres de carne y hueso.
Así que, personalmente, no estoy dispuesta a fantasear con unos píxeles. Por favor, gente de verdad, que al menos sirva para un molde con el que jugar.

El peligroso juego Party&Co.

Jugando al Party&Co. Prima hace pregunta. Amigaaúnadolescente y Hermana responden.

Pregunta: "¿En qué país africano...?" -No recuerdo bien la pregunta, pero tenía algo que ver con España -A Amigaaúnadolescente le cambió la expresión por completo; con lo habladora que era ella estuvo callada durante unos segundos eternos y parecía que la cara iba a rompérsele en pedacitos y a caerse haciendo un ruido estremecedor, como si fuera un espejo. Se acercó a Primaquepregunta y susurrando le comentó algo. Primaquepegunta empezó a cambiar de color, de blanco a rojo pasando por morado y, tras un enorme esfuerzo, soltó una carcajada. Todos miramos y, Amigaaúnadelescente, con la risa a la defensiva que uno hace cuando intenta reírse de sí mismo por algo realmente vergonzoso, nos dejó a todos pasmados con su terrible pregunta: "¿Es que en África hay países?"


Aquél día le rompimos por completo todos los esquemas mentales que tenía. Eso sí que fue un aprendizaje significativo y no las chorradas que vemos a diario.....

Por cierto, la respuesta, era Etiopía. Nunca te acostarás sin haber aprendido algo nuevo....
Hoy he salido triunfante en mi habitual guerra con las naranjas/mandarinas. Simpre que intento comerme una se me quedan las uñas amarillentas y rellenas de piel de naranja, muy desagradable. Sin embargo hoy he conseguido comerme una sin tener que pelarla. Le ofrecí a ÉlMismoperomío la mitad, eso sí, juro que no era consciente de lo que pasaría después.

Él sonreía mientras yo luchaba contra la indeseable piel de naranja y la verdad es que no es precisaente agradable que se rían de una cuando está sufriendo por sus uñas. No había quitado ni una décima parte de piel cuando le planté la fruta en la mano y le suelto tan pampante la siguiente excusa:"Es no quiero que se me quede el olor de la naranja en las manos, no combina con mi Loewe."

Y ha pelado la naranja....

lunes, 11 de enero de 2010

¿¡Compras?!

¿Será posible que, para subir a la sección de deportes de El Corte Inglés haya que convertirse en una Lara Croft o un ninja? ¡Cuidado con la sección de cosmética! Todas esas chicas con sus estupendos trajes de chaqueta tan poco favorecedores dispuestas a rociarte lo que sea en cuanto te aproximes o para abordarnos con sus megaofertas especiales....

- Agachar la cabeza.
- Apretar el paso.
- Hablar por teléfono -si no te lo han robado previamente en el metro-
- No mirar directamente a los ojos.

Aún así hay veces que el disparo llega. No hay problema que te hieran con Chanel nº5, pero esto es poco probable.

Tacones.

No sé si es que me respetan, me halagan o me hacen la pelota. Siempre que llevo tacones -sólo se merece considerar tacón a partir de ocho centímetros en adelante- mis amigos/as hace una pregunta como de rigor:"¿Cómo puedes andar/aguantar/bailar con eso?"

En fin, todo depende de la calidad del zapato -en realidad de lo que cuesten y/o de lo bonitos que sean-

¿Y si eres incapaz de andar con unos tacones de 12 cm? Todo depende de hasta dónde seas capaz de llegar por parecer tanto más alta. Desde luego que yo, con mi estatura, sería capaz de meterme en unos de Mila Schon.... eso sí, sin llevarlos a modo de clutch como tuvieron que hacer muchas de sus modelos en la pasarela italiana....
Es impresionante lo colgada que a una puede dejarle que le llamen por teléfono, digan su nombre y cuelguen.... y lo peor, es que no vuelvan a llamar y yo tampoco me atreva a hacerlo. Hmmm.....

Mi abuelo Ramón.

Aquella foto olvidada en un cajón del escritorio de mi abuelo Ramón despertó a mis doce años la curiosidad que me llevó a investigar a lo largo de varios años el rastro de aquellos niños que salieron de su pueblo natal para embarcarse en un largo viaje de esperanza hacia la tierra prometida.

