martes, 21 de diciembre de 2010

Que se mueran los feos II. La venganza.

Las segundas partes nunca fueron buenas pero mi relato es una excepción. De hecho deja por los suelos a la primera, que no era más que un intento de comedia para niños. Esta vez se trata de una película gore, en serio.

(Por cierto, una nota sobre el título. Se llama la venganza a secas porque no se me ocurría cómo llamar al vengativo… se aceptan propuestas, en serio… ¿se nota que no veo demasiadas pelis de miedo?)


El profesor de Élmismoperomío bien podría haber sido un Josh Holloway.

Bueno, allí estaba yo el sábado. La verdad es que ese día mi autoestima pegó un subidón. ¿Recordáis que os dije que la profe se marchaba a una boda? Pues trajo un sustituto. De hecho ese día también faltó el profesor de Élmismoperomío, que por cierto estaba buenísimo (el profe, digo). Rubio, ojos claros, deportista, gracioso… aaaainnnnss… Y a mí me tocó el profe en prácticas, que era simpatiquísimo (en serio, esto no va a mala leche)


El caso es que a pesar de que yo había sido la mejor del grupo ése día me llevé más correcciones que ninguno. “Termina de girar el tronco después de giro” (tocamiento de tronco) “deja el peso en la pierna de delante” (tocamiento de tronco) “Pesas demasiado poco tienes que ponerte totalmente recta para abajo sino, no bajas” (tocamiento de tronco) y “cuidado con los de atrás que te llevan por delante” (me coge de las manos y me baja un buen tramo mirándome a los ojos). ¡Ah! Añadir que cuando casi me caigo al bajar de la silla me abrazó y casi se cae conmigo. Vosotros si queréis podéis decirme que sólo veo lo que quiero y que en realidad lo que pasó fue que de verdad no terminaba de girar, no dejaba el peso donde debía, en realidad estoy mega-gorda y me embalaba y los de atrás no me esquivaban sino que me saltaban. También podéis pensar que en realidad él miraba la enorme verruga que tengo en la nariz y que yo me abalancé sobre él en la silla. Pero que sepáis que yo estoy del todo convencida de que ése estaba coqueteando conmigo.

Total que de pronto dejé de hacer las cosas tan mal y el profe me ponía todo el rato de ejemplo. Que si Cristina hace los giros perfectos, que si escucha cuando le hablan, que era un espectáculo, etc. Aquí fue cuando empecé a temer por mi vida. No por el profe sino por los demás; como siguiese diciendo lo perfecta que soy en voz alta mis compañeros iban a odiarme.

Por cierto que la chica atractiva no volvió. Una pena porque era bien… simpática.
Entonces llegó el domingo. Mi profesora volvió (sin resaca, por cierto) y la verdad es que nos metió bastante caña.

La pista estaba hasta arriba, jamás había visto tanta mierda en una nevera. Una gilipollas a la que le tengo muchas ganas casi me saca un ojo con un bastón de esquí. La muy subnormal sin tener ni idea se subió hasta arriba y se tiró en recto como si nada. Gritando iba haciendo que todos los que estábamos en “su camino” no sólo nos cagásemos en los pantalones sino también en todos sus ancestros. Esa nació sin permiso del universo y ahora el universo lo paga con los demás. No hubo sangre. Aunque personalmente nada me hubiese hecho más feliz que verla estampada contra una pared, atravesada con un esquí y con los bastones hincados en los ojos. Pero bueno quede complacida con el pollo que le montó mi profe.

Entonces mi profe nos contó que una vez a ella la arrollaron con una tabla de snow. Y tenía una herida… con puntos.

Justo dos minutos después el chico guapo casi me parte a mí en dos con su tabla. Hubiese sido bastante asqueroso. Porque a pesar de estar desangrándome habría tratado de matarle. Aunque me temo que casi me lo hubiese merecido… Os explico por qué.

