viernes, 22 de enero de 2010

Los cosméticos y los demás.

Cuando el año pasado iba vestida con pantalones anchos de colorines, collares hechos por mí y sandalias de piel de cabra muerta compradas en el rastro, le caía bien a la gente. Mi forma de pensar era la misma –tal vez más infantil, pero la misma al fin y al cabo- y a todos les “molaba” mi “rollito”.

Este año, llevo sandalias con un tacón de vértigo, vestidos híper cortos y me cuido el pelo más que antes. Ahora me miran mal.

En realidad no he cambiado nada, juro que la culpa es de las tiendas y revistas de moda. En serio. No es mi culpa que el año pasado se llevasen los looks hippies, country, boho….y que este toque el look ochentero –como leéis, vuelven las hombreras-.

Ahora me critican por utilizar cosméticos caros –en realidad no tanto- y la gente intenta hacerme sentir culpable por ello: “¿De verdad necesitas un jabón especial para la cara, un champú para cada día de la semana o una crema antiarrugas que debes poner antes de la hidratante y después de tónico?” Entonces es cuando digo: ¡A la porra! ¿Tanta importancia tiene? ¡Joder, me encanta!

He de reconocer que a veces, me invade cierto sentimiento de culpa, pero en mi defensa añado que:

1. El hecho de que me infle a comprar cosméticos me convierte en una comprometidísima ciudadana concienciada de la situación económica mundial, que ayuda a la reactivación de la economía desde su gasto particular.
2. La mayor parte de las féminas siendo niñas hemos jugado con cosas de mamá: Hemos partido sus barras de labios intentando pintarnos y en algún momento nos hemos untamos la cara con potingue naranja -dejando el cuello blanco como la vieve, por supuesto-.
3. Todo el mundo necesita tener una afición.

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