Quizás fueron aquellas pesquisas las que me llevaron a aficionarme a la labor de investigación de la que haría mi profesión como Inspector de Policía, abandonando así los anhelos paternos de la saga familiar que había iniciado mi abuelo como reputado empresario. De lo que no hay ninguna duda es que aquella foto supuso para mí el descubrimiento de un mundo infantil desconocido, que mi abuelo Ramón había querido olvidar para siempre.

Los niños de la foto nunca me hubieran llamado la atención si aquel pequeño de la primera fila, - el tercero empezando por la izquierda - con ambas manos metidas en sus bolsillos y gesto suspicaz, no hubiera sido como verme a mi mismo disfrazado. Supe inmediatamente que tenía que ser mi propio abuelo, y esto era en sí mismo un grandísimo descubrimiento, ya que nunca hubiera imaginado que nos podíamos parecer lo mas mínimo.

Guardé la foto en uno de los cajones de la habitación de juegos que tenía en la casa familiar y empecé a hacer indagaciones. Poco pudieron decirme mis padres, y mi abuela negó cualquier parecido con el niño de la foto. Pero poco a poco fui juntando datos y finalmente comprendí que mi abuelo no había nacido en Figueras y que aunque me costara años tenía que saber la verdad de su historia.

Han pasado veinte años desde que hiciera aquel descubrimiento y hoy he podido decirle a mi abuelo, que ha cumplido 90 años, qué fue de aquella niña que estaba junto a él en la foto y que sé que siempre ha llevado en su corazón.

La fotografía se hizo el día 15 de noviembre de 1930 con la finalidad de publicarla en un periódico local, ensalzando al ilustre benefactor, Juan Diego de Villar, que para ayudar a los niños huérfanos del pueblo minero de Cistierna, corrió con los gastos de viaje hasta A Coruña y desde allí en un barco a México, donde acogerían a los niños una institución por él mismo fundada que les ayudaría a abrirse un camino en el nuevo mundo para convertirles en hombres y mujeres de provecho, alejados de las penurias que sus padres habían sufrido en la minas.

Entre aquellos niños estaba Eleonor la única hermana de mi abuelo y Julián, su mejor amigo, un niño pendenciero y espabilado, que aparece junto a él en la foto. El 31 de diciembre de aquel mismo año mi abuelo Ramón se despidió de ellos para siempre, se escapó en mitad de la noche del barco en el que debían zarpar, dándole a cada uno de ellos un beso en la frente. Intuía mi abuelo que siempre ha sido un “zorro” que al llegar al nuevo mundo nada bueno les podía esperar, porque quedarían a cargo de un tal Damián (que aparece en la última fila de la foto con gorra y con bigote). Nada pudo decirle a su hermana ni a sus amigos, porque ellos tenían unas inmensas esperanzas en el viaje, y temía que al contarles sus sospechas acabaría enterándose el tal Damián y lo encerraría en la bodega del barco.

Mi abuelo cambió de apellido, trabajó muy duro y debido a su sagacidad se hizo muy rico. Nunca olvidó a su hermana y a su amigo, pero su conciencia no le permitió indagar en el que fuera el destino de ambos por temor a saber que habían tenido una vida de penurias. Le dije que solo le diría la verdad del resultado de mi investigación, y hoy por fin le he podido decir que Eleonor y Julián también resultaron vencedores en la lucha contra la adversidad, que emigraron desde México a los Estados Unidos ayudados por un sacerdote salesiano y que han vivido juntos y felices hasta que la muerte se llevó a Eleonor a los 80 años, y pocos meses después a Julián. Vivieron siempre con el recuerdo de Ramón, en la creencia de que este se había ahogado aquel 31 de diciembre de 1930 al caerse al agua.

Hoy he visto llorar por primera vez a mi abuelo.

domingo, 10 de enero de 2010

Resistencia.

Siempre he creído que llegado cierto punto, todos tenemos que tomar alguna decisión importante; y siempre he creído que la respuesta ante un problema era la misma para todos.
La buena decisión es siempre el chico moderado, inteligente, estudioso, trabajador…. Y la mala el tío salvaje de pantalones desgastados y camiseta de tirantes que te lo haría en cualquier parte.