¿Recordáis que os conté que nos caímos los dos en el mismo sitio por el hielo? Pues era verdad. Pero creo que él piensa que cayó por mi culpa y después de los halagos que recibí el sábado no pudo evitarlo más. Y tenía que vengarse.

Bueno, no lo consiguió. Y encima la profe le dio un par de gritos.

Por cierto el siguiente en caer fue el prepotente. Se metió una buena toña en la rabadilla.

La pareja sobrevivió. Aunque después de todo tuvieron que llevar a un amigo suyo que andaba por allí al hospital porque en una caída se le salió el hombro. No hubo sangre. No sé si hicieron el amor.

Creo que sobreviví porque la mala de película era yo pero nadie se dio cuenta. Me da miedo mirarme al espejo.






martes, 14 de diciembre de 2010

Que se mueran los feos.

El fin de semana pasado empecé un curso de snow en la nevera gigante que hay en medio de una estepa castellana. El primer día bien, mi rpofe, una chavala majísima, pareció sentirse satisfecha por los logros de algunos de los que estábamos en la clase, sobre todo de los míos.

No voy a alardear de lo bien que se me da, aunque podría hacerlo, sinceramente.

¡Qué coño! Se me da genial. Estoy hecha para el deslizamiento, ya sea sobre uno esquíes, cuatro ruedas, una tabla o mi culo.

El segundo día no obstante, fue más doloroso. Caerse de espaldas y dal un volteo para atrás con una tabla que pesa casi como yo inmovilizando mis pies y con cinco capas de ropa en plan cebolla (la verdad es que odio la expresión "ir como una cebolla", la usa todo el mundo y no sé porqué la relaciono inconscientemente con el mal olor) es jodido a la par que incómodo. Lo peor fue el momento en que mi gorro (blanco y con brillantitos, acabado en punta y con bolita arriba. Es monísimo y me queda de muerte) salió disparado pista abajo en tal caída y yo era incapaz de llegar a él... y tampoco creáis que allí alguien iba a echarme una mano. No por maleducados sino por falta de cierta competencia para el deslizamiento sobre la nieve.

El caso es que el segundo día, cada cuatro metros, entre caída y caída, pude observar cierto fenómeno que me resultó más que curioso. Mi grupo de snow cumplía a rajatabla el guión de una película de miedo americana. Veréis:

Tenemos siete personajes.
1. Chica joven, bastante atractiva. Está animadísima con el curso, desprende una energía que os aseguro es envidiable. Tiene toda la pinta de que está intentando demostrar algo.
2. Chico guapo, joven, con ropa de nieve chuli. El tío bueno, vaya.
3. Hombre de mediana edad. Majo pero un pelín prepotente. Dice que ha practicado cantidad de deportes y que antes de hacerse muy mayor y no poder, quería probar el snow. Personalmente no me creo lo que dice. Pienso que está ahí por que es incapaz de envejecer con naturalidad. Se cree un cahvalín.
4 y 5. Van juntos porque son la típica pareja pegajosa que hacen todo juntos menos el amor. Bueno, esto no lo sé, pero parecen ser algo puritanos. Creo que ella me mira mal cuando hablo con su mitad. Es rubia...
6. Profesora. Típica mujer menudita pero atlética y mona. La típica chica a la que las demás odian por hacer "cosas de chicos" de forma femenina. A mí me encanta.
7. Yo misma.

Bien, una vez descritos por encima los personajes ésto es lo que ocurre:

La chica 1 se cae. Tiene aguetas del día anterior y le duele todo. Se la ve desanimadísima y decide dejarlo.
El chico guapo y yo nos metemos una toña impresionante por culpa del hielo. Él no se levanta, parece que le ha dolido mucho. Yo me siento y hago inventario; me falta el maldito gorro. Le miro y le pregunto qué tal está. Me dice que: akds@ksdfj???? la muñeca. Me fijo en las mías. Estás infladas, como los tobillos de las señoras mayores. Me empieza a doler. Tengo que encontrar mi gorro. 

