miércoles, 31 de marzo de 2010

¿La relación perfecta?

Tengo un par de amigas cuya relación es perfecta. Sus respectivas parejas son hombres de buen ver, estilosos, inteligentes, deportistas, detallistas, divertidos.... lo tienen todo y además lo usan a la perfección en su relación. Mis amigas son tan felices con ellos que cada vez que hablan de los viajes, las sorpesas -o viajes-sorpresa-, los regalos, las palabras o cualquier cosa de su relación las demás acabamos con una percepción muy distinta de nuestras propias relaciones. A veces surgen preguntas: "¿Cómo es posible que no haya caído yo en eso?, ¿porqué mi novio no es tan detallista?, ¿de verdad eres capaz de hacer esa postura?" A veces surge cualquier sonido que hace ver que no sabemos qué decir o que demuestra admiración: "Ohh.., ah..., wow..., uff!" y en otras ocasiones asoma la cabeza de la envidia de cualquier forma: "Ya, claro, ja!, sí hombre, ni de coña, mentirosa, cuanto más grande sea el regalo mayor culpabilidad, eso es porque estáis al principio de la relación...." Pues no señor, una lleva tres años y la otra dos. Les tenemos una envidia asquerosa pero también inevitable. La envidia de algunas es sana, la de otras no, desde luego, pero afortunadamente este -aún- no es mi caso.

El caso es que a este tipo de amigas de relación perfecta se les ha denominado revienta-relaciones, destroza-relaciones, cabronas y un millón de cosas más que no necesitan mención. Así que el otro día mientras charlaba animadamente con Elmismoperomío salieron en conversación unas cuantas parejas entre ellas las de mis dos amigas. Yo le dije a el con mucha tranquilidad que en concreto el novio de una de mis amigas debería dar un curso sobre cómo ser un buen novio  -tendría el éxito mundial garantizado-. Hablamos de la perfección de su relación pero Elmismoperomio hizo una reflexión increíble. No sé qué habría bebido ese día pero fue de veras, impresionante, el momento de mayor concentración de sangre que tuvo en el cerebro desde hacía un par de décadas por lo menos. Hablando de una de las parejas, ella veinticinco, él vientiséis, ambos guapos, inteligentes y pudientes.... dice (cuidado que va):
"Lo que le pasa -refiriéndose a mi amiga- es que tiene una autoestima de mierda y no puede creerse que un tío así quiera estar con ella, se siente tan insegura con respecto a lo que él siente por ella que no han pasado la primera fase de la relación, en realidad, por muy perfecto que te parezca todo en esa pareja, no es más que una relación estancada y asentada en la inseguridad por lo que aún viven en esa fase de romanticismo en la que cualquier detalle que te demuestre que el otro te quiere es suficiente para pedirle que se case contigo o para al menos devolverle el favor, ya sea con una noche entera de sexo o regalándole un viaje. Desde luego que ella no es la única culpable, a él le pasa algo parecido solo que desde su perspectiva de hombre, que ya sabes cuál es".

Toma ya. Pues la pareja que llevaba dos años lo ha dejado. Se que la otra no va hacerlo pues según la teoría de Elmismoperomío el problema está en la inseguridad y por lo menos ella no es de esas....

Bueno, ya sabíamos que no es oro todo lo que reluce....

lunes, 29 de marzo de 2010

La Cenicienta que no quería comer perdices.

http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lacenicientaquenoqueriacomerperdices.pdf

Un cuento que leer....

Divorcio.

Sarindi y Saruni, una pareja de cisnes del santuario de aves de Slimbridge se han divorciado. ¿Los cisnes se divorcian? Por lo visto sí.... de hecho, llegaron de su migración con nuevas parejas, ya han rehecho su vida y todo.

Se están volviendo inteligentes....

Traductores....

Tengo ahora mismo puesta la tele, en concreto Popular TV Madrid. Están televisando la celebración en el Vaticano previa a la jornada mundial de la juventud. No voy a meterme en temas de religión, me niego, sino que me voy a meter con el traductor.

El cantante Nek ha dado un testimonio precioso pero el señor traductor no ha traducido ni la mitad, es más lo que ha dicho se lo ha inventado. Ha sido incapaz de traducir bien una sóla pregunta de la presentadora y por lo tanto las respuestas tampoco tenían mucho que ver con la realidad.

Voy a hechar mi currículum en esta televisión como traductora de italiano. Es que no sabéis hasta qué punto llegaban las burradas....

viernes, 26 de marzo de 2010

El campamento.