La buena decisión es gastarse ochenta euros en unos zapatos básicos de temporada, la mala es gastarse quinientos euros en unos zapatos extravagantes, buenos, cómodos e imposibles de combinar. La buena decisión es siempre estudiar una carrera, la mala es no hacerlo…. O tal vez no, todo depende.

Yo tomé una buena decisión de doble valor, me matriculé en dos carreras a la vez. Y justo ahora, cuando estoy al límite y queda poco para terminar me arrepiento de mis excelentes decisiones. Ahora, en Navidad, cuando estoy de vacaciones haciendo nada en el sofá. ¿Es que no había otro momento? ¿No podría haberme arrepentido cuando entré en primero, cuando aún estaba a tiempo de dar marcha atrás? Por lo visto uno solo puede meditar cuando tiene tiempo libre…. Entonces, ¿nos conformamos con lo que tenemos, sin plantearnos nada sobre la vida que llevamos porque no tenemos tiempo libre para pensar en nosotros mismos? ¿O acaso es que sabemos qué hay que no nos gusta pero no hay tiempo suficiente para invertirlo en cambiar aquello que no nos gusta?

En realidad dudo que se deba al tiempo, pero con algo me tengo que desahogar. Lo que sí que está claro que uno de los mayores problemas que tenemos (y hablo tanto en general como en particular) es nuestra estúpida manía de resistir; de soportar, de aguantar, de mantener una situación que no nos gusta solo por miedo a que venga una peor.

martes, 5 de enero de 2010

Los Reyes Magos.

Me parece estupendo que los Reyes Magos tiren caramelos... pero, ¿que los recojan? ¿No estamos un poco mayorcitos?

lunes, 4 de enero de 2010

A cuatro metros, porfavor.

Hace un par de años oí algo así como que una persona al estornudar despliega sus virus cuatro metros a la redonda. Desde ese día cada vez que me cruzo con alguien por la calle que estornuda o tose evito respirar hasta pasados al menos los cuatro metros.
Es horrible cuando te pilla habiendo justo soltado el aire....

domingo, 3 de enero de 2010

2. Mi príncipe azul.

¿Qué pasa con los hombres? Solo tengo veinte años si, pero se supone que toca ya, ¿no? Estoy en la flor de la vida, llevo taconazos, el pelo largo y ondulado y tengo problemas continuamente. ¿Dónde está el príncipe que debería venir a salvarme? ¿No me toca ya?

Y diréis que aún soy muy joven. Y estáis en lo cierto, pero las películas infantiles no me han dicho lo mismo, la televisión no me ha dicho lo mismo, los libros no me han dicho lo mismo. Recordemos la bella durmiente, por ejemplo; o la sirenita, Cenicienta, Blancanieves…. ¿cuántos años tenían? ¡Rondaban los dieciséis años!

Se supone que las mujeres somos independientes, trabajadoras y que gozamos de la misma libertad que los hombres. ¿Pero es realmente así o sólo una fachada? La verdad es que no nos han criado para la independencia, nos han timado toda la vida. Lees una novela romántica y ya estás jodida. Y en el fondo anhelas un rescate. No importa el tipo, vale un simple gesto, como que te ayuden con una mudanza o que te acompañen a casa.

Cuando somos pequeños a ellos les preparan para ser príncipes y a nosotras para ser princesas. A ellos les regalan coches de bomberos, guerreros, espadas, pistolas… a nosotras disfraces de princesas, nos pintaban la habitación de rosa y nos daban modelos en miniatura y sus fantásticos complementos. ¿Pero de verdad es entonces una cuestión de educación? ¿o va en los genes?

Siempre me preguntaré qué habría hecho yo si los Reyes Magos me hubiesen traído un arco y unas flechas. ¿Habría jugado a ser Robin Hood? ¿O me habría convertido en Cupido? Por fortuna ya hay películas en las que ellas rescatan y ellos son los rescatados; por fortuna tenemos mujeres que apagan fuegos, que detienen delincuentes, que juegan al fútbol, que dirigen una empresa o un país. Por fortuna ahora ellos también visten de rosa, llevan pendientes y hasta van de compras. ¿Pero juegan con muñecas? Y nosotras, ¿tenemos juegos de guerra?
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