domingo, 29 de agosto de 2010

London II.

En Londres conocí gente de muchos países… coreanos, japoneses, franceses, alemanes, chinos, rusos, croatas, estadounidenses, italianos, marcianos…. Pero los que más me han sorprendido han sido sin duda, los ingleses (los rusos también tienen lo suyo, tal vez les dedique un post entero…)

Todos sabemos que los ingleses son very very polite (“muy muy educados” para los de LOGSE). Lo primero que me llamó la atención fue el silencio en el transporte público. No me refiero a que no hablaran (que también) sino a la ausencia total de chonis, bakalas, chuletas, bermellonas (¿¡o era merdellonas?!), etc. dando por saco con un móvil “a toa’ pastilla” con alguna canción de letra soez.

Al contrario que nosotros, los ingleses conducen por la izquierda (motivo por el cual, casi muero en varias ocasiones) aunque eso todos los sabéis. Pero este es un tema de gran importancia para la cotidianeidad, sobre todo si vas en metro. Yo, madrileña (no de pura cepa, supongo que el hecho de que no me gusten los madroños algo tendrá que ver) en Madrid, conduzco por la derecha, en metro voy por la escalera de la derecha y me pongo en el lado derecho de la misma. Es un razonamiento completamente lógico, no tiene pérdida, ¿verdad? Pues en Londres no funciona así. En Londres da igual en qué lado de la escalera me colocara siempre venía un inglés por detrás a decirme si “could you make way, please?” (Para los de LOGSE ¿Podrías apartarte, por favor?). Con sonrisa y voz aguda medio cantada con una nota especial al final parecida a un LA sostenido. Qué derroche de buena educación casi hasta me atraganto. No me acostumbré a eso; los españoles chistan y ale, ¡a quitarse! Los ingleses tienen que ir siempre más lejos y en cuestiones de lenguaje no se van a quedar cortos. Un inglés dice algo así como: “¿Could you be so nice to serve me a beer, please? (¿Podrías ser tan amable de servirme una cerveza, por favor?) Si es que estos ingleses se complican demasiado… no como los españoles, que somos gente sencilla donde las haya y decimos: ¡Una caña!

Luego está su amor por los tejidos atrapa mierda y polvo que ponen por todas partes. Desde la moqueta (muy asqueroso, sobre todo en una residencia de estudiantes que yo me sé...) hasta los asientos del metro. De verdad que no entiendo que con lo tiquismiquis que son para unas cosas sean tan “no-sé-cómo-llamarlo” para otras. ¿Es que no saben de la existencia de la tarima flotante? ¡Eso es calentito y mucho más limpio! Pero qué va, la moqueta con su quinta dimensión es mucho más interesante, dónde va a parar (y en esa quinta dimensión deben de estar los cuatro pendientes que perdí y el nido de tijeretas de la resi… ya hablaré de esto más adelante).

Me llamó también mucho la atención el tema deportes. Allí todos estaban convencidos de que iban a ganar el mundial aunque no les importó que ganara España. También estaban convencidos de que ganaría el de Rugby (no puedo evitar imaginarme a sus jugadores de rugby bebiendo té en el descanso), Wimbledon, el mundial de baloncesto, el Tour de Francia y el de cricket. Pobrecitos. Se inventan los deportes, crean unos reglamentos que necesitan profesionales para aprendérselos y luego pierden a todo.

Esta es mi mejor foto.
A lo que no pierden nunca es al binge drinking. La verdad que no sé cómo traducirlo al español exactamente (¿Por qué os creéis que me he ido allí un mes? Para aprender todo el inglés que no aprendí en el cole, que a mí me pilló la LOGSE). Debe ser algo así como juerga bebiendo, parranda… aunque en verdad eso consistía en machacarse el hígado. Vaya una carrera a ver quién se ahogaba con su propio vómito antes. Eso sí, he de decir, que hasta el momento en que caían al suelo, tenían una presencia ejemplar: sentados de perfil a la barra, un brazo sobre su pierna, perfectamente colocada en la barra del incómodo y cojo taburete (habría algo en la moqueta) y la otra encargada de agarrar la jarra de cerveza (a tener en cuenta, una jarra de cerveza allí es una litrona de aquí). Y sin levantar si quiera el codo de la barra, a tragar.Y eso hasta caer al suelo ya con el coma y decirle a su contricante con voz ronca y profunda: "hey guy! this is just the tipsy" (¡Hey tío! sólo estoy con el puntillo)

A los ingleses les gusta llamar a las cosas por su nombre e igual que los esquimales tienen mil formas para denominar la nieve, los ingleses tienen mil nombres para las patatas, aunque mi escasa memoria perjudicada por el sistema educativo de este país sólo recuerda tres: chips (las de toda la vida que acompañan a los filetes), las fries (Son las patatas francesas, tan impopulares como su país de origen) y las crisps (como las Lays, que allí se llaman Walkers y que no sé porqué cada vez que veía una bolsita me acordaba de Chuck Norris…)

Y bueno, por hoy basta que si no me va a quedar demasiado largo…

miércoles, 25 de agosto de 2010

El matrimonio y algo parecido a volver.

Que actualice no significa que haya vuelto oficialmente. Sólo es que el sol, el mar y la piscina me han dado una tregua y por un día me dejan descansar...

Desde antes de irme a Londres y por algún motivo (que sé, pero que de momento no puedo contar) el matrimonio me ronda la cabeza..Y justo en este oportuno momento una amiga me dice que se casa. Supongo que pensaréis que es lo más normal del mundo pero para mí es una de las mayores desgracias que puedan ocurrir: otra baja más en el frente fiestero.

La hemos perdido ya y eso que aún no se ha casado. Se ha convertido en monotema, sólo habla de flores -para colmo margaritas, algo que no me entra en la cabeza,  todo el bmundo sabe que las margaritas huelen a mierda- de comida -"no me decido con esto del menú, no sé si las almejas al cava o la  boulliabaise" (como si supiera lo que es...)- y lo peor, el vestido. Por que la novia tiene que estar más guapa que nunca, claro. Todos los milagros que no conseguiste con dieciocho años tienes que conseguirlos ahora. Bueno, está de suerte porque sólo tiene veintitrés. Y quedan dos meses para la boda. Y yo me enteré ayer. Creo que ha sido falta en el área, penalti y gol.

Odio que mis amigas se casen. Conste que no tengo nada en contra del matrimonio en general, sólo en particular. Es decir, que jamás podría ser felíz casada, lo que no significa que piense que los demás no puedan serlo; pero para mí el matrimonio es un invento de Dios para ver hasta qué extremo pueden llegar dos personas en su empeño de hacerse la vida imposible.

Por otro lado me encanta aspirar a él. Es como algo idílico que está muy arriba y que es perfecto pero detrás del cual para mí (insisto, para mí, no me vayáis a comer los felízmente casados) no hay nada más que una pendiente hacia abajo sin una sola piedra donde quedarse agarrado. Sólo vería decadencia. Y eso no me gusta.

Conste que, la despedida de soltera de mi amiga, la organizo yo.

Volveré con historias de Londres en poco tiempo, lo prometo. Disfrutad de las vacaciones los que aún podáis.
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