Hoy voy a contar una terrible experiencia que tuve en mi primer campamento. Es una anécdota dolorosa y vergonzosa donde las haya…. Si alguno de los allí presentes lee esto, por favor, recuerda mi cara en aquél momento antes de reírte.


Mi primera gran experiencia con el campo la tuve a la edad de trece años. En plena adolescencia, con la sangre dulce como decía mi novio de entonces –era un romántico- y el trasero del tamaño de una bola de Pilates.

Los dos primeros días fueron geniales, arañas patilargas por toda la tienda y chicos que iban y venían por las noches. Todo estupendo, hasta que le vino el periodo a una de las siete chicas con las que compartía la tienda. Horror, desgracia, maldición, conspiración hormonal: el resto de mis compañeras se contagió ¿será posible?

La sangre tuvo que atraer a todos los millones de bichitos con capacidad para picar en un kilómetro a la redonda. Desde aquél fatídico día me levantaba con moratones de las picaduras, se me irritaba la piel de rascarme y encima me pillé un catarro alucinante. Me picaron tanto que cuando ya no quedaba ni un milímetro de piel en que alimentarse, tuvieron que buscar otro lugar donde picar. Así que una noche en la tienda de campaña mientras me daba los primeros besos con mi romántico noviete de campamento, una araña me picó en un ojo. Zorra, no tenía otro momento para hacerlo. Entre llantos me lavé el ojo y me planté medio tubo de pomada epitalizante en el ojo, pomada que mi madre metió en mi mochila y que no pensé que utilizaría.

Total que entre la picadura, que me dejó el ojo rojo e hinchado y el estado de mi cara debido al catarro –una herida en la nariz por irritación, labios cortados y unas ojeras como el Gran Cañón- casi hasta me beatifican.

Pero lo peor está por llegar. Alrededor del séptimo día tuve El Percance. Tranquilamente por la mañana fui al baño antes de desayunar. Lavado de cara, pipí, cepillado de dientes, peinarse, lo que viene a ser el ritual femenino de cada mañana de una adolescente. Crucé medio campo y bajé la cuesta que daba a parar al “comedor”. Me siento y empiezo a servir el desayuno para mí y una amiga que estaba a mi lado. Le doy un sorbo al cola-cao y de pronto un pinchazo casi-en-la-zona. Me atraganto, toso, me ahogo y mientras, otro pinchazo un poco más abajo. Me levanto medio encogida, me miran, alguno se asusta, un monitor intenta hacerme la maniobra para sacarme lo que sea que me esté ahogando. Dejo de toser pero los pinchazos siguen. Cada vez más fuertes y con mayor frecuencia. Intento correr hacia el baño. Subo a duras penas la cuesta en la que tropiezo y por supuesto me jodo las rodillas –unas dolorosas heridas cuyas cicatrices aún presentes me recuerdan este fatídico momento de mi vida-, cruzo el campo, mi amiga me sigue a lo lejos. El monitor mira desde la lejanía preocupado. Llego al baño, me encierro, me bajo el pantalón y lo veo.

Una hormiga roja tan grande como mi trasero de entonces ¡Ahí metida! Desde ese día siempre que voy al baño observo detenidamente lo que hay en él, por si acaso… Y desde luego que no volví a bajarme los pantalones en el campo.

jueves, 25 de marzo de 2010

Cosas de niños III.

Examen de Geografía. 6º de primaria:
Mapa físico de Europa. ¿Sabíais que en Europa hay una Península Americana?

lunes, 22 de marzo de 2010

En un bar.

Mientras esperaba a una amiga en un bar de mi barrio, lugar peligroso para encontrarse a algún conocido, estoy bebiendo un café y fumándome un cigarro y efectivamente, puntual se me acerca mucho uno que me desnuda con la mirada y al que al cabo de un buen rato le digo: “¿hola?” . Sigue mirándome como buscando algo en mi cara, me señala y me pregunta: perdona pero tú, ¿eres tú? En este punto de la conversación ya me siento como en otro mundo, en una realidad paralela en la que he perdido la memoria en un accidente de tráfico y no reconozco a nadie…. Bueno, supongamos que soy María del Carmen Ortiz Cubo, ama de casa, divorciada con dos hijos. Si, efectivamente, soy yo, María del Carmen Ortiz Cubo soy yo, claro. Así que bajo la mirada de todo el bar le respondo: “Sí mira, te juro que yo, soy yo”.


