martes, 6 de abril de 2010

El acompañante.

Esta Semana Santa me he ido a Granada donde vive más de la mitad de mi familia sino casi toda. Tengo primos de mi edad y una hermana un par de años mayor que yo así que evidentemente todo pinta divertido.

Cómo no tiene que haber una reunión familiar, donde se juntan todos los individuos pertenecientes a la familia. Una barbacoa, perfecto. El viernes santo. A la mierda la barbacoa. Lo que iba a ser un festín de carne termina siendo una mesa llena de verde y pan -mucho pan- que quita el hambre. Yo encantada porque tengo que meterme en unos Levis una talla menos así que de momento no me quejo.

El problema llegó a la hora de repartirse los sitios. Por lo general Élmismoperomío nos sentamos con mis primas y hermana junto con sus respectivos. Esta vez él no vino así que a mi madre se le ocurrió la fantástica idea: "Bueno, como esta vez has venido sin pareja, pues te sientas con los solteros".

Es decir mi hermana pequeña -7años- mi prima pequeña -9 años- y el perro.

Menos mal que la verdura se come rápido y los comensales parecían tener prisa por levantarse y pasar rápido al pacharán.....

Reciclar.

Recilar. Eso que ahora se supone que está tan de moda. Eso que todos dicen hacer aunque en realidad sabemos que es mentira. Unos por pereza y otros porque en treinta metros cuadrados uno no tiene para tres cubos distintos de basura.

Aún así pues como que intentan convencernos....

O me diréis que las hombreras volvieron de verdad por gusto.... No es más que una forma más de reciclar, la ropa de tu madre, abuela, tía o la tuya propia de hace treinta años y que te daba pena tirar.

El caso es que hace unos días en un "guateque" que monté en mi casa, uno de mis amigos miró mi cantidad de revistas apiladas y me dijo: "qué desperdicio de papel".  La verdad es que no se me ocurrió otra excusa más que decirle que al menos, las conservaba, como si fueran libros.   

Hoy pensando me viene a la cabeza esa frase de: "El saber no ocupa lugar". Y una mierda. Yo tengo el baño, el salón, el comedor, la cocina, el dormitorio, el estudio, el armario... todo lleno de revistas. Además cada mes tengo que dejarme una pasta en comprar un arsenal de ellas -la verdad que con mucho gusto- y en momentos de crisis pues alguna con un artículo interesante sobre zapatos aunque sea de Septiembre del 2000 a una le sienta bien. Esto sí que es reciclar.
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