Voy en su búsuqeda y cuando me reincorporo al grupo el chico guapo ya no está. Caído en combate.

Bien, la chica guapa y el tío buenorro han desaparecido. Al final de la clase la profesora, que es la siguiente más guapa, dice que el próximo día no puede venir.

No sé si veis por dónde voy. Os voy a ser totalmente sincera: estoy acojonada.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Un coche, una mierda de perro y una caldera que explota. Más o menos...

Sigo aquí no he abandonado. He tenido una semana terrible enfadada con el mundo así que he evitado escribir para no herir sentimientos.

Todo empezó la mañana del domingo cuando andando hacia cierto maravilloso parque de Madrid con mi tabla de long pisé algo. Primero sonó como una corteza al crujir luego como una masa blanda y pringosa. Efectivamente, era una mierda de perro. Y era tan grande que casi me pringo hasta los pantalones. Me acordaré del desgraciado cretino del dueño de ese perro toda mi vida, en serio.

Por la tarde tenía ensayo con el grupo. Habíamos quedado en el local a las 19.00 horas. Élmismoperomío y yo salimos de casa tres cuartos de hora antes. A los cinco minutos el coche se quedó parado en una calle de un solo carril por donde pasa cierto autobús sin número denominado "la guarra" "camioneta" y que yo he apodado "apisonadora". Un Smart, vale. Yo no tengo el carnet así que Élmismoperomío tenía que quedarse al volante. Yo sola intento empujar el coche... cuesta arriba. Por muy pequeño que sea ese coche pesa un cojón y si encima dentro está tu novio el cual pesa dos veces y media más que tú es imposible. De pronto hay 20 coches detrás pitando y soltanto improperios a punta pala. Él ni si quiera se baja del coche, las explicaciones las doy yo. Dice que pasa de la gente, que se jodan.

Entonces llega la apisonadora con veinte tiarrones dentro. Entre las veinte personas de los coches que pitaban, los veinte del autobús, el conductor del mismo y los cinco que salieron de un bar para mirar a nadie se le ocurrió lo que hubiese sido una brillante idea: ayudarme a empujar el coche. No, de hecho tuve que llamar a mi madre por teléfono para que viniese ella a echar una mano. Élmismoperomío y yo empujamos ellas conduce. De pronto los coches descubren que pueden tirar por otra calle para llegar a su destno. Una tía me confunde con cierto autobús si número (con el primero de sus apodos para ser exactos) y una vez la zona parece despejada un gilipollas (lo siento pero no hay más palabras) viene a toda pastilla hacia nosotros y para en seco justo dentrás de mi trasero. Ese día perdí tres kilos.

No, no llegamos a tiempo al ensayo. A veces salir antes no aporta nada.

Después llegó el lunes. Ya por sí sólo es un día malísimo. Andaba yo con mis converse y pisé un enorme charco. Por algún motivo que desconozco mis pantalones cuado se mojan un poco en el bajo acaban chupando agua hasta las rodillas. Así que me pasé el día entero mojada. (Me juego lo que sea a que mañana llega uno a mi blog buscando algo con "mojada" que no es precisamente el sentido que yo le quiero dar ni por asomo, pero así funciona internet). Además la sala de baile donde trabajo se inundó porque la caldera estalló así que tuve que mudarme al teatro con veinte niñas de 6 años detrás de mí. Me da miedo que se tiren al vacío y tuve que cambiar toda la programación.

El martes me desperté con un tirón en el cuello que no me permitía mover la cabeza hacia ningún lado. Y el miércoles ante mi ansiedad, me gasté una friolera cantidad de compras. Además me he gastado una pasta entre tabaco y golosinas. Yo nunca he sido golosa (otra palabra de estas y tendré que poner límite de edad para leer mi blog) pero esta semana tenía la necesidad de inflarme a azúcar y grasas saturadas.

Hoy me voy de viaje. Y mañana a Sierra Nevada ¡por fin!.
Rezad por mí...
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