Se queda pensado mientras me hace un repaso de arriba abajo. Me dice “te recordaba más alta”. Se me cae el cigarro al suelo, la camarera al otro lado de la barra se ríe y le pregunta si quiere algo. Él no responde, me sigue mirando con cara rara como si no terminara de reconocerme, como si fuera yo la que hubiese empezado la conversación. Le respondo: “Siento que te hayas llevado tal desilusión pero esta es mi estatura de siempre”.

Se gira, parece que se va a ir, que ha comprendido que no me conoce. Yo miro a la camarera que sigue ahí mirando. Se acerca el camarero con gesto de “por si acaso” observando con interés al hombre. De pronto se gira y me pregunta: “Bueno y, ¿qué haces aquí?”. Pienso, ¿de qué coño conozco yo a este tipo? Contesto: “Partiendo de que en alguna parte debo estar, si hubieses observado lo que estoy haciendo de la misma forma en la que me has mirado de arriba abajo, te habrías dado cuenta de que me estoy bebiendo un café mientras me fumo un cigarro”. Los camareros se ríen y la pareja de ancianos de al lado también.

El tío de repente parece como que sale de un sueño profundo y me dice: “¿Nos invitas a una copa?”. Los allí presentes se ríen conscientes de la situación pero yo me asusto. Y es que a menos que estemos ante una persona con un problema de carácter gramatical, que no importaría demasiado, si el problema es de personalidad múltiple pues sinceramente, me veía un poco en la mierda. Me quedo callada y un hombre cuarentón con una buena panza y con la facha de alguien que se pasa su vida entera en un bar le dice: “Claro”.

¿Conspiración?

El rarito me mira, yo le miro a él y me dice: “Venga”. Bueno, en vista de que el otro parece dispuesto a invitarle a algo le digo: “Para poder invitarte a algo necesito cómo mínimo, saber qué quieres”. Me mira, le miro y me contesta: “Pensaba que eso ya lo sabías”. “Vale, siento muchísimo darte la segunda atroz desilusión en tan pocos minutos pero hoy, la vidente portátil me la he dejado en casa”.

Él suspira y con cara de “¿tengo que pensarlo todo yo?” va al camarero y le pide un whisky doble. El camarero me mira, yo le miro y le digo que no pienso invitarle. El hombre cuarentón hace un gesto de aprobación y le dice “Sírveselo”.

El rarito coge la copa vuelve a mirarme, yo le miro a él y me dice “Venga”. ¿Venga qué? Pienso yo, y como si me hubiera leído el pensamiento dice: “Invítame”. “Creo que te va a invitar él” digo, señalando al cuarentón. “Además, para poder invitarte necesitaría en primer lugar y como mínimo saber quién eres y en segundo lugar dinero para poder pagarlo”. El tío con un movimiento brusco se gira hacia el cuarentón le da la mano y le dice: Luis, encantado, gracias por la copa. En ese momento –gracias a Dios, al fin- llega mi amiga. Entre saludos y besos no me doy cuenta de lo que ocurre pero cuando me doy la vuelta el rarito y el otro están teniendo una charla bastante amena. ¿De verdad necesitaba darme el coñazo a mí para ligar con el otro?

Dependientas....

El otro día se me acabó la crema de la cara, esa que una se pone debajo del maquillaje. La verdad es que la que había estado utilizando me iba bastante bien pero como soy una zorra con las marcas quería probar algo nuevo y que a ser posible, venga en un tarro bonito –y ya si regalan una bolsa de la marca en miniatura, mejor que mejor-.


Entré en El Corte Inglés –van a tener que pagarme por hacerles tanta publicidad, ¿o eso también lo cobra la SGAE?- y entré en el campo de batalla, la sección de cosméticos. Cuando conseguí esquivar los balazos de colonias baratas y mega ofertas de cremas que te destrozan la cara, al fin vi a una dependienta libre y sin muestras. Estaba de espaldas por lo que sólo podía ver un uniforme horrible y una coleta mal hecha.

“Perdone” digo, con voz de buena persona. Se da la vuelta y veo a Amy Winehouse versión La Cañada Real. A eso añádele tres piercings, roña en el cuello y un postizo evidente.

Intenté no dejarme engañar por las apariencias así que le pregunté por una crema apta para mi tipo de piel: seca, mate y cetrina. Me mira de arriba abajo y me pregunta qué es lo que quiero. Perpleja le vuelvo a explicar que quiero una hidratante que utilizar antes del maquillaje que no sea muy grasa. Me mira, le miro, me hace un repaso de arriba abajo y me dice: “sí”.

Nos quedamos así lo que parece una vida hasta que me pregunta: “ya, pero qué crema quieres”. Me quedo perpleja: “Bueno, lo que quiero es consejo”. Me mira, la miro y me dice: “¿Consejo? De esa no tenemos en esta marca, pregunta en otro mostrador”.

