domingo, 10 de enero de 2010

Resistencia.

Siempre he creído que llegado cierto punto, todos tenemos que tomar alguna decisión importante; y siempre he creído que la respuesta ante un problema era la misma para todos.
La buena decisión es siempre el chico moderado, inteligente, estudioso, trabajador…. Y la mala el tío salvaje de pantalones desgastados y camiseta de tirantes que te lo haría en cualquier parte.

La buena decisión es gastarse ochenta euros en unos zapatos básicos de temporada, la mala es gastarse quinientos euros en unos zapatos extravagantes, buenos, cómodos e imposibles de combinar. La buena decisión es siempre estudiar una carrera, la mala es no hacerlo…. O tal vez no, todo depende.

Yo tomé una buena decisión de doble valor, me matriculé en dos carreras a la vez. Y justo ahora, cuando estoy al límite y queda poco para terminar me arrepiento de mis excelentes decisiones. Ahora, en Navidad, cuando estoy de vacaciones haciendo nada en el sofá. ¿Es que no había otro momento? ¿No podría haberme arrepentido cuando entré en primero, cuando aún estaba a tiempo de dar marcha atrás? Por lo visto uno solo puede meditar cuando tiene tiempo libre…. Entonces, ¿nos conformamos con lo que tenemos, sin plantearnos nada sobre la vida que llevamos porque no tenemos tiempo libre para pensar en nosotros mismos? ¿O acaso es que sabemos qué hay que no nos gusta pero no hay tiempo suficiente para invertirlo en cambiar aquello que no nos gusta?

En realidad dudo que se deba al tiempo, pero con algo me tengo que desahogar. Lo que sí que está claro que uno de los mayores problemas que tenemos (y hablo tanto en general como en particular) es nuestra estúpida manía de resistir; de soportar, de aguantar, de mantener una situación que no nos gusta solo por miedo a que venga una peor.

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