¿Me estaba vacilando? ¿Era nueva? ¿O gilipoyas?

domingo, 21 de marzo de 2010

Cosas de niños II.

Examen de Conocimiento del Medio. 6º de Primaria.
Define ONG:
- Organización Nacional para la Ganaderíaa.
- Organización Nacional de ayuda a la Gastronomía

martes, 16 de marzo de 2010

Lo que puede hacer un simple pantalón.

Adoro los pantalones. Me gustan de cualquier tipo. Pero tengo un problema con una de las formas de pantalón; los largos campanas o rectos. Y es que es desquiciante ponerse unos pantalones con unos zancos de doce centímetros y seguir arrastrándolos.

Esto viene por algo concreto que me pasó el sábado pasado. Iba a una fiesta de cumpleaños en un bar de Tribunal. Para la ocasión vaqueros con boot cut, camiseta y botas de piel y madera. Hasta ahí todo perfecto.

Lo malo fue que al salir de casa empecé a notar que sólo se escuchaba uno de mis pies al andar. Y eso ya me molesta. Si hubiese llevado prácticamente cualquier tipo de zapato de tacón habría sido preocupante porque eso es que o he perdido uno o se me ha desgastado una tapa. Pero es más precupante aún cuando llevas botas con un tacón tan ancho como un puño.

Me miran y me siento ridícula, incluso parece que ando coja. Me asomo para ver mis talones y veo que voy arrastrando y pisando unos veinte centímetros de pantalón.

Aquí es cuando mi nivel de rabia se dispara y me acuerdo del tiempo perdido cosiendo el bajo, poniendo imperdibles y haciéndole un agujero más al cinturón.

Es lo que tiene ser bajita, que las rodilleras te llegan por los tobillos y los bajos acumulan mierda primero y se rompen después....

¿Pantalones bonitos para las bajitas?

domingo, 14 de marzo de 2010

Mi foto perdida.

Acabo de recordar una anécdota curiosa de hace unos cuatro o cinco años. Yo no era más que una adolescente sin acné pero con mucha tontería y un pavo tan grande en la cabeza que tenía vida propia.
Paseando por Granada con una amiga y una prima se nos acercaron tres guiris con sus sandalias y calcetines aunque muy fashion. Uno de ellos iba cargado con una cámara de fotos tan grande como las tetas que por entonces me hubiera gustado tener. También llevada un trípode pero evidentemente solo me fijé en la cámara.
La mujer guiri nos preguntó si nos importaba que nos hiciese una foto no sin antes comentar que era un fotógrafo muy famoso. La respuesta era obvia, si, of course, por supuesto, cómo no, yes, yes, yes....
No recuerdo exactamente en qué parte de Granada estábamos, pero sí el fondo de la foto. Una tienda cerrada con la puerta llena de graffitis. Unas ancianitas que había por allí empezaron a gritar: "¡Niña! que no te haga la foto ahí que eso é' mu' feo!" Yo ni me moví del sitio donde me colocó el fotógrafo pero mi amiga le dió la razón a las señoras y empezó a quejarse. Los pobres guiris no entendían nada de lo que mi amiga les decía y nosotras con nuestro cutre-inglés tampoco les entendíamos a ellos.
Después de un buien rato de escándalo, quejas, "oh my god", "pero por Dió" etc., mi amiga accedió a ponerse en su lugar y dejarse hacer la foto de una puta vez.

Pobre fotógrafo.

Y ahora que me acuerdo de esto me arrepiento no haberle preguntado a ese fotógrafo al menos su nombre. A lo mejor mi cara ha estado expuesta en una galería de arte londinense y no lo sé. A lo mejor mi look de aquélla época ha sido criticado y no he tenido oportunidad de defenderme alegando mi ataque de locura transitoria por el viaje y las hormonas adolescentes.

A lo mejor era Scott Schuman y le gustó nuestro look. Tal vez mi foto haya estado colgado en The Sartorialist o algo parecido y no lo sé. Una pena.....

miércoles, 10 de marzo de 2010

No cuaja.

Tras una larga temporada -una semana y algo- sin postear hoy solo voy a escribir una mierda de entrada. Tuve un virus informático, algo que jamás he entendido y que con el tiempo, tampoco entenderé.
Además llevo un par de semanas sin conversaciones del todo inspiradoras y por lo tanto no tengo ideas que terminen de cuajar.

Necesito una copa, a mi mejor amiga y a mi amigo gay. También me hace falta sexo, un masajista y un armario más